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76 años… y creciendo

Michael Gerber hace una reflexión sobre lo que ha aprendido y lo que le falta por aprender en su cumpleaños 76.
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¡Gracias a todos los que me han enviado sus mejores deseos por mi cumpleaños número 76, así como todas sus felicitaciones por haber vivido tanto!

Me han preguntado qué he aprendido en estos 76 años, qué se siente haber llegado a este punto de mi vida, qué se siente ser un soñador de 76 años, un pensador, un contador de historias, un líder.

La respuesta es sencilla. Me siento prácticamente igual como me sentía a los 21: Que hay demasiadas cosas que no sé. Que hay aún mucho por aprender. Que hay mucho más todavía por hacer que antes no tenía el conocimiento o la claridad de mente para entender, o tal vez me faltaba la habilidad o la voluntad para hacerlo con éxito.

Sólo ahora, a los 76, siento más profundamente mi mortalidad. Que mi vida, más antes que después, está llegando a su final. Y muy seguido me siento triste por eso, con remordimientos por lo poco que he aprendido, lo poco que he logrado; pensando cuánto más hubiera sido capaz de hacer con mi pasión por reinventar el mundo.

Quería escribir el libro perfecto.

Quería amar y ser amado tan apasionadamente que no hubiera un solo momento en el día en el que no estuviese haciendo el amor de una manera tan completa que llenara mi mente, alma y cuerpo.

Quería hacer que algo ocurriera sin precedentes algunos, y luego, cuando se hiciera realidad, ir todavía más allá.

Quería ser un hombre íntegro. Comprendido y que comprendiera. Atrevido e inflexible. Que estuviera encendido y repartiera chispas donde sea que fuese.

Quería conocer a Dios, y no sólo hablar de él.

Ésta es la forma en la que vivo aquí, a los 76. ¿Y tú?

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