Franquicias

Apuesta por una franquicia

Adquirir una franquicia fue la mejor opción que esta emprendedora encontró para diversificar sus fuentes de ingresos.
Apuesta por una franquicia
Crédito: Depositphotos.com
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Paulina Vargas aprendió que en el mundo actual, donde los altibajos económicos parecen ser una constante, ya no existe la certidumbre laboral. Tras recibir su liquidación de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) –luego de 10 años de trabajo–, decidió que en adelante, la opción para asegurarse cierta estabilidad financiera era iniciar un negocio propio.

“Entendí que puedes creer que tienes un trabajo seguro, pero no es cierto, de un día a otro te puedes quedar sin empleo”, dice la hoy empresaria. Así, lo primero fue definir, junto con su esposo, el giro en el que emprenderían.
Las opciones estaban entre alimentos y bebidas, cuidado personal o algo que estuviera relacionado con la medicina. Su marido tenía varios conocidos y familiares médicos, por lo que esto influyó para tomar una decisión. Finalmente, determinaron que la mejor alternativa era una farmacia.

El know how

Al comenzar a hacer una investigación sobre el negocio de las farmacias –particularmente, en la zona de Pachuca, Hidalgo y la periferia de la Ciudad de México– Paulina identificó los retos que debía superar antes de emprender. “Para empezar, en ese ramo se requiere conocer a los proveedores y contar con algunos años operando para obtener créditos y descuentos”, explica.

Y precisamente debido a que no tenía contactos en el ramo farmacéutico, se dio cuenta que iba a ser difícil empezar desde cero, “ya que es un mercado muy cerrado y está manejado por pocas empresas”, asegura la emprendedora. Fue entonces cuando comenzó a considerar a las franquicias como una opción.
Convertirse en franquiciataria de una de las marcas más reconocidas del sector no sólo le abriría las puertas del mercado, sino que le daría un respaldo en el manejo del negocio, le evitaría errores y le permitiría recuperar más rápido la inversión.

De esta manera, el matrimonio inició un segundo proceso de investigación. En esta ocasión, se acercaron a diferentes comercializadoras de franquicias. El objetivo: analizar corridas financieras, montos de inversión y proyecciones de recuperación de varias marcas.

En noviembre de 2009 decidieron que Farmacias del Ahorro representaba la mejor alternativa. Por lo que empe-zaron con el proceso para obtener el contrato de la franquicia. Y es que la marca hace una investigación detallada antes de aceptar a un inversionista como franquiciatario. “No basta con tener el dinero. Un comité verifica que seas el candidato ideal, cuáles son tus intereses, tu nivel socioeconómico y, sobre todo, por qué quieres invertir con ellos”, señala Vargas.

Buscar socios

Pero con 30 años de edad y estudios de maestría en Administración Pública, era claro que además de comenzar algo propio, Paulina y su esposo querían encontrar nuevamente un empleo. Por ello, al tiempo que analizaban sus opciones de inversión y reunían los requisitos para convertirse en franquiciatarios, ingresaron sus documentos para trabajar en Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Fueron cinco meses de intensa labor y negociación para convencer a Farmacias del Ahorro de que eran los candidatos idóneos para sumarse a su red de negocios. Todo esto coincidió con el periodo para hacer los exámenes correspondientes para ingresar a la dependencia. Y también mientras realizaban los trámites para conformar la sociedad con la cual deseaban adquirir la franquicia.

“Soy contadora y sé que al principio y durante un buen tiempo no puedes exigirle dinero a un negocio”, afirma Vargas. Por eso, concluyó que la única forma en que podía asegurar su bienestar económico, además de emprender un negocio con ayuda de socios comprometidos con el proyecto, era con ingresos adicionales generados a través de un empleo formal.

Así, en abril de 2010 Paulina fue aceptada por el corporativo de Farmacias del Ahorro como franquiciataria y, por otro lado, como empleada de CFE. A partir de ese momento, tuvo que aprender a apoyarse más en sus socios para terminar de formalizar la sociedad y lograr adaptarse a su nuevo puesto de trabajo.

Dividir tareas y funciones

Un mes duró la primera prueba de fuego. A Paulina le fue asignado un horario de 8:00 a.m. a 4:00 p.m. en el trabajo. Sin embargo, sus actividades le demandaban permanecer más tiempo en la oficina. Dividiendo las tareas de la farmacia entre sus socios fue como pudo cumplir con los diversos trámites (federales, estatales y locales) y encontrar un local comercial. Finalmente, el 31 de mayo del año pasado inauguraron la sucursal en Ojo de Agua, Hidalgo.

“El negocio no lo llevo yo sola, hay una encargada y otra persona que lo administra conmigo. Igualmente, cada uno de los socios realiza actividades muy específicas y asume un rol establecido, lo que permite un correcto manejo de la unidad. Después de todo, emprender demanda mucho tiempo”, asegura la empresaria.

De este modo, cada uno de los socios tiene claro que además de apoyar al otro, se debe responsabilizar de su tarea para que todo funcione como debe ser. En un inicio asistían a reuniones semanales, pero poco a poco éstas fueron espaciándose hasta que ahora sólo se ven cada que lo demanda el negocio (aproximadamente una vez al mes).

Otro punto fundamental fue el establecimiento de un código interno. Ningún socio toma decisiones sin antes consultar al otro. La regla dice que cada uno debe revisar todos los días su correo electrónico y copiar al resto cada que se deba asumir una posición con respecto a algún asunto en particular. Y si hay diferencia de opinión, siempre se toma la decisión que apoye la mayoría.

Pensar en el futuro

A un año de arrancar operaciones, Paulina está convencida de que su negocio será su futuro. “La experiencia me enseñó que el secreto está en diversificar. Entre más lo hagas, menos posibilidades tendrás de fracasar, pues si se te acaba un ingreso, tienes el otro y si ese también se termina debes comenzar uno más”.

Como empresaria está consciente que de ella dependen otras familias y, por lo tanto, esto significa tener más responsabilidades. Por ejemplo, debe supervisar el comportamiento de las ventas, que el inventario no suba para no endeudarse y lograr que las finanzas de la empresa estén sanas. “Todo ello implica nuevas actividades que no se consideran cuando uno juega el papel de empleado”, dice.

Sus planes inmediatos son continuar con el buen manejo del negocio y en un futuro abrir todas las sucursales que les permita el corporativo. “Los socios tenemos el acuerdo de continuar juntos hasta lograr todas las unidades que queramos”, finaliza.