Columnas

De miedos y otros dragones

¿Cúantas veces no nos detenemos por temor a fracasar? No dejes que los miedos te definan. Mejor, enfréntalos y atrévete a seguir tu pasión.
De miedos y otros dragones
Crédito: Depositphotos.com
  • ---Shares

En estas últimas semanas he reflexionado tanto sobre el tema de los miedos, que fue inevitable escribir este pequeño cuento. Espero les ayude a ver las cosas con otros ojos. Empecemos como todo cuento debe comenzar…

Érase una vez un mundo llamado “Confortland”. Un mundo que tenía como fin controlar todos los elementos de la vida de sus habitantes, logrando así, minimizar los problemas y las sorpresas con un equilibrio tan perfecto que se confundía con la felicidad. Todo lo que existía fuera de este mundo era extremadamente peligroso y, por consecuencia, rechazado. Cualquier tipo de cambio estaba prohibido y cualquier sentido de reforma era imposible.

A pesar de este control, algunos guerreros se dieron cuenta de que algo no estaba bien y que seguro había algo del otro lado de las murallas. Para “Confortland” este tipo de personas no eran gratas, pero sabían que al atacarlas, crearían mártires y podrían provocar revoluciones, por lo que en lugar de eso encontraron una manera diferente de tratarlos.

Estas personas debían pasan por tres retos iniciales antes de poder cruzar la muralla:

1. La voz social (Círculo Externo)
Hay personas que se atreven a hacer cosas diferentes y les dicen locos, inadaptados, soñadores o cosas peores. Por lo que era común que otros individuos quisieran hacerles cambiar de mentalidad para que se mantuvieran dentro de las normas de “Confortland”.

Hay personas que no quieren arriesgar su seguridad y control a pesar de que el mundo pueda caerse a pedazos. Como dice el dicho “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”.

Esta prueba era muy complicada, ya que el ser humano tiene la necesidad de ser reconocido por los demás y, si la voluntad de los guerreros era débil, sin duda podían ser absorbidos por la masa.

2. Los dragones del miedo (Círculo Interno)
Si lograban superar esa primera prueba, la mayoría corría hacia la muralla pensando que cruzarla sería lo más sencillo, pero estaban muy equivocados.  

Al llegar a la cumbre de la muralla, la mayoría de los guerreros se dieron cuenta del error en el que vivían. Cuando un dragón se ponía en su camino, no era para lastimarlos, sino para protegerlos. Cada dragón llevaba en la piel los miedos formados por cada uno de ellos a lo largo del tiempo y su trabajo era susurrarles al oído ideas que les recordaran por qué era bueno quedarse en “Confortland”. Muchos guerreros eran seducidos por esto y regresaban para evitar enfrentar los posibles peligros.

Otros se daban cuenta de que los dragones eran protectores que ellos podían controlar y alimentar. Los pocos guerreros que lograron entender esto, vieron que los miedos no estaban dentro de ellos, como siempre les habían dicho, sino que son seres externos que buscan cuidarlos.

Al tener clara esta idea, estas personas decían: “Agradezco toda la protección que me has brindado, pero es hora de seguir adelante, me enseñaste lo que necesitaba, hoy no requiero más de tí.” Esta era la prueba más difícil de todas, ya que se enfrentaban a ellos mismos y reconocían que tenían fortalezas, no debilidades.

3. La prueba del fracaso.
Aunque las primeras dos pruebas eran determinantes y pesadas, no les garantizaban el éxito. Hay guerreros que cuando fallaban en su primer intento, se daban por vencidos y pensaban que “Confortland” no era tan malo como pensaban. Los que regresaban, pudieron conocer otro mundo, por lo que, a pesar de querer ser iguales que los demás, habían cambiado de alguna forma y no serán felices a menos de que lo intentaran de nuevo.

Existían otros guerreros que, a pesar de las derrotas, sabían que valía mucho más la pena seguir luchando que regresar y que cada fracaso tenía un aprendizaje que los acercaría más a la victoria para lograr su misión.

Los miedos no nos definen, cómo los enfrentamos sí. Nosotros contratamos a nuestros dragones para protegernos, nos son buenos ni malos, sólo son. La única realidad es que no están dentro de nosotros como siempre nos dijeron, son entes externos y, si logramos verlos de esta manera, será más fácil enfrentarlos, controlarlos y marcarles límites.

   *Miguel Carrillo es especialista en innovación, creador del Magic Innovation Model. Director General Creatima Consutling

       @MiguelCarderi