Franquicias

Vuelve a empezar con una franquicia

Tras décadas de ser empresaria, Sonia Velázquez encontró en una franquicia la forma de retomar el control de su vida.
Vuelve a empezar con una franquicia
Crédito: Depositphotos.com
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Algunas historias de éxito empresarial comienzan donde termina una aventura emprendedora. Y los 30 años de experiencia de Sonia Velázquez en el comercio de calzado hoy representan tan sólo una etapa de entrenamiento para su actual misión: consolidarse como una franquiciataria líder en enseñanza de la cosmetología a través de la marca AspidPro, una marca especializada en distribución de productos farmacéuticos de cosmética y en la capacitación profesional y certificada de cosmetólogos.

Y es que por mucho que hoy los frutos del esfuerzo de Sonia reditúan en importantes satisfacciones –gracias a su conocimiento de la administración, dirección y hasta operación de zapaterías–, en realidad Sonia tuvo que buscar una franquicia por cambios radicales en su vida personal. “Al divorciarme, cedí toda mi participación en el negocio a quien fuera mi pareja por más de 35 años”, narra de aquellos momentos.

Ella quería comenzar desde cero. Encontrar su propio camino y desarrollarse en lo que mejor sabía hacer: dirigir un negocio. La ventaja es que sus dos hijos ya eran profesionistas exitosos, lo que la exentaba de la presión económica de una madre joven. Su hija terminaba la maestría en Negocios Internacionales y vivía en Suiza, donde conoció a su actual marido mientras trabajaba para los laboratorios Hoffmann-La Roche. Y su hijo había terminado hacía tiempo la licenciatura en Administración de Empresas y trabajaba para la multinacional de electrodomésticos Mabe.

Tantos años de llevar ella misma gran parte de los procesos de gestión de negocios no podían resultar inútiles. “Sabía que quería participar en un emprendimiento, aunque ya no podía incursionar en el mismo rubro, pues perdí muchos de los contactos durante la separación”, explica la empresaria. En consecuencia, su siguiente paso fue buscar un nuevo giro que no sólo le interesara, sino que le permitiera aplicar su preparación y experiencia en el medio.

La fortuna de Sonia la condujo a un lugar desconocido hasta entonces para ella: la enseñanza de la cosmetología. “Una amiga mía tenía una franquicia de AspidPro en Satélite”, cuenta. “Como yo tenía mucho tiempo libre en ese entonces, empecé a ir a su escuela y vi el movimiento que tenía; me di cuenta que era un buen negocio pues se manejaban diversos productos que la gente busca, las mujeres siempre están tratando de cuidar su apariencia y sobre todo su piel, y todavía más personas están interesadas en ofrecer esos servicios. Así que le ofrecí asociarnos”.

Como a las hijas de su amiga no les gustó mucho la idea de que su madre tuviera una socia, la franquiciataria le sugirió a Sonia que adquiriera una franquicia propia, pues consideraba que su aptitud para los negocios le permitiría llevar una sucursal sin necesidad de asociarse con ella. El único problema que enfrentaba, era su capital para invertir. “Estaba en el proceso del divorcio y la verdad no tenía los recursos para comprarla”, recuerda la emprendedora. “Así que al platicarles a mis hijos, que ya trabajaban y eran autosuficientes, ellos decidieron, entre los dos, darme el dinero para comprarla y re-emprender”.

Cambio de hábitos

El modelo de franquicia representó un corte tajante para la carrera de Sonia. De inicio, significaba aprender y asumir como suyos los valores y directrices de una marca como AspidPro, entender el funcionamiento interno de los sistemas diseñados por la empresa franquiciante y dirigir, esta vez ella sola y sin compartir el liderazgo, una empresa nueva. Su ventaja: conocía el mercado regional y las reglas operativas básicas para que un negocio funcione correctamente.

La adquisición de la franquicia mejoró el ritmo de vida que tenía Sonia. “Empecé con una sucursal y me quedé en ella cuatro años”, explica. “No trasladarme de un lugar a otro fue muy agradable, aunque las ganancias que se obtienen de este negocio son muy diferentes a las de la zapatería. Por ejemplo, en los tecnológicos de AspidPro se tiene un ingreso fijo por el número de alumnas que se atienden, y en las zapaterías se ganaba por la labor de venta de cada pieza”.

La primer tarea que se propuso Sonia fue la conquista del cliente local, para acercarles la experiencia integral que propone AspidPro. “Hay que difundir qué es la cosmetología, porque en este momento no todo el mundo sabe a qué nos dedicamos”, detalla la franquiciataria.

Para ella, el principal beneficio que ofrece la franquicia es el nombre del negocio y todo lo que eso conlleva: la marca. “No es lo mismo contar con un manual de operación y que te digan cómo hacerlo que emprender uno solo. Sobre todo cuando se adquiere una franquicia que tiene ya un nombre  en el mercado y la gente lo reconoce”.

Además, la marca se encarga de conducir la capacitación y la mercadotecnia de sus locales. “Si yo quiero poner un anuncio, nada más hablo al departamento de mercadotecnia y les digo que tengo la necesidad de promocionar el curso que viene en puerta y ellos hacen todo: me proporcionan cada elemento para promocionarlo. Eso es muy cómodo”, añade la empresaria.

Los beneficios se traducen en una mayor tranquilidad en el desarrollo estratégico de las sucursales que maneja. Lo que le permite a Sonia tomar mayor conciencia en su calidad de inversionista y líder a cargo de una marca, ya no como la “todóloga” que antes se encargaba de administrar, vender y gestionar la proveeduría de los locales de zapatos que compartía.

Al arrancar su nuevo proyecto, Sonia utilizó algunos recursos propios que le ayudaron a disminuir riesgos durante la implementación de la franquicia. “Yo tenía un local propio en el centro de Tlalnepantla”, explica la franquiciataria. “Así arriesgaba menos, pues cuando se paga renta se debe de tener garantizado el pago de por lo menos un año de operaciones para que no exista el problema de arruinar el negocio”.

Con ese local también ganaba un sitio ampliamente concurrido: el centro histórico de Tlalnepantla, adonde llega gente proveniente de todos los municipios situados en las cercanías. “También elegí esta zona para iniciar el negocio porque lo conocía, ya que cuando tuve la zapatería éste era uno de los puntos más fuertes de ventas”.

Ya con capital propio, cuatro años después de abrir su sucursal en Tlalnepantla, Sonia se asoció con una amiga suya que buscaba emprender para adquirir una nueva franquicia en otra ciudad: Ecatepec.

“Elegimos este municipio por ser el más poblado del Estado de México; y lo ubicamos en un lugar similar al de Tlalnepantla: en el centro de la ciudad, atrás del palacio municipal”, recuerda la emprendedora. “Y aunque ambas somos dueñas, mi socia lo administra y opera”.

El éxito se repitió y recuperaron la inversión en aproxamadamente un año. Esto le brindó la oportunidad de buscar otro punto de venta en Cuautitlán Izcalli, municipio aledaño a Tlalnepantla y del que provenían muchos clientes de su primer local.

Al poco tiempo, la emprendedora tomó un riesgo mayor al contar con el capital para mantener su crecimiento: instaló su cuarto tecnológico AspidPro en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

De este modo, Sonia brinda más de 25 empleos en sus sucursales, que de hecho cuentan con dos modelos de franquicia de AspidPro cada una: distribuidora y tecnológico. Y como por el momento desea concentrarse en la consolidación de todas sus franquicias, durante los dos próximo años la reinversión se enfocará en el crecimiento de estos locales.

“Como líder me siento realizada”, explica. “Todavía tengo muchas metas que cumplir porque ahora hay que fortalecer cada uno de los locales. Independientemente del compromiso con el franquiciante, es por el beneficio propio y el de todos los involucrados en las unidades, que son más importantes que el hecho de sólo tener muchos negocios andando”.