Microgestión

El lado oscuro de la microgestión

En su peor faceta, ésta puede orillar a que una empresa se deteriore progresivamente desde adentro hacia afuera.
El lado oscuro de la microgestión
Crédito: Depositphotos.com

Hace un par de años tuve la gran suerte de observar desde adentro cómo el dueño de una empresa con reconocimiento nacional e internacional llevó tanto a su equipo, como a su propio negocio, a la deriva por creer que la microgestión era la única forma correcta de trabajar.

Afortunadamente hoy día puedo compartir la caída de esta empresa como una experiencia que puede desembocar en algo fructífero para todo aquel que esté emprendiendo y pueda caer en el lado oscuro de la microgestión.

Conozcamos a continuación cómo es que centrar tu energía en examinar todo de forma exhaustiva y obsesiva, en lugar de concentrar tu atención en la calidad del resultado final, afecta paulatinamente el desempeño de tu equipo hasta menguar la energía vital de tu empresa.

1. Inseguridad y desconfianza

En la microgestión es común que el líder de la empresa no confíe en su equipo de trabajo aún sabiendo que las habilidades de todos sus miembros demuestran lo contrario.

Ejemplo: Incapacidad de permitir que los miembros del equipo presenten una propuesta a un cliente sin antes él realizar ajustes que no eran necesarios.

¿Qué hacer?

En tu rol como jefe también está la tarea de enfocarte en crear seguridad y confianza entre los colaboradores. Ten siempre en mente que ellos también son parte de la fórmula para alcanzar los buenos resultados que acompañan a tu empresa. Motiva, escucha, muestra interés y también, por qué no, celebra sus aciertos.

2. Control incontrolado

Aún existen dueños que creen que para ejercer su rol en la empresa necesitan monitorear constantemente qué hace su equipo y, peor aún, cómo es que lo hacen.

Ejemplo: Un colaborador es incapaz de relajarse porque sabe que su jefe puede llegar en cualquier momento a pararse al lado de él con la única finalidad de observar aquello que está haciendo en su computadora. Si éste se encontrara en un momento de distracción, el jefe en cuestión lo regañaría advirtiéndole que a la oficina se va únicamente a trabajar. Pero, si “por error” estuviera realizando su trabajo de una manera distinta a él, también saldría regañado, con la creatividad coartada y sin la libertad de llegar a un, aunque distinto, gran resultado final.

¿Qué hacer?

Dale la oportunidad a tu equipo de proponer, hacer e incluso equivocarse. Si tú como dueño no puedes dejar de pensar en lo que están haciendo los demás, necesitas comenzar a definir detenidamente tu rol y, por el bien de tu futuro, aclarar las prioridades de tu negocio.

3. Incapacidad para delegar

Un jefe con el síndrome de la microgestión es incapaz de delegar tareas porque, nuevamente, cree que nadie hará un mejor papel que él.

Ejemplo: Si siente un impulso incontrolable de participar en todas las llamadas que involucran a los clientes, de leer todos los correos que envían tus colaboradores o de atender personalmente todas tus cuentas, no solo te estarás convirtiendo en pulpo, sino que lograrás que tu empresa poco a poco se vuelva ineficiente. 

¿Qué hacer?

Aprende a delegar y confiar en que tu elección de colaboradores es la correcta para cada actividad. Otórgale a tu equipo la autoridad y autonomía de tomar decisiones y resolver cualquier tipo de eventualidad. Con esto, reforzarás su confianza en ti y en sus propias capacidades. Recuerda que, delegar el control no significa perderlo.

4. Más obstinado imposible

En el mundo real, querer que todos a nuestro alrededor nos den la razón es algo, además de absurdo, imposible. Pero, en el mundo de la microgestión, sucede todo lo contrario. Aquí, el jefe no tolera que su equipo opine, justifique, defienda, demuestre que existen otros caminos o le lleven la contra. Al final, él siempre luchará por tener la última palabra y, por supuesto, “la razón”.

Ejemplo: Un miembro del equipo le muestra a su jefe la presentación final que le estará presentando a un cliente hoy por la tarde. El jefe afirma que una de las secciones no debe incluirse argumentando que no es necesario.

Su colaborador le comunica que el cliente ha mencionado en varias ocasiones que esa información es vital, pero ya no hay poder humano para convencerlo de lo contrario. Durante la presentación, el cliente se molesta argumentando que su solicitud, nuevamente, no fue tomada en cuenta.

¿Qué hacer?

Fíate de que cada miembro de tu equipo está al tanto de las necesidades de tus clientes y sus proyectos. Ellos son quienes deben conocer a detalle los requerimientos de los mismos.

Ahora bien, deliberemos qué tanto vale la pena invertir tu tiempo bajo el esquema de la microgestión. ¿Realmente te gustaría ser el jefe que siempre tiene un “pero” en la boca? ¿Deseas que tus colaboradores pierdan su motivación y su confianza paulatinamente? ¿O que tus clientes dejen de confiar en la formalidad de tu negocio? Por supuesto que no.

Prevén que este estilo de dirección emerja en tu empresa y origine consecuencias graves que difícilmente dejaran que tu negocio vuelva a ver la luz del sol.