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Competir = innovar (y renovar)

Con café de calidad, cafeteras y consumibles, Café Punta del Cielo apostó por la experiencia de consumo de sus clientes.
Competir = innovar (y renovar)
Crédito: Depositphotos.com
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El liderazgo de Pablo González Cid, director general de la cadena Café Punta del Cielo, tiene una tradición de innovación desde 2004, el año que se lanzó al estrellato con una imagen sencilla y refinada, y cuando patentó una lata que tenía un aditamento completamente nuevo: una válvula que, al ser perforada, despide el aroma del grano. Ello le valió la entrada al canal de los autoservicios.

Por supuesto, desde aquella primera incursión Café Punta del Cielo no ha parado en aportar propuestas novedosas al sector. Y es que en ocasiones innovar significa superar tabúes. “Antes, se hubiera considerado imposible que una marca de café hiciera una alianza con una casa funeraria”, asegura.

Hoy, sin embargo, en la antesala de un salón de la funeraria Gayosso al sur de la Ciudad de México, de vez en cuando aparece un empleado de Punta del Cielo que discretamente revisa los niveles de una cafetera que gotea la bebida. La máquina está coronada por un letrero luminoso de la marca.

La imagen podría poner los pelos de punta a un mercadólogo pero a Gayosso le viene bien, pues complementa así sus servicios funerarios y la cadena de café reforzaría un vínculo emocional con personas que necesitan ser reconfortadas.

El caso ilustra también la capacidad de la cafetería para adaptarse a los requerimientos que las circunstancias dictan. Punta del Cielo se encuentra lo mismo en un centro comercial que en un hospital, avión, universidad, hotel, restaurante o las oficinas corporativas de alguna empresa, una tendencia que comienza a verse cada vez más en la industria.

Su acierto ha sido tener un paquete a la medida de cada cliente, explica González Cid. Su infraestructura, con-cepto y producto le permiten atender tanto a una oficina de 30 personas como a un edificio de 5,000 empleados. “No tenemos una sola talla. Tenemos una talla chica, mediana, grande; austera o equipada. Nos adaptamos”, afirma.

La cadena, que tiene unidades en España y Hong-Kong, pretende ser “un concepto que no brille por marketing, sino que dejara al café ser la estrella”, explica el emprendedor. Su logotipo –el sello en blanco con fondo azul que deja la base de una taza de café, visto desde arriba– es quizá la mejor síntesis de esa filosofía: simple, identificable, minimalista, como la bebida favorita del empresario: el espresso.

Tres pilares

Los pilares de la marca son, en palabras del creador de la marca, la calidad del café, la innovación y el desarrollo. Y con estos tres elementos logró construir una imagen de café de alta calidad (llamado Premium) y rodearse de un aura de orgullo por su origen mexicano –todo el café que vende es nacional–, que presume y explota.

Ejemplo de ello fue la edición conmemorativa Bicentenario que lanzó en 2010, sumándose a los festejos patrios de aquel año. La cosecha fue seleccionada como la mejor del país por la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café (Amecafé) y le garantizó reconocimiento a nivel internacional en los círculos donde aún no llegaba el nombre de la marca. Con eso reforzó el compromiso con los productores nacionales que colaboran con él en la creación de un concepto mexicano focalizado en la venta de café de calidad.

Porque además, en opinión de González Cid, la industria tiene como reto seguir fomentando el consumo del grano. Mientras que su empresa suma a esta responsabilidad el seguir fiel a su esencia, evitando ciertas tentaciones; por ejemplo, cuando sus asesores le hacen sugerencias como vender desayunos o convertir sus cafeterías en bares. Entonces, el emprendedor les dice: “no, espérate; fiel al objetivo: aquí es café, señores”.

Del grano a la cafetera

La empresa lanzó en septiembre pasado una línea de cafeteras con un aspecto que invita al uso rudo, bautizada como Cafeína Bar. Los equipos funcionan con cápsulas de monodosis y cuestan $15,000. El concepto incluye una boutique especializada en la venta de estas máquinas y complementos como tazas y estuches.

La intención de esta apuesta es “atraer nuevos clientes, nuevos sectores”, dice González Cid. Así, el empresario atacará el segmento que quiere tomarse un espresso o capuchino en la casa u oficina; en tanto que el negocio está en los consumibles.