Emprendedores

Descubriendo el hilo negro

Con talento, dos emprendedores hicieron de la magia una herramienta de comunicación para clientes corporativos.
Descubriendo el hilo negro
Crédito: Depositphotos.com

La mayoría de los emprendedores coincide en que todo negocio parte de un sueño. El de Víctor Castañeda fue convertirse en un mago profesional desde los 11 años, cuando asistió a un show del ilusionista David Copperfield. “Me hizo sentir algo que yo quería hacer sentir a los demás”, dice. En tanto, Allan Poumián disfrutaba de niño de una grabadora con micrófono y casetes con los que jugaba a crear programas, historias y personajes. La magia también era su hobby.

El destino quiso que Víctor y Allan se conocieran mientras estudiaban la carrera de comunicación en la Universidad Anáhuac del Sur, en la Ciudad de México. Al coincidir en el laboratorio de medios, se dieron cuenta que tenían gustos similares. Víctor ya había realizado un show de magia e ilusionismo que fue bien recibido por sus compañeros de escuela. Por su parte, Allan organizó un concierto de Nicho Hinojosa en el campus e hizo la campaña de promoción –que incluso, recibió un premio como el mejor evento de la gira–.

“Nuestro negocio surgió cuando dos personas –Allan y yo– reunimos lo que más nos apasiona en la vida para crear Imagic Group, una empresa que aplica la magia como una herramienta estratégica de comunicación. A través de ella, se pueden hacer presentaciones de mercadotecnia, lanzamientos de productos o eventos corporativos de nuestros clientes”, explica Víctor, quien hoy ocupa la dirección general de la firma.

Los primeros retos

En 2003 llegó la gran oportunidad para los jóvenes emprendedores cuando pidieron a las autoridades universitarias realizar un espectáculo multimedia con magia y participación del público. El escenario sería el auditorio de rectoría, bajo el marco de la posada de fin de año. El objetivo era montar un show de magia pero sin mago. “Y, sobre todo, que inspirara a los estudiantes para que vieran que se pueden hacer bien las cosas con lo aprendido en las clases de producción, televisión y post producción”, afirma Allan. 

Antes de armar el show, buscaron un concepto atractivo. Frente a este reto, Allan le dijo a Víctor: “no vamos a encontrar el hilo negro”. Esto se les quedó muy grabado y comenzaron a preguntar a varias personas el significado que tenían con respecto a esta frase. Finalmente, notaron que cada quien tenía su propia interpretación. Al haber tanta controversia, decidieron que así se llamaría el espectáculo y, de esta manera, también involucrarían al público para descubrir –junto con ellos– de dónde salió el hilo negro.

Además, fue la primera vez que se fondearon para producir un espectáculo. Para ello organizaron una rifa para ganarse un reproductor de DVD, a fin de reunir los $7,000 del costo de producción. Esta estrategia tenía un doble propósito, ya que cada boleto era, a su vez, una entrada para el evento. Con lo que aseguraron un lleno –de 350 personas– que rebasó la capacidad del auditorio. “Al final, el mensaje era que encontrar el hilo negro significa que las cosas sí se pueden hacer, basta con que uno se lo proponga”, explica Víctor.

De emprendedores a empresarios

El éxito del primer evento desencadenó una bola de nieve que derivó en más presentaciones para Víctor y Allan, mientras continuaban con sus estudios universitarios. En una ocasión los contactó una persona para que hicieran un espectáculo corporativo. “Si bien hay magos que ofrecen magia para empresas, nosotros entramos por otro lado: transmitir un mensaje con magia”, señala Allan. “En lugar de siempre presentar el mismo show, primero generamos una estrategia creativa y de comunicación, para luego implementarla por medio de la magia”, agrega.

Todo marchaba bien hasta que en 2005 tuvieron un problema con una compañía que los contrató y, una vez montada la producción, les canceló el evento. Este fracaso no sólo los dejó prácticamente en ceros en sus finanzas, sino que los hizo reaccionar: “había llegado el momento de dar el siguiente paso y constituirnos legal y operativamente como una empresa”, asegura Víctor.

Este descalabro fue –como ellos mismos lo denominan– un curso de negocios fast track. En una semana buscaron asesoría de un abogado, pusieron en orden todos los papeles y firmaron el acta ante notario para fundar Imagic Group. A partir de entonces, inició el despegue del negocio, con tasas de crecimiento anual del 100% y atendiendo a clientes como Novartis, Danone, Visa, Nextel y Televisa, entre otros.

Sin embargo, toda tendencia positiva tiene un límite. Y este caso no fue la excepción. El año pasado, los emprendedores tomaron conciencia de que ya lo habían dado todo con los recursos disponibles. Para Allan, hay que entender que cuando arrancas un proyecto, tienes que hacerte cargo de todo; pero si crece y evoluciona, necesitas más información de áreas que no conoces. “Por lo tanto, tienes buscar ayuda profesional”, aconseja.

Así, iniciaron un proceso de coaching para llevar a cabo una reinvención total de la empresa. Con ello, crearon una estructura de cinco divisiones, en donde se define que Imagic Group está enfocada en la comunicación estratégica y corporativa, publicidad, entretenimiento y capacitación. Todo esto a través de conferencias, eventos corporativos, espectáculos y activaciones BTL. También crearon un área comercial encargada de dar seguimiento y servicio de post venta, mientras que vía outsourcing delegaron funciones administrativas, legales y fiscales.

Hoy, Allan está a cargo de la dirección creativa –donde se generan nuevas propuestas para que los clientes los contraten una y otra vez–, la cual trabaja en paralelo con la dirección general que lleva Víctor. Finalmente, estos dos socios concluyen: “nunca hay que dejar morir la chispa que inició tu negocio. Y con ella misma, debes adaptarte siempre al entorno”.