Emprendedores

10 minutos con Galia Moss

La primera velerista latinoamericana en cruzar el Atlántico en solitario es un ejemplo para los emprendedores.
10 minutos con Galia Moss
Crédito: Depositphotos.com

El emprendedor mexicano tiene un gran ejemplo a seguir en Galia Moss, la primer velerista mexicana y latinoamericana en cruzar el Atlántico en solitario, y sólo en 41 días. Su pasión por el deporte no ha sido su única empresa: también se dedica al altruismo, escribe un blog sobre viajes (www.galiamoss.org/es/blog) y tiene un libro publicado. Ahora está trabajando en su próximo reto: cruzar el Golfo de México, el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo en 65 días.

¿Cómo abordaste un desafío tan grande como cruzar el Atlántico?
Mi meta era imponer una marca igual que la de los deportistas a los que admiro. Mi experiencia como velerista era poca, pero la determinación sobre un objetivo –ser la primera mexicana en cruzar el Atlántico en solitario– me impulsó. Tengo dos máximas: ser perseverante y nunca dar pretextos. Por supuesto, la disciplina lo es todo, antes, durante y después.

Previo al trayecto, lidio con la necesidad de ser empresaria, administradora y experta en vender mi imagen. Ya en la travesía todo apunta a la perfección, por eso tengo una rutina estricta para garantizar el buen manejo de imprevistos. Tras el viaje, hay que hacer mercadotecnia. El rigor es equivalente al de un negocio normal.

¿Cómo conseguiste patrocinios?

En México es más fácil vender futbol que una travesía en velero. Al principio ni yo misma compraba mi concepto: no sabía ofertarlo. Así que leí revistas de negocios y biografías de grandes empresarios: aprendí a pensar como ellos, a convencer.

Mis presentaciones anteriores, largas y detalladas, se transformaron en documentos concretos y sintéticos. Fueron años de citas y reuniones, y es normal, ya que para ganar hay que invertir y asumir funciones no planeadas.

¿Qué tipo de funciones asumiste como empresaria?
De todo tipo. Al principio todo eso me atribulaba, porque yo sólo quería estar en el mar. Aun así me volví mi propia directora creativa y mi asesora de imagen.
Conforme aprendí a distinguir las expectativas de los empresarios, fui desarrollando habilidades que me permitieron hacer relaciones públicas. Me vestía como siempre, pero adaptándome al ambiente. Elaboré mi propio pitch de ventas, mi esquema de trabajo, mi calendario de actividades y, además, aplicaba management: me motivaba a mí misma.

No es que uno tenga que ser todólogo, pero al principio, en mi carrera, es muy importante entender todos estos aspectos, ya que vender un proyecto deportivo requiere de mucha astucia. No basta con ser bueno en lo que haces: tienes que diversificar tus actividades y generar estrategias para convencer a quienes tienen el dinero.

¿Has deseado dedicarte a otra profesión?

Sí como algo alternativo, pero jamás, jamás, abandonaría el velerismo. Es algo que me apasiona. Creo que alguien que se dedica a cosas que no le apasionan, condena al fracaso sus actividades. Si vas a poner una dulcería, un taller mecánico o vas a escribir un libro es lo mismo: debes sentirte como en casa cuando lo haces. No importa si haces otras cosas: no puedes abandonar aquello que te da las energías de seguir viviendo.

Por supuesto que me encantaría hacer algo más por el mundo desde mi profesión. Por ejemplo, tengo un proyecto a largo plazo de una escuela de educación musical –originalmente yo estudié Composición Musical– para niños que carecen de los recursos que les permitan acceder a esta carrera.

Las labores altruistas son algo que forma parte integral de mi proyecto deportivo, y está presente desde el primer viaje que emprendí. Fundación Televisa, Un Kilo de Ayuda y todos mis patrocinadores, participan de alguna actividad filantrópica.

¿Cuál es tu definición de un emprendedor?

Es una persona que no se impone límites y que sí conoce sus alcances, que busca soluciones a las dificultades a las que se enfrenta y que crea estrategias para superarse.

Hoy, cualquiera alrededor del mundo tiene los mismos retos. Por eso no se vale quejarse de las circunstancias nacionales y pretender que no hay oportunidades, ya que éstas se encuentran si se buscan, no aparecen por arte de magia. Las puertas sólo se abren si se tocan hasta que haya una respuesta.