Finanzas

Qué tipo de crédito te conviene 1

Qué tipo de crédito te conviene 1
Crédito: Depositphotos.com
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A pesar de la problemática mundial y de la inestabilidad de los mercados, la banca en nuestro país es sólida y los niveles de capitalización de todo el sistema financiero incluso son más altos de lo requerido. Otra realidad es que entre las subsidiarias de los grandes bancos internacionales, México es de los países más rentables del mundo.

También es un hecho que las instituciones financieras seguirán prestando al segmento Pyme (pequeñas y medianas empresas), debido a que el nivel de cartera vencida es mínimo. Esto, al final, resulta un negocio rentable para quienes ofrecen financiamiento.

Existen opciones para todos. Dependiendo del apetito de riesgo de la institución financiera, esto fijará la tasa. Si la estructura financiera de la compañía solicitante se ve espectacular, va a haber más postores que le quieran prestar y esto va a redituar en menores tasas. Pero si no se ve tan bien, se reduce el número de jugadores. Aún así hay alternativas para fondear a estos negocios, como las Sofomes y arrendadoras (que son más agresivas y prestan a tasas más altas).

Antes de saber qué tipo de crédito te conviene, hay que definir este término: es el dinero en efectivo que recibimos para hacer frente a una necesidad financiera y que nos comprometemos a pagar a un plazo determinado, a un precio determinado (interés), con o sin pagos parciales y ofreciendo de nuestra parte garantías de satisfacción a la entidad financiera (para asegurar el cobro del mismo).

Todos los créditos que hay en el mercado se pueden englobar en alguna de estas dos categorías:

1. Crédito en cuenta corriente. Se define como financiamiento para capital de trabajo o necesidades transitorias de tesorería mediante el cual la empresa solicitante puede disponer de forma revolvente del saldo establecido en su contrato de crédito. Normalmente es a un año y sirve para financiar tu ciclo operativo: cuentas por cobrar o clientes más tus inventarios, menos lo que obtienes de financiamiento de tus proveedores.

La idea es que lo tomes, lo pagues y lo vuelvas a tomar; es decir, existe revolvencia. Estos créditos son líneas –que también se pueden documentar por medio de un contrato– y su destino es totalmente libre. Cada mes pagas intereses y en algún momento durante la vigencia de tu línea tienes que cubrir el total del capital –ya sea que esté pactado que a los seis, nueve o 12 meses–. Así, al final puedes volver a ocuparlo.

El crédito para capital de trabajo es la modalidad más popular dentro de los créditos en cuenta corriente. Éste sirve para cubrir necesidades de corto plazo (menos de un año). Por ejemplo: comprar inventarios o materias primas, pagar sueldos y salarios, cubrir gastos de operación de la empresa y financiar a tus clientes.

Es importante señalar que lo peligroso es que dado que el destino es libre, se da mucho el caso que la gente utiliza esta opción para necesidades que no son de corto plazo, como la adquisición de una máquina o instalaciones. Grave error, porque como se trata precisamente de líneas de corto plazo, de repente se vienen los vencimientos de capital y no tienes los recursos para hacerle frente al cumplimiento de tus obligaciones.

2. Créditos simples. Financiamientos a mediano y largo plazo que son documentados mediante contratos y que son para personas físicas o morales con el objetivo de apoyar su actividad económica. Este tipo de créditos tienen un fin específico, esto significa que ya se tiene claro lo que se va a financiar. En este caso, son contratos y no líneas como los créditos en cuenta corriente.

El plazo va desde 18 meses hasta 15 años (en algunos bancos). Y existen diferentes modalidades de pago de capital: puedes hacerlos de forma mensual, trimestral, semestral o incluso anual. El pago de intereses es normalmente mensual.

Puedes tener un crédito simple –llamado crédito de capital de trabajo permanente–, en donde el destino es libre. Sin embargo, la finalidad es financiar tu capital de trabajo cuando tu ciclo operativo es mayor a un año; por lo que, quizá el plazo sea a tres años. De esta manera, se convierte en un crédito simple.

Elige la mejor opción

La clave para saber qué crédito utilizar (crédito en cuenta corriente o simple) dependerá de qué vas a financiar.  
Si es para necesidades de capital de trabajo de menos de un año, entonces la respuesta es un crédito en cuenta corriente; si tu ciclo operativo es mayor a un año, la opción es un crédito de capital de trabajo permanente a tres años.

Si vas a adquirir una máquina, pregúntate: ¿en cuánto tiempo los ahorros que me generará esta compra o las ventas incrementales obtenidas me van a permitir pagar la máquina? Tradicionalmente, la respuesta es entre tres y cinco años. Por lo tanto, el plazo mínimo que debes buscar es de tres años.

Hablando de créditos para comprar maquinaria, mobiliario y equipo hay opciones específicas:
Crédito simple.
Crédito de capital de trabajo permanente.
Crédito refaccionario.
Crédito de habilitación o de avío.
Arrendamiento financiero o arrendamiento puro.

Por ejemplo, el crédito refaccionario te conviene para comprar una máquina o equipo de transporte porque está enfocado en fortalecer o incrementar los activos fijos del negocio. Y el mismo bien que adquieres se queda como garantía.

Ahora bien, si quieres acondicionar un local o nuevas oficinas, necesitarás hacer obra civil. Asimismo, bajo estas circunstancias hay que pagar un guante, que es el derecho que te cobran por rentar un local y que es común en las plazas comerciales muy demandadas. La pregunta es la misma: ¿en cuánto tiempo ese local adicional te permitirá recuperar la inversión?

Y la respuesta es entre tres y cinco años, dependiendo del giro del negocio. Para el pago de guante, remodelaciones de locales u oficinas, dispones de opciones como capital de trabajo permanente o un sale and lease back –que es un arrendamiento financiero en el cual tú le puedes vender activos al banco y éste te los renta de regreso–. Con este último consigues financiar destinos libres de largo plazo.

Recuerda que siempre el plazo de los créditos va en función de las garantías. De este modo, puedes logar un plazo de máximo cinco años sin necesidad de dar una garantía hipotecaria, tal vez con la garantía de una máquina, mobiliario o equipo de transporte.

Si el plazo es mayor a cinco años, sigue siendo un crédito simple, pero lo más común es que te pidan una garantía hipotecaria. En este caso, puedes solicitar financiamiento para comprar oficinas, una planta o nave industrial, y ahí la garantía es el mismo bien que vas a financiar (destino del crédito).

Cuando vas a reestructurar tus pasivos, se estila dar una garantía hipotecaria. De repente ya no puedes pagar o tus vencimientos son de corto plazo; aquí la solución es buscar un crédito quizá a 10 años, donde tus amortizaciones de capital se vuelven más chicas y eso te facilita el pago. Si bien debes dar una garantía
hipotecaria, así puedes tener créditos de largo plazo y también reestructurar tus pasivos.

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