Emprendedores

Cómo ser un niño emprendedor

Álvaro Cabo, quien a sus 12 años es uno de los conferencistas más jóvenes del mundo, nos dice cómo fue su experiencia.
Cómo ser un niño emprendedor
Crédito: Depositphotos.com

Desde pequeño he querido inventar o idear algo con lo que poder ganar dinero para comprarme los libros que me gustan, las monedas o billetes que colecciono, para viajar, para pagarme clases de idiomas o campamentos para aprender y relacionarme con niños de otros países.

Pero los niños emprendedores siempre nos encontramos con las mismas dificultades: no tenemos edad para pedir un préstamo y no disponemos de dinero propio.  Pero sí tenemos ideas que se tiran a la basura porque se supone que nosotros no estamos formados ni maduros para forjar una empresa o idear un proyecto fructífero, que incluso dé trabajo a personas adultas. En el mundo hay casos de niños que gracias a que les han dado la oportunidad, han sido capaces de sacar una adelante una idea e incluso a su familia.

El emprendimiento no tiene edad y cuanto antes empecemos a desarrollarlo en nuestras vidas mejor, por lo que en las escuelas deberíamos aprender sobre la vida emprendedora desde primaria, incorporando la materia de Economía, ya que deberíamos tener este espíritu desde muy temprana edad.

Ser emprendedor no significa poner un negocio, es mucho más.

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Cuando tenía cinco años a mi mamá le hicieron un grafiti en su tienda de decoración y yo me sentí muy mal, primero porque no entendía que alguien fuera capaz de hacer eso y segundo porque vi a mi madre muy molesta. Entonces, durante la siesta, estuve ideando una manera de poder limpiar el grafiti y surgió "la máquina contra grafitis" (hice un plano en un papel) con muchos cables y enchufes que lanzaba agua y arena a presión por una manguera. Me llevé un chasco al saber que ya lo habían quitado sin usar mi máquina, no obstante, gané 10 € por mi invento ya que les impresionó a todos mi ocurrencia. Gracias a que mis padres alentaron mi iniciativa, seguí adelante con mis proyectos.

Un año después, quise poner en marcha un periódico que se llamó "El heraldo Ranger" en el que además de hablar de lo que en ese momento me gustaba mucho, los Pokémon, pretendí hacer con él un negocio que consistió en fichar a unos compañeros de mi clase, para que cada uno escribiera una sección semanal por la cual, les pagaba 2 € al mes por cabeza. Con esa iniciativa me presente ante el director de primaria para que cuando el periódico estuviera listo hiciera una tirada de algunos ejemplares y así lo pudieran leer otros compañeros y contagiarles el espíritu periodístico. ¿Cuál fue su respuesta? Nosotros no tenemos presupuesto ni tiempo para hacer fotocopias, por lo que mis compañeros se rindieron y me quedé solo en el intento.

Otro día leí que había niños que para ganarse un dinero extra en otros países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia hacían limonada y galletas en sus casas y después lo vendían en la calle, también otros cortaban el césped, repartían periódicos, hacían tareas domésticas o sacaban a los perros a pasear, y entonces yo quise hacerlo, pero me encontré con un problema: en España, mi país de origen, un niño no puede tener un trabajo remunerado.  Y yo pienso ¿cómo se quiere fomentar el espíritu emprendedor entre los niños si no podemos poner desde pequeños nuestro propio negocio?

Con ocho años, antes de hacer la Primera Comunión, comencé a ejercer como monaguillo, esto ha sido para mí una de mis mejores experiencias, porque para tener un espíritu emprendedor hay que empezar por creer en uno mismo y en los demás, además es una responsabilidad tener que ir todos los domingos y leer las lecturas para todos los feligreses que allí nos juntamos.

En el verano en el que había cumplido nueve años, mis padres decidieron hacer una liquidación de stock de su tienda, y por supuesto, me ofrecí a ayudarles. Cada día sacaba y metía los muebles que queríamos liquidar, pero me di cuenta de que a los clientes habría que darles algo extra para que se acercaran a ver los productos.  Le dije a mi mamá que comprara dulce e imprimiera más tarjetas de presentación. Yo se lo ofrecía a los que se pasaban por la tienda y a continuación les daba una tarjeta, para acto seguido explicarles una técnica de pantografiado con la que nos hemos hecho expertos. Con eso aumentaron no solo las ventas del material que ya teníamos, sino que nos encargaron más trabajo. Aprendí a llevar la contabilidad y a hacer recibos y facturas. Y lo más importante, a tener paciencia y a aceptar un “No” y seguir adelante.

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Pero lo que más me ha marcado como emprendedor fue el día que fundé con diez años mi blog “Mi país a través de mis ojos”, una aventura que ya dura dos años y que me llevó a convertirme en el bloguero de actualidad más joven del mundo. A raíz de mis escritos que corrieron por las RRSS como la espuma, los medios de comunicación se hicieron eco de mi presencia en la red, y algunos me contrataron como colaborador, convirtiéndome de nuevo en el columnista más joven de España. Actualmente participo en radio, televisión y soy columnista en tres periódicos, uno de ellos de tirada nacional.

Pero un emprendedor que se precie no puede quedarse esperando a que vengan a buscarle a casa. Debido a mi condición de niño con altas capacidades, había sufrido una serie de incomprensiones y frustraciones en la escuela por parte de profesores y alumnos, por lo que a los once años, decidí escribir mi libro “Ser inteligente no es un delito. Aventuras y desventuras de un joven pensador”, para poner de manifiesto a una sociedad poco tolerante con el que sobresale y así ayudar a otras personas que atraviesan esa misma situación. Diseñé unas tarjetas de presentación, y con el manuscrito en mano, me presenté en la Feria del Libro de Madrid a vender mi producto. El libro alcanzó la segunda edición a los tres meses de salir a la venta, por lo que también decidí crear una página web oficial

A raíz de varias presentaciones me empezaron a conceder premios y reconocimientos e invitarme desde escuelas y asociaciones para hablar de mi libro y de mis experiencias, hasta que, a mis once años me encontré dando mi primera conferencia “Las letras no tienen edad ni fronteras” en la Universidad de la Manouba de Túnez junto con catedráticos y escritores de renombre como Luis Eduardo Aute.

A esta le siguieron otras aventuras más hasta que a los doce años -edad que tengo ahora- decidí crear propio ciclo de conferencias llamado “Tu éxito está tu esfuerzo”, convirtiéndome así en uno de los conferencistas más jóvenes del mundo. Con este proyecto estoy intentando llevar por todo el mundo, que el éxito personal se consigue a través del esfuerzo, disciplina y perseverancia y no delante de un televisor o una videoconsola.

Hay que escuchar a los niños, porque el espíritu emprendedor está en todos los que queremos innovar, tengamos la edad que tengamos.

Sobre el autor

Álvaro Cabo es un niño emprendedor, bloguero de actualidad y uno de los conferencistas más jóvenes del mundo. Puedes seguirlo en @MiPaisatravesde.