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La extraña obsesión de Elon Musk

Según el llamado 'Iron Man de la vida real', el tiempo de vida de la Tierra está contado y con ella, la subsistencia de la especie humana.
La extraña obsesión de Elon Musk
Crédito: Depositphotos.com
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Escrito originalmente para Cultura Colectiva

Por Alejandro López  

“Da Vinci del siglo XXI”, “Iron Man de la vida real” o simplemente “genio”. La exageración va de muy de la mano con Elon Musk, el empresario sudafricano que desde hace al menos una década acapara reflectores con sus ambiciosos proyectos para transformar radicalmente la vida tal y como la conocemos a través de la tecnología.

Columnistas, diarios y revistas se desviven por el flamante fundador de SpaceX y Tesla, dos de las empresas tecnológicas más portentosas de la actualidad, vanguardia tanto de la industria aeroespacial como del diseño de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía.

En el papel, los planes de Musk para el futuro próximo están cargados de las mejores intenciones. Nadie podría siquiera imaginar que detener el calentamiento global a partir de la utilización de energías renovables, la creación de automóviles autónomos no contaminantes o el desarrollo de la ingeniería aeroespacial con vistas a hacer de la humanidad una civilización multiplanetaria podrían entrañar un lado oscuro.

No obstante, analizando un poco más de cerca el contexto actual y escuchando con atención los planes del multimillonario, el futuro no luce esperanzador, especialmente cuando un conglomerado de empresas como las de Musk se posicionan al frente del desarrollo científico y el devenir de la humanidad en las próximas décadas.

Marte, la obsesión de Musk 

Para nadie es un secreto que el negocio que más quita el sueño a su fundador es SpaceX. Desde su nacimiento en 2002, pasando por los prototipos del Falcon y el largo andar del Dragon (hasta conseguir un jugoso contrato con la NASA para abastecer la ISS), la carrera de la empresa por posicionarse junto a líderes de la industria tiene un fin a corto plazo tan evidente como lejano: llevar a la humanidad a Marte.

En septiembre de 2016 en el marco del Congreso Internacional de Aeronáutica (IAC) celebrado en Guadalajara, México, Elon Musk reveló la primera parte de su plan maestro para ser el primero en llevar al hombre al planeta rojo en 2023. Desde entonces, el discurso oficial de SpaceX y su fundador tomó un tinte definitivamente apocalíptico que cada vez más, se reproduce como verdad en el gran público como una necesidad imperiosa, una obligación en el futuro de la humanidad en las próximas décadas. Ante la disyuntiva planteada de “permanecer en la Tierra en espera de una extinción final o transformar a la humanidad en una especie multiplanetaria”, la atropellada respuesta de Elon Musk es tan engañosa como la pregunta misma.

Según Musk, el tiempo de vida de la Tierra está contado y con ella, la subsistencia de la especie humana. El escenario apocalíptico que brota de la mente del sudafricano incluye un fenómeno de extinción final, mencionado en incontables ocasiones sin reparar en los detalles o las causas. Ante tal panorama –y siguiendo el escenario de Musk– sólo existen dos posibilidades: quedarse en el sitio que conocemos como nuestro hogar a esperar el irreversible final o convertirnos en una “especie multiplanetaria”. En el segundo punto radica la enorme responsabilidad de tomar con escepticismo y en su justa dimensión las palabras, planes e ideas del empresario sudafricano.

El éxito de Musk como empresario y su habilidad para hacer millones no está en duda. Paypal, SolarCity y hasta la revolucionaria Neuralink son la otra cara de ambiciosos proyectos que intentan innovar con el abaratamiento de tecnología aplicada; sin embargo, su plan para llevar al hombre a Marte luce como una sentencia dictada para la Tierra y al mismo tiempo, un riesgoso contrasentido basado en buenos deseos que podría llevar al traste a la civilización humana. Ante la propuesta primaria del director y dueño de SpaceX, surgen un sinfín de preguntas que requieren de una explicación y discusión más amplia en todos los sentidos:

¿En verdad es imprescindible llegar a Marte para evitar una extinción final?

 Peor aún: ¿será que la Tierra no tiene salvación y es más complicado revertir los estragos de la contaminación, el calentamiento global y la huella de la historia del hombre que colonizar Marte?

¿En realidad es más barato y eficiente terraformar el planeta rojo y fundar una colonia en los próximos 50 años, que utilizar la tecnología existente para asegurarse de la sustentabilidad ecológica de la Tierra como un organismo vivo?

¿Acaso la llegada a Marte es prioridad ante la destrucción del único sitio que conocemos capaz de albergar vida?

Por último, ¿qué papel juega el turismo y la minería espacial en el plan de Musk?

Los riesgos de dejarse llevar por la ola de optimismo y el halo de Mesías con que carga Elon Musk y sus proyectos están a la vista de todos. Las preguntas son amplias y las verdaderas intenciones, tanto de SpaceX, como de Virgin Galactic, Deep Spaces Industries y otras empresas interesadas en viajar a Marte en esta nueva etapa de la exploración espacial a cargo del financiamiento privado aún no están del todo claras.

Las ideas del empresario han sido sorpresivamente secundadas por una parcialidad de la comunidad científica, tal es el caso del propio Stephen Hawking, quien afirmó a principios de mayo que la humanidad tiene un siglo para colonizar un nuevo planeta o bien, perecer en la Tierra.

Curiosamente, tan sólo un mes antes de su polémica declaración, el fundador de Virgin Galactic, Richard Branson, invitó al cosmólogo británico a conocer el espacio a bordo del VSS Unity, el primer vehículo que pretende llevar pasajeros más allá de la atmósfera terrestre, ¿coincidencia?

Escrito originalmente para Cultura Colectiva

¿Qué opinas de la fijación de Musk por llevar a la humanidad a Marte? ¿Concuerdas con sus ideas sobre el futuro de la humanidad? 

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