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10 mandamientos de una empresa familiar

¿El talón de Aquiles de todo negocio familiar? La sucesión. Si no quieres quedarte en el camino, sigue estos 10 consejos.
10 mandamientos de una empresa familiar
Crédito: Depositphotos.com
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La receta es poderosamente simple: sin planeación no hay negocio. Sobre todo si se trata de lograr que una empresa crezca, se consolide y permanezca en el mercado de generación en generación.

Pero, ¿cuándo comenzar a planear? Desde el momento en que nace el primer miembro de la siguiente camada. La realidad es que, para trascender en el tiempo, el dueño de una organización debe tener la inquietud de mirar muchos años hacia adelante.

Una buena estrategia de sucesión lleva, como mínimo, 10 años. ¿La razón? Debes preparar con tiempo a los posibles candidatos y estudiar a fondo quién es el que más le conviene a la empresa, no a la familia. Todavía existe la creencia de que el sucesor debe ser el hijo varón y el mayor, independientemente de su capacidad e interés. Este error, sin embargo, puede solucionarse si se toman decisiones de acuerdo a un plan predeterminado.

El riesgo es desaparecer. Por eso, la recomendación es que entiendas y apliques en tu organización estos 10 mandamientos:

1. La sucesión es un hecho natural. Lo primero es reconocer que no puedes hacer nada para evitar este proceso. Para enfrentarlo, lo mejor es tomarte el tiempo necesario y comenzar oportunamente. Es en la sucesión donde se cristaliza y trasciende el iniciador de un negocio o se hunde en la memoria. Por ello, es imprescindible que la primera generación haga lo posible por instaurar un consejo de administración profesional. El gran secreto es no invitar al amigo contador o al abogado de la empresa, sino a gente completamente externa y que tenga amplia experiencia.

2. La sucesión es un proceso largo y flexible. No busques atajos: un negocio familiar es un proyecto ambicioso, pero complejo. Los expertos recomiendan no olvidar cuatro aspectos fundamentales: contar con dos o tres posibles sucesores, no improvisar, anticiparse para garantizar el éxito del proceso y ajustar la sucesión a la realidad de la empresa. El objetivo es que todos los involucrados, con tiempo y planeación, exploten sus fortalezas y trabajen sus debilidades.

3. Analizar los tres enfoques.

-El legal: tener las cosas en orden, tanto en el protocolo como en los estatutos. Considera temas de divorcios, matrimonios y separaciones.

-El código familiar: las reglas de funcionamiento de la organización.

-El humano: analizar y entender a las personas como sujetos, con necesidades, intereses, sentimientos, complejidades y envidias.

Recuerda: "Un buen plan hoy es mejor que un plan perfecto mañana". 

4. Establecer el plan por escrito. No basta tener la idea; hay que dejar todo por escrito, como si fuera un plan de negocios. El objetivo es resguardar el verdadero sentido de la sucesión y que éste pueda seguirse al pie de la letra. En este punto es clave responder una serie de preguntas: ¿por qué se hace?, ¿cuándo se hará?, ¿quién lo hará?, ¿quién será el próximo director?, ¿qué requisitos debe cumplir?, ¿quién puede llenar el perfil, sea o no de la familia o de la empresa? y ¿qué papel tendrá del padre o fundador en el futuro de la empresa?

5. Pensar en los otros... pero también en uno mismo. Este punto es clave para el fundador: el plan de sucesión debe considerar cuál será el futuro de quien deja el cargo. A veces sólo se piensa desde el punto de vista de la empresa y de quién será el sucesor, pero es vital que el fundador o el padre piensen qué va a pasar con ellos cuando salgan del negocio, tanto en lo económico como en lo personal.

6. Decidir la sucesión con el corazón... pero sobre todo con la cabeza. En este proceso se involucran tanto los sentimientos (como padre) como la razón (como empresario), pero la segunda debe predominar. Acude con consultores externos para que tu decisión sea objetiva. Elige al más capaz y, sobre todo, salvaguarda los intereses de la empresa y la unidad familiar. Dale prioridad al negocio y no la familia. Lo ideal es armonizar los dos intereses, pero cuando no se puede, debe prevalecer el negocio. Esto augura la permanencia de la empresa y de la misma familia. Recuerda que si la empresa va bien, la familia va bien; si la empresa va mal, la familia va mal.

7. Ayudar al sucesor a convertirse en el nuevo líder. Antes de dirigir, un sucesor debe conocer con profundidad el negocio. De esto surge la idea de prepararlos desde pequeños. Llévalos a trabajar en las vacaciones, pero hazlo apoyado en un plan específico y definido. Así lograrás que se ganen el respeto de los trabajadores. Después de esta etapa, es recomendable que trabaje fuera del negocio y, si es capaz, que regrese a la empresa. De esta forma se le da seguridad personal al sucesor, además de que aprenderá otros métodos de trabajo y otras culturas de organización.

8. Asegura la participación de los directivos de la empresa. Esta es un arma indispensable para planear y ejecutar con éxito un plan de sucesión: involucra a todo el cuerpo directivo. Siempre es bueno conocer sus puntos de vista y escuchar sus consejos.

9. La sucesión debe ilusionar a la familia. Es ideal que tanto en la familia como en la empresa prevalezcan los sueños del fundador. Comunica la razón por la que surgió el proyecto y transmite siempre los valores de la compañía. Así, además, lograrás que todos estén comprometidos con el proceso. Se recomienda realizar lo que se conoce como "concilio familiar", que es una reunión, fuera del ámbito de la oficina o la industria, a la que acude todo el núcleo familiar. Aquí se generará una interacción entre todos los miembros que facilitará dos procesos:

-Uno informativo, para comunicar y transmitir los valores de la empresa de generación en generación.
-Otro formativo, para afinar planes específicos y discutir temas de actualidad (política, tecnología, crecimiento...) o de importancia para la compañía.

La cordialidad familiar es fundamental para que se dé el proceso de sucesión y también debe plantearse desde el inicio. No se trata de que no existan problemas, sino que existan y se resuelvan. 

10. Si no ves claro, piensa en otras opciones. ¿Qué pasaría si ninguno de tus hijos quiere dirigir tu empresa o si no consigues una persona externa que quiera tu puesto? Sencillo: tu compañía cerraría. Por ello, cuando planifiques, considera una estrategia alternativa. Incluso una fusión o la venta del negocio o de tus acciones.