Emprendedores

El calzado viste a la moda

Julio de Mucha es una marca joven pero entró al mercado del zapato con paso firme y hoy vende al lado de gigantes.
El calzado viste a la moda
Crédito: Depositphotos.com

Esteban de Mucha Mendiola y su hermano Santiago no tienen antecedentes directos en el sector del calzado. Pero sí poseen una ventaja: crecieron en una de las cunas zapateras del país, el estado de Guanajuato. Desde allí han construido la marca Julio de Mucha desde 1989. Y han demostrado que hoy se puede emprender exitosamente como fabricante de calzado, incluso con los nuevos retos que impone la política económica nacional.

“La verdad es que iniciamos con poco capital y la idea de producir un tipo de zapatos, sin mayores aspiraciones que las de crecer y colocarnos en tiendas”, dice Esteban, director comercial de la marca. Pero el destino y sobre todo sus ganas de emprender tenían mejores planes para su proyecto. La compañía pasó de producir 20 pares diarios de zapatos a los 800 antes de cumplir el primer año de operación. Actualmente, fabrican unos 2,000 pares de zapatos al día.

Al igual que sus compañeros en la industria, enfrente tienen un panorama sombrío. Con la eliminación de las medidas compensatorias para la importación de calzado chino, los pequeños productores mexicanos podrían desaparecer al no poder competir con un factor determinante: el precio. Una estrategia que resista el impacto de la fortalecida oferta extranjera será la clave, y deberá basarse en una máxima: calidad y diseño a un precio razonable.

Del taller a la fábrica

Julio de Mucha cumplió 22 años de existencia en septiembre de 2011. Dentro de la industria es de las marcas más jóvenes si se compara con empresas como Grupo Dione, creada en 1944, o con Emyco, que data de 1926. Pero tal vez su mayor virtud los saque de apuros. Se trata de su flexibilidad para adaptarse a los cambios que imponen los nuevos tiempos.

Como la mayor parte de las empresas de calzado en México se trata de una empresa familiar, aunque en esta ocasión no heredada. “El proyecto fue conformado con el capital y el esfuerzo de hermanos que creyeron en una misma idea, hijos de un médico que no tenía participación en el rubro fabril”, explica Esteban.

Un poco como un sueño y quizá más por su fuerza de voluntad, los hermanos se lanzaron en esta aventura de forma paulatina. Y la empresa se introdujo al mercado con una línea de calzado casual para caballero, especializándose en mocasines. El 90% del calzado para varón fabricado en México se produce en Guanajuato, mientras que Jalisco se coloca como el líder en calzado para dama, igualmente con el 90% de la producción nacional.

Por eso, la estrategia inicial no contemplaba a las mujeres, quienes representan el 51.2% de la población del país –de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)–. Pero entre 1999 y 2000, Julio de Mucha introdujo líneas para dama, enfocadas a confort y con un toque fresco. La más solicitada en las tiendas fue la colección All Day Shoes, que los colocó entre los favoritos de las consumidoras de la capital mexicana.

A estas alturas Julio de Mucha ya cuenta con presencia en toda la República, aunque su mayor mercado descansa en la Ciudad de México. Son proveedores de Palacio de Hierro desde hace más de 10 años, además de estar en los escaparates de Dorothy Gaynor, La Milagresa, La Vega, La Joya y la franquicia Tutto di Moda. Incluso tienen distribuidores que venden por catálogo, como Shoes Collection, de Puebla, que se ha extendido por el sureste mexicano.

La empresa también ha sabido aprovechar las ventajas del mundo digital, aunque no represente la mayor aportación a sus ventas. En alianza con otras marcas mexicana lanzó un sitio Web para vender calzado, llamado CalzaShop. “Se trata más bien de una previsión hacia futuro, pues actualmente el consumidor mexicano no acostumbra comprar zapatos por Internet”, aclara Esteban.

Adaptarse no es sólo diversificarse, sino renovar la visión del producto. Así que en 2001 comenzaron a crear alternativas de zapato casual con mocasines y productos tejidos a mano. “Obtuvimos muy buenos resultados, porque descubrimos que este tipo de calzado se nos facilitaba”, explica Esteban. “El nicho de mercado nos conquistó y no lo soltamos, sólo lo transformamos para que sea cada vez más redituable y eficiente, atractivo y útil para el consumidor”.

Durante ese mismo año, la empresa comenzó a dar garantía de su calidad a través de las certificaciones, como la ISO-9000. “Creíamos que era necesario demostrar con esto que sí gozábamos de una calidad que no presumíamos, sino que era inherente a nuestros estándares internos”, dice Esteban.

El siguiente paso fue en 2006, cuando empezaron a implementar desarrollo y actualización tecnológica, tanto en el área de ingeniería como en los procesos de manufactura. Adaptarse a la mecanización y la capacitación para un personal más productivo los acercaba a la recta final que los igualaba con las marcas “leyenda” del cazado mexicano.

“La fábrica se llenó de gente cuyo perfil destacaba por aportar algo no sólo en el plano técnico, sino en el creativo en toda la cadena productiva de la empresa”, cuenta el emprendedor. “Con un nuevo departamento de Diseño y Desarrollo pudimos mecanizar y capacitar para la fabricación de alta calidad de nuestros productos, llevando las cosas a otro nivel”.

Más que zapatos

Dada la calidad del producto y la forma en que se colocaba entre los consumidores, el calzado de la marca se volvió de los favoritos del público entre 24 y 39 años, en busca de diseño a precios competitivos. El problema es que no existía una lealtad hacia el sello de la empresa. Sencillamente, el nombre Julio de Mucha no decía ni proyectaba más allá de sus productos.

En 2008 tomaron como estrategia algo que aún no habían asimilado sus ejecutivos: la creación de marca. “El problema es que hasta entonces entendimos”, resume Esteban, “que habíamos olvidado tener un rostro empresarial sólido, una forma de insertarnos en la vida de las personas con plena participación del perfil de nuestro consumidor”.

Entonces comenzaron a crear un concepto integral que se veía reflejado en su desempeño publicitario desde 2009 –anunciándose en espectaculares y revistas mayormente–. La marca quedó perfectamente definida: moda casual y amigable con el consumidor, con valores de frescura y refinamiento, un zapato cómodo para caminar. Lo siguiente fue incorporar esta filosofía a su planta productiva, socios comerciales, proveedores y clientes.

La tarea requirió una introspección ardua que replanteaba los esquemas de la industria en México. “Tenía relevancia desde la historia de nuestra evolución hasta los valores de quienes dirigíamos la compañía”, resalta el emprendedor. Lo que implica aprender algo que los más veteranos del sector desconocían; es decir, crear estrategias totales que impactan con mercadotecnia.

Tras una operación casi quirúrgica, se obtuvo por fin un punto de partida para generar una visión de empresa. Los principales valores de la marca son libertad, sencillez y honestidad, una tríada que define las cualidades del espíritu juvenil con sentido de responsabilidad. “Más que la vanguardia en moda, nos interesa que nuestros usuarios sientan la necesidad de vestirse bien y estar cómodos al mismo tiempo”, sentencia el director comercial.

Ahora debían asumir una postura en el ámbito en el que actuarían. “Si íbamos a ponernos la etiqueta de ‘moda’, entonces teníamos que hacerlo bien, con profesionalismo y una estética capaz de proyectar esa filosofía que da sentido a la marca”. Asumir esta responsabilidad implica aprender a tenerle respeto a tu producto dejando de copiar tendencias, y apostando por generar un estilo y una identidad propia.

Entre los factores que permitieron que la compañía se capitalizara para llevar a cabo la producción de sus zapatos y su reestructuración comercial está su servicio de maquila, que desde 2008 fabrica los mocasines para Zara que se comercializan en sus tiendas en México. Lo que significa que saben cumplir con los ciclos productivos de una industria tan cambiante como la de la moda.

Los resultados evidencian el poder de esta forma de renovar un negocio tradicional como el calzado. En los últimos tres años Julio de Mucha ha crecido hasta 20% anual, mientras que anteriormente su mejor año alcanzó tan sólo un 10%. “Desde que hemos tomado a la marca como nuestra razón de ser, vimos resultados concretos en la forma en que nos perciben y la empresa despegó”, destaca el emprendedor.