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Antes de fundar Shark Tank él vendía gorras en las calles de NY

Hace más de 20 años, Daymond John vendía en las calles de Queens gorras que más tarde lo llevaron a convertirse en un millonario de ropa para hiphoperos y en unos de los fundadores del programa Shark Tank en Estados Unidos.
Antes de fundar Shark Tank él vendía gorras en las calles de NY
Crédito: Alto Nivel
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Por Ricardo Dorantes

Antes de convertirse en tiburón, Daymond John saltó a la fama como un millonario del hip hop. Su historia es particular, pues nunca aprendió a tocar un instrumento, ni a cantar, ni a rimar, es más, nunca ha vendido un solo disco.

John nació en 1969 y se crió en el condado de Queens, en Nueva York, el distrito más grande de los cinco que componen la metrópoli. Entre beats de rap y la clase trabajadora, el ahora empresario buscaba trascender a través de la música, aunque conocía sus propias limitaciones.

“Mi madre no veía el dinero como el fin del éxito, sino como un medio para mantenernos a mis hermanos y a mí; para nosotros ser exitoso significaba ser una buena mujer, un buen padre, un buen esposo. Yo sé que hay personas millonarias que son totalmente miserables: Donald Trump, por ejemplo”, dijo John durante su reciente participación en el congreso World Business Forum (WOBI), que se celebró en la Ciudad de México.

El neoyorquino creció con el boom del hip hop, la música con la que se comunicaba toda una comunidad, y que posteriormente puso las bases de una cultura, de una forma de vida y, una moda.

Influenciado por el éxito de personajes como el productor Russell Simmons y del cantante LL Cool J, Daymond John salió a las calles a vender gorras que acompañaban la moda del incipiente outfit hiphopero.

Esos fueron los pininos de FUBU, acrónimo de For Us By Us, la marca que llevó a John más allá de los cuernos de la luna.

“Me había planteado un objetivo: vestir a la comunidad. Mi madre me enseñó a hacer un inventario, me dijo ‘tú eres el activo de tu empresa, tu enfoque y tu educación. Ser pobre es algo temporal, pero la forma de pensar es permanente, así que toma ese inventario para ti’”, evocó el emprendedor.

Con el apoyo de su madre, quien no dudó en hipotecar la casa familiar cuando John regresó de un viaje a Las Vegas con su primer gran pedido, y del mimso LL Cool J, quien hizo una extraña campaña de publicidad para FUBU –en la que usó una gorra de la marca durante un comercial de GAP--, John comenzó a ver el rápido crecimiento de su firma, la cual alcanzó un valor de 1.3 mil millones de dólares.

La moda de FUBU cayó en picada como sucede con todas las modas. No sin antes llevar a Daymond John a cumplir con sus sueños: estrechar la mano de Mohamed Ali y la de Prince, vestir a un montón de celebridades, desde Will Smith hasta N’Sync, y abanderar el estilo hiphopero de cambio de siglo.

Pero el empresario no detuvo su camino, por el contrario, diversificó su mercado y salió a pescar como un predador en el océano.

Los días como tiburón

El empresario de 47 años es uno de los fundadores del programa Shark Tank (Tanque de Tiburones), plataforma que le ha permitido incursionar en distintos mercados desde que arrancó el reality en 2009, aunque sus inversiones principales aún se encaminan al segmento de la moda.

En 2015 fue nombrado Embajador del Emprendimiento Global por el Presidente Barack Obama, entre múltiples reconocimientos que incluyen el mérito Ernst & Young New York al Emprendedor del Año y el premio de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color, también como Emprendedor del Año.

John ha dicho en diversas entrevistas que ha generado suficiente patrimonio como para sólo “jugar” con el 50 por ciento; la otra mitad preferiría no tocarla y heredarla a sus hijos o a alguna organización.

Se trata de uno de los mejores ejemplos de que el trabajo genera recompensas, así como de la importancia de tomar riesgos de forma inteligente: “si no estás cometiendo muchos errores, no estás haciendo muchos movimientos”, subrayó.

Su karma empresarial lo resume todo: la primera vez que John buscó un crédito, 27 bancos le cerraron la puerta; hoy es uno de los inversionistas más buscados –y famosos—de Estados Unidos.

 

Texto publicado originalmente para Alto Nivel.