Plan de Negocios

La nueva era del campo mexicano

La industria agrícola enfrenta una gran inestabilidad. Hoy tiene una oportunidad de crecer a través de un modelo basado en la tecnificación.
La nueva era del campo mexicano
Crédito: Depositphotos.com

En algunos lugares, la situación del campo ha alcanzado niveles dramáticos. Tan sólo el Distrito Federal, en el 2011 llegó al nivel más bajo de valor de la producción agrícola registrada durante el sexenio. Las causas, según las autoridades locales, se deben a tres factores determinantes: la poca rentabilidad del campo en la zona, invasión a los suelos de conservación y los robos a la producción. Y es que justo en la valoración que realizó a finales del año pasado el Consejo Nacional Agropecuario, destacó que sólo una tercera parte del presupuesto destinado al campo –cerca de $73,000 millones– se encaminan a la producción e innovación en el sector.

Sin embargo, el panorama luce prometedor para quienes tienen la oportunidad de acceder a nuevas tecnologías. Una de las más promisorias de los negocios agrícolas se encuentra bajo techo. Alfredo Zonana lo sabe bien y por eso desde hace cuatro años, Hydrofoods, la compañía que dirige, se dedica a cultivar jitomates y pimientos, entre otras hortalizas, en invernaderos hidropónicos, un método utilizado para cultivar plantas usando soluciones minerales en vez de suelo agrícola.

Los huertos de Hydrofoods utilizan tecnología de punta adquirida en Holanda e Israel. Y dado su nivel de sofisticación parecen tomados de una película de ciencia ficción. Esta tecnlogía opera con enorme eficiencia, en una extensión de 40 hectáreas, ubicada en Agropark, un parque agroindustrial en el estado de Querétaro.

En estas instalaciones la producción consume apenas una cuarta parte del agua utilizada en cada kilo de cultivo producido a cielo abierto, evita los pesticidas y logra una calidad constante. Se trata de gigantescas naves de vidrio donde por medio de sistemas computarizados se controlan la temperatura, luminosidad, niveles de agua, clima y los nutrientes que las plantas reciben.

Adentro, se cultiva con un sistema de riego por goteo, con dosificadores automatizados de agua y fertilizantes, de acuerdo al crecimiento y necesidades de cada planta. El sistema es tan eficiente que recicla el agua que la planta no absorbe, la trata y la reutiliza; de tal forma que 95% del líquido extraído del subsuelo se aprovecha.

¿El resultado? La cosecha, en términos de kilogramos por metro cuadrado, es ocho veces superior al de técnicas convencionales de cultivo. Además, este ambiente controlado vuelve irrelevante la estacionalidad de las cosechas. “Invirtiendo en invernaderos casi garantizas que vas a poder entregar productos 365 días del año”, dice Zonana.

Para sus jitomates, Hydrofoods utiliza un método para cultivar árboles de jitomate nuevos de forma simultánea con los que ya generan fruto. Así, cuando los segundos llegan a una etapa de maduración y son retirados por trabajadores, los primeros ya están listos para la cosecha. De este modo, se evitan tiempos muertos y se logra una alta productividad.

Desde el punto de vista comercial, la compañía, que da empleo a 250 personas, ha conseguido el volumen y la calidad para proveer a cadenas de supermercados en Estados Unidos y Canadá, el destino del grueso de su producción. El éxito ha sido tal, que Hydrofoods planea salir a la Bolsa Mexicana de Valores en 2014.

Como es de suponerse, en el caso de un invernadero de alta tecnología –cuyo rendimiento alcanza 600 toneladas al año por hectárea–, su costo representa inversiones por varios millones de dólares. En 2007, cuando se instaló en Agropark, Levarht, la empresa comercializadora de vegetales de origen holandés que produce aquí bajo la marca Freshmex, invirtió US$1.5 millones por hectárea. Trajo un invernadero completo de vidrio y todo el equipo necesario para su operación desde Holanda.

En el mismo parque, conformado por 800 hectáreas, también se han instalado jóvenes emprendedores apoyados por Hydrofoods y el Fondo de Capitalización e Inversión del Sector Rural (Focir). Ellos optaron por invernaderos con cubiertas de plástico, para reducir costos sin sacrificar funcionalidad. Su costo ronda los US$800,000 por hectárea.

El perfil de algunos empresarios involucrados en Hydrofoods –el finado Pedro Dondisch, Alfredo Achar, Mayer Zaga, Marcos Zaga, Elías Romano y el propio Zonana– es indicio de la inversión necesaria para lanzar este tipo de operaciones.

Virtudes nacionales

No obstante, México tiene el potencial para producir frutas y verduras a gran escala utilizando la agricultura protegida, en instalaciones tanto de alta como de media y baja tecnología. El país, gracias a su condición geográfica, tiene algunas ventajas como el clima y la altitud de algunas zonas, “lo que permite una producción durante todo el año, sin tanto gasto energético”, considera Merle Jensen, profesor emérito del Centro de Agricultura en Ambiente Controlado (CEAC, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Arizona. En Estados Unidos, donde la mayor parte del territorio es muy frío, “se requiere mucha energía para operar estos ambientes cerrados”.

Un invernadero hidropónico necesita mantener idealmente una temperatura constante de unos 16 grados centígrados. Mientras mayor diferencia exista entre la temperatura interior de estos hábitats y la exterior, se vuelve más complicado rentabilizar su operación.

Zonana asumió la dirección del proyecto desde sus inicios, antes de definir el modelo de negocios de Hydrofoods. Viajó a Israel y Holanda para analizar la tecnología disponible y estuvo en la Universidad de Arizona para obtener capacitación en la materia. Durante un recorrido en Israel, acompañado por el secretario de Agricultura de ese país, se dio cuenta del potencial que los invernaderos hidropónicos tenían. “Me quedé asombrado”, recuerda. “Lo que han hecho en el desierto es impensable. Entonces dije: ‘pues si en el desierto se puede’, entonces en nuestro país –que no es desierto– mucho más”.

En términos comerciales, “la gran ventaja que México tiene es que al norte de su frontera tiene a Estados Unidos y Canadá; así que hay un gran mercado para muchas frutas y vegetales que pueden producirse, tanto en invernaderos como a cielo abierto, en el clima más moderado del país”, dice Guy Cardineau, quien colaboró con un grupo de investigación en la Universidad de Arizona, que desarrollado invernaderos hidropónicos de alta tecnología y ahora está al frente del Centro de Agrobiotecnología del Tecnológico de Monterrey, especializado en técnicas de modificación genética y ubicado en la capital del estado de Nuevo León.

De hecho, prácticamente todos los vegetales que México exporta se destinan a Estados Unidos, según un estudio sobre horticultura protegida mexicana publicado por la Universidad de Wageningen, la universidad agrícola de Holanda, una de las más importantes del mundo en su ramo.

El valor de estas exportaciones fue de US$4,324 millones en 2010. De estos, 95% tuvo como destino Estados Unidos, seguido de Canadá con casi 1% y España (0.7%). Los productos agrícolas tienen alrededor de 21 días de vida en anaquel. Por ello, la cercanía y capacidad de transportar ágilmente el producto hasta el consumidor final es crucial y México, dada su vecindad con Estados Unidos y su relativa cercanía a Canadá, posee una ventaja sobre otros países para exportar este tipo de mercancías.

Por otro lado, los invernaderos, donde pueden cultivarse distintas variedades de vegetales y frutas, hoy son más atractivos porque el valor de estos cultivos se ha incrementado de forma considerable desde las décadas de 1980 y 1990, y es actualmente superior a la de los granos.

Para Javier Delgado, director de Focir, que promueve inversiones en los sectores rural y de agronegocios, la realidad del sector agrícola mexicano requiere “un modelo intensivo, como el que ya probamos en Querétaro con Agropark, de bajo riesgo y alta rentabilidad, y además, muy buena calidad de producto”.

Focir fue el artífice del diseño y arranque de Agropark, ubicado en Colón, Querétaro, a cinco minutos de Bernal. El predio era un rancho que llevaba ocioso más de una década y fue cedido por Sagarpa, que lo tenía bajo su custodia, para desarrollar un parque de agricultura protegida de alta tecnología en conjunto con la Embajada de Holanda, cuyo gobierno tenía interés en impulsar inversiones de este vuelo en dicho sector.

Holanda ofrece grandes lecciones agrícolas al mundo: con un tamaño similar al del estado de Guanajuato es el segundo exportador de agroproductos por valor, luego de Estados Unidos. El plan de negocios del parque se desarrolló en conjunto con la Universidad de Wageningen y su construcción arrancó a principios de 2007. Cinco años después, el parque ha vendido todos sus lotes.

A causa de la escasez de agua y que México tiene 30 millones de hectáreas cultivables como máximo –de las cuales sólo una quinta parte es irrigable–, el futuro agrícola del país está en la producción a través de invernaderos, con un consumo más racionado de agua, opina Delgado.

Por otro lado, pese al hecho de que la producción en invernaderos cuesta más que la producción a cielo abierto, el rendimiento potencial de una hectárea de invernadero –700% más que a cielo abierto– es tan inmenso que justifica la inversión. Y todo indica que los empresarios agrícolas ya se dieron cuenta.

Cultivos cubiertos

El uso de invernaderos en México creció de 9,900 hectáreas en 2008 a 14,800 hectáreas en 2010; casi 50% en apenas dos años. Se calcula que para 2014 habrá más de 20,000 hectáreas de producción en invernaderos, de acuerdo con NL Agency, una división del Ministerio de Economía holandés, en el documento México: Oportunidades de Negocio en Agroalimentos y Horticultura, publicado en junio pasado y que cita a fuentes oficiales mexicanas.

Delgado, de Focir, comenta por su parte que en el sector se calculaban unas 3,000 o 4,000 hectáreas de agricultura protegida en 2006 y que en la actualidad podría haber unas 19,000 hectáreas. Lo cierto es que se ha detonado la utilización de estas prácticas en el país. Un signo de ello es que nuestro país se convirtió en el primer destino de exportación de invernaderos holandeses en 2007, según la Universidad de Wageningen.

El aumento en el uso de agricultura protegida no es exclusivo de México; se trata de una tendencia mundial. Según Jensen, de la Universidad de Arizona, en China se pasó en el transcurso de casi tres décadas, de sólo 100 hectáreas de invernaderos a dos millones de hectáreas.

La oportunidad de negocio es clara y hay razones para pensar que el paisaje campirano del país realmente podría llenarse de invernaderos. ”Nuestro modelo sería replicable en zonas del centro de la República”, asegura el director de Hydrofoods.

Si bien para “manejar gente, organigramas, tecnologías, computadoras, mercados internacionales, logística para entrega en cadenas comerciales de Estados Unidos, sí tienes que poseer un perfil de empresario, pues el negocio puede ser en diferentes escalas”, detalla Zonana.

“No importa el tamaño del productor”, coincide Delgado, quien relata un caso que ejemplifica cómo la agricultura protegida puede funcionar a pequeña escala. En la Mixteca oaxaqueña, en el municipio de Huajuapan, existen unas 90 familias dueñas de casi 150 invernaderos pequeños de baja tecnología, donde la siembra es en tierra y que en conjunto no superan 20 hectáreas. Hace dos años la producción de jitomate se vendía localmente.

Organizadas por la Fundación Ayú, que preside el exgobernador Eladio Ramírez, apoyados por los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y asesorados por Focir y Levarht, en un par de años estos productores aprovecharon economías de escala para conseguir un solo abastecedor de semilla y construir un centro de acopio. Hoy están en vías de desarrollar un empaque, son proveedores de Walmart y “ya se compraron un tráiler refrigerado para llevar el producto”.

Además, hay interés en distintos estados por repetir la experiencia exitosa de Querétaro. En Aguascalientes está arrancando un agroparque en el Valle de Pabellón, al noroeste de la ciudad de Aguascalientes. Este proyecto incluye también un cluster, que implica la integración de distintas cadenas de producción, similar a los desarrollados por los holandeses.

Mientras tanto, para Hydrofoods el futuro pinta bien. Su plan es seguir creciendo con módulos más pequeños para tener productos especializados (por ejemplo, arúgula, fresas o moras). Su crecimiento será financiado con los recursos frescos que se obtengan en la Bolsa.

La empresa tiene claro el rumbo: “para llenar las expectativas del mercado americano y canadiense, a la velocidad que nosotros vamos, nos llevaría décadas. Si entramos en Bolsa, podemos ir muy rápido”, asegura Alfredo Zonana.