De la revista

Obtén las habilidades de un oficio para emprender hoy

Pienso que hay una gran oportunidad en México para explotar negocios que centren su actividad en oficios. El problema es que, por alguna razón, muchos no son atraídos por estas alternativas.
Obtén las habilidades de un oficio para emprender hoy
Crédito: Depositphotos.com
  • ---Shares

Recientemente, el Presidente del Consejo de Administración de Aeroméxico, Javier Arrigunaga, me dijo en una comida: “siempre he creído que todos debemos tener al menos un oficio; ser expertos en algo”.

Creo que no violo ningún precepto de confidencialidad al revelar esta frase, pues no fue una entrevista y no tiene nada que ver con Aeroméxico ni con las empresas en las que Javier participa. Y me parece que ocultarla sería un desperdicio, porque quizá constituye uno de los mejores consejos que he escuchado en la vida.

Los oficios son trabajos que, históricamente, se realizan con las manos o con un grado bajo de especialización científica, prácticamente de manera artesanal, y casi siempre se aprenden observando e imitando a los individuos que, con experiencia, los exhiben al ponerlos a diario en práctica.

Algunos exigen un mayor grado de intuición intelectual, como la interpretación simultánea, que auxilia a un grupo de personas a comprender lo que dice un conferenciante en otra lengua.

El periodismo también es un oficio. Muchos de quienes nos dedicamos a esto no estudiamos comunicación. Aprendimos en el camino. A lo largo de las últimas décadas algunos oficios se han convertido en una especie de “bien escaso”.

Por ejemplo, si bien hace décadas era relativamente sencillo ubicar un taller de orfebrería, uno de cerrajería, o el negocio de un tapicero; conforme ha avanzado el desarrollo de los países este tipo de negocios o personas que se dedican a ello se vuelven difíciles de encontrar en una ciudad.

En México se trata de un problema muy patente en las grandes ciudades. El problema está creciendo: ¿quién no ha tenido dificultad para hallar un buen carpintero que remodele los armarios de la casa?; ¿cuánto tiempo se ha tenido que esperar una familia para que un buen fontanero acuda a corregir una fuga de agua o instale un aparato nuevo que compró la familia?; ¿alguien ha escuchado que a algún amigo le costó mucho tiempo hallar un cerrajero que cambiara la chapa de una puerta?; ¿y qué tal encontrar un buen chofer, confiable, orientado, limpio y dispuesto?; ¿y un buen instructor de tenis o de algún otro deporte para que los niños se entrenen en alguna disciplina?

Pienso que hay una gran oportunidad en México para explotar negocios que centren su actividad en los oficios. El problema es que, por alguna razón, muchos emprendedores no son atraídos por estas alternativas: los jóvenes mejor preparados encuentran poco atractivo en iniciar, por ejemplo, un taller de carpintería.

¡Si supieran la escasez de talento que hay en el sector! Hoy puede afirmarse sin equivocarse que un buen taller de carpintería, que cumpla especificaciones y tiempos de entrega, puede cobrar una prima adicional por prestar un servicio de calidad y capturar un buen pedazo de mercado.

Recientemente tuve muchos casos personales que lo comprueban, hasta el punto en que un carpintero me dijo –luego de incumplir innumerables veces con fechas de entrega–, que de plano ya no me iba a prestar ningún tipo de servicio. Es lógico: el tipo se encarga de hacer clósets de hoteles, así que resolverme el problema de una cabecera de madera le resultaba incosteable.

México tiene un futuro que implica la llegada de muchas máquinas para reemplazar a los seres humanos. Esto bajará los precios de muchos productos para el consumidor. No obstante, tenemos también una mano de obra que encajaría perfecto en modelos de negocio que podrían capturar el segmento de mercado que está dispuesto a pagar por un trabajo hecho artesanalmente. Ojalá los emprendedores no desprecien esta oportunidad.