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Emprende con un socio

Aunque sumar a alguien de este perfil significa aceptar tus debilidades, puede ser la única forma de que tu negocio despegue.
Emprende con un socio
Crédito: Depositphotos.com

Trabajar con otra persona significa admitir que tienes debilidades. Y que para tener éxito necesitarás, tarde o temprano, de la ayuda de alguien más. No existe otra manera de hacerlo. Siempre habrá problemas o situaciones que no puedes resolver solo. Bajo esta perspectiva, el primer paso para trabajar bien en equipo es aceptar tu vulnerabilidad. Y luego aprender a confiar.  

Existen criterios que hay que tomar en cuenta a la hora de trabajar con un socio, o incluso con un colaborador vital para conseguir los objetivos estratégicos de la empresa (como un director de ventas). En primer lugar, lo mejor es elegir a una persona con tus mismas credenciales a nivel laboral, ya que una relación jerárquica no es una colaboración entre iguales.

Se trata de buscar un complemento a tus fortalezas y debilidades. De ahí que necesitas a alguien que sepa lo mismo que tú, sólo que en otra área. “El hecho de no tener conocimientos técnicos no significa que no sepa qué se requiere para crear algo; soy libre de imaginar nuevas aplicaciones y tener ideas”, afirma Cyrus Farudi, fundador junto con Omri Cohen de Capsule, un sito Web y aplicación móvil creada para planear eventos, interactuar con la comunidad y compartir fotografías. “Por fortuna mi socio, quien tiene una formación sólida en la parte técnica, posee la actitud correcta para fomentar estas ideas. De hecho, hemos tenido discusiones bastante acaloradas cuando intento involucrarme demasiado en su campo”, agrega. 

La verdad es que muchas veces ayuda tener un compañero que no te agrada demasiado o por lo menos alguien con quien siempre estás dispuesto a tener un debate. Aunque no lo parezca, esta tensión puede generar cosas increíbles. “Colaborar se trata justamente de co-laborar”, explica Nilofer Merchant, experta en innovación, columnista del Harvard Business Review y autora de Business Solutions Through Collabortive Strategy (Soluciones de negocios a través de una estrategia de colaboración). “No es una relación de cariño, más bien consiste en resolver problemas que ninguno podría solucionar solo”. 

Si elegiste a alguien con quien colaborar solamente basándote en su inteligencia y habilidades, puede haber un conflicto de personalidades, que en circunstancias normales lograría incluso quebrar la relación. Sin embargo, aunque la tensión puede ser un tema difícil, ambos están ligados por intereses mutuos. Además, muchas de las grandes ideas se dan justo cuando se está al borde del fracaso. Es como una especie de inyección de adrenalina que mantiene la creatividad fluyendo. 

Unión de perspectivas

Una buena manera de comenzar una junta es afirmar lo siguiente: sabemos cuál es nuestra meta, pero no conocemos la forma de llegar a ella. “La conversación más difícil se tiene que dar desde un inicio. Tienes que determinar quién es mejor en cada aspecto específico. Esa claridad hace que todo comience a fluir”, señala Jim Moran, cofundador, presidente y COO de Yipit, una empresa neoyorkina que fomenta sociedades y recomienda servicios. 

Para asegurar esa trasparencia, sigue estos cuatros preceptos que toda colaboración debe tener:
1. Ésta es la razón por la que tú estás aquí. 
2. Por esto estoy yo aquí.
3. Ésta es la meta.
4. Éstos son los puntos principales. 

El resto del proceso colaborativo no puede ser codificado. Una reunión en la que dos personas están colaborando es un espacio secreto, definido por reglas y ritmos propios. Ofrecer técnicas para este tipo de interacción sería restarle importancia al lazo sagrado que hay entre dos personas que trabajan juntas para resolver un problema. 

De hecho, hay una técnica intrigante y controvertida llamada behavioral mirroring (reflejo conductual). Los neurólogos creen que sucede a nivel inconsciente, sobre todo en citas románticas o durante entrevistas de trabajo. “Es un comportamiento no verbal, inconsciente, pero hay maneras de desarrollar esta aptitud para hacerlo deliberadamente”, asegura Steve Kozlowski, profesor de psicología organizacional de la Universidad Estatal de Michigan.“A la hora de interactuar con otras personas se imitan sus conductas sutiles. Es parte de un proceso de atracción e incita a crear relaciones, puntos de encuentro. Así que si el interlocutor se ríe, la otra persona también se ríe, o bien, si utiliza alguna palabra, el otro tiende a usarla, por poner algunos ejemplos”, dice el especialista. 

Por otro lado, si lo que te preocupa es no obtener reconocimiento por una idea tuya, también tienes que aceptar cuando éstas no funcionan. En ese sentido, es evidente que surjan algunas preguntas como: ¿si creamos algo juntos, entonces cómo puedo llevarme el crédito? “Pero cuando se trata de una colaboración, es difícil saber a quién reconocer o a quién culpar”, opina Merchant. De hecho, ¿quién querría establecer un reconocimiento individual para algo que surgió de una colaboración entre dos o más personas? No se trata solamente de un asunto profesional o laboral, es un tema moral  y de confianza (inherente a toda colaboración). 

Para tener en cuenta

Durante un proceso colaborativo, los periodos de silencio son necesarios para restablecer la creatividad. Cuando dos personas colaboran, aquella que toma nota está asumiendo un rol menos importante. El mejor ambiente para colaborar es un territorio neutro. Por ejemplo: una sala de conferencias, una cafetería, etc. El peor entorno es un espacio como una oficina, un automóvil o cualquier otro que pertenezca a una de las partes. 


Expresiones prohibidas

“Tráeme un café”
“En el puntaje estoy arriba ocho a tres”
“No me caes bien”
“No te tengo confianza”
“¿Quién eres?”
“Claro que no”
“Soy mejor que tú”
“Tú no sabes hacer eso”
“Me siento solo(a)”