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3 lecciones de Picasso, King y Einstein

Te decimos cómo tres genios de la historia usaron su creatividad para cambiar el mundo –y cómo tú puedes hacer lo mismo–.
3 lecciones de Picasso, King y Einstein
Crédito: Depositphotos.com

La creatividad no es una cualidad esotérica que únicamente posean los Bob Marleys y Salvador Dalís del mundo; es una habilidad que se puede aprender, desarrollar y perfeccionar. Una vez que la incorpores en tu vida, podrás usarla para resolver problemas de formas innovadoras, de modo que otros miren tu trabajo y digan: “Hey, eso es genial. ¿Por qué no lo pensé antes?”.

Sin importar que el problema que estés resolviendo sea una escala musical, un plan de negocios, una pintura sobre un lienzo o un código secreto, la creatividad es tu herramienta de poder. Echemos un vistazo a cómo tres de los principales genios creativos de la historia usaron este regalo para cambiar el mundo –y a cómo puedes adaptar sus herramientas para hacer lo mismo–.
 

Pablo Picasso: trabaja de adelante hacia atrás

Para muchos emprendedores y artistas en ciernes, no hay nada más desalentador que una pizarra en blanco. "¿Qué tipo de negocio debo comenzar?", “¿mi idea es buena?”.

Preguntas como éstas nos persiguen con insistencia, y a veces nos hacen tirar la toalla antes de comenzar. Tener ideas buenas puede ser realmente difícil. Picasso lo sabía, así que diseñó una estrategia sencilla para evitar los bloqueos creativos

Él dijo:

"Las ideas son, simplemente, puntos de partida. Pocas veces puedo asentarlas cuando llegan a mi mente. Tan pronto empiezo a trabajar, llegan otras. Para saber lo que voy a dibujar necesito empezar primero… Cuando me encuentro frente a una página en blanco, eso siempre pasa por mi cabeza. Lo que plasmo a pesar de mí mismo me interesa más que mis propias ideas".

Para Picasso, la clave era comenzar antes de saber exactamente lo que iba a hacer. Es decir, trabajar a pesar de sí mismo. Para él la inspiración no provenía de una idea original, sino de lo que ocurría cuando se permitía empezar a trabajar sin la restricción del miedo a fallar. Para encontrar una gran idea quizá debas empezar al revés: trabajando primero. 

Después, deja que tu trabajo te guíe a tu punto máximo de creatividad. Recuerda: la esencia de “ser creativo” es “crear”. Así que empieza a crear algo.
 

Stephen King: establece cuotas diarias de trabajo

King es uno de los autores más prolíficos de nuestra generación: ha escrito 55 novelas, de las cuales 49 fueron bestsellers, cientos de historias cortas y media docena de libros de no ficción. Ah... y también genera alrededor de 40 millones de dólares al año, lo que lo convierte en uno de los escritores más ricos del mundo. Así que sabe lo que hace.

Pero, ¿cómo consigue dar rienda suelta a la bestia creativa de manera tan consistente y con una calidad tan alta? Su respuesta no debería sorprenderte: 

"Si quieres ser escritor debes hacer dos cosas por encima de todas las demás: leer mucho y escribir mucho. No existe, hasta donde yo sé, un atajo para evitar esto”. Tal vez te preguntes cuánto exactamente es “mucho”. 

El autor escribe alrededor de 10 páginas al día, es decir, 2 mil palabras, siete días a la semana, todas las semanas. Sí, incluso en vacaciones. ¿Este nivel de dedicación y consistencia te parece una locura? Considera el hecho de que crear una cuota diaria de trabajo y ajustarse a ella es uno de los hábitos más poderosos que jamás podrás crear. 

Simplemente imagina cómo sería tu vida si tomaras ese “hobby” como algo serio, aprendieras su lenguaje y comenzaras el negocio. ¿Qué pasaría si trabajaras en él sin parar por 365 días? Tendrías resultados increíbles. Podrías ser el siguiente Stephen King de tu campo. Así que ya lo sabes: establece una cuota pequeña y trabaja en ella cada día.
 

Albert Einstein: el juego combinatorio

Einstein es el físico más famoso de la historia, pero también era violinista y pianista aficionado. Con frecuencia, incorporaba ideas de su entorno musical a su trabajo como físico para hacer frente a problemas difíciles.

Con el fin de superar las planicies en el trabajo y ver los problemas desde perspectivas diferentes, Einstein usaba su mente para mezclar conceptos y reorganizarlos a su voluntad –un proceso que él llamó “juego combinatorio”–.  

Aunque podría parecer un poco complicado para algunos, el enfoque de Einstein es en realidad bastante simple: desnuda tus ideas hasta sus componentes más básicos, es decir, sin palabras. Después usa esas visualizaciones como piezas de un rompecabezas y prueba diferentes arreglos para ver cuáles encajan. Combina elementos aparentemente dispares y busca nuevos patrones. Juega.