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El hombre que expandió el coworking por el mundo

Eduardo Molina es un joven mexicano que de la mano de WeWork ha logrado impulsar el concepto de trabajo colaborativo.
El hombre que expandió el coworking por el mundo
Crédito: Cortesía WeWork
7 min read
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Escrito originalmente para Alto Nivel

El primero de julio de 2015, Eduardo Molina abría el cuarto edificio de la operación de WeWork en Londres. Con una copa de tequila en la mano, el joven brindaba por una de las empresas de coworking más importantes del mundo y la firma le agradecía a este mexicano la expansión del modelo de espacios compartidos de trabajo por el mundo.

Eduardo se ha encargado de abrir la operación de WeWork en varias ciudades de Estados Unidos y de Europa, y ahora se enfoca en la expansión de la firma coworking en América Latina. El joven ejecutivo ha trabajado en la empresa por casi tres años.

“Nuestra frase es ‘haz lo que amas’ y ese es el significado de lo que la gente está buscando”, asegura Eduardo Molina, gerente general de WeWork en México.

Eduardo conversa con Alto Nivel desde las instalaciones de WeWork en la Torre Reforma Latino, que se ubica en Paseo de la Reforma, en Ciudad de México. Este es el edificio más alto que tiene la firma estadounidense en el mundo.

“Es una vista muy bonita y, a veces, se alcanzan a ver los volcanes”, dice Eduardo.

WeWork se encuentra presente en más de 45 ciudades y tiene 150 edificios con capacidad de recibir de 1,000 hasta 2,800 personas. Esta empresa acaba de abrir su cuarta ubicación en la Ciudad de México.

La firma nacida en Estados Unidos ofrece a nivel global un espacio de trabajo, servicios de oficina y una red de contactos compuesta por los 100,000 residentes de los inmuebles, los cuales son compartidos por varias empresas locales e internacionales de todos los tamaños.

WeWork fue fundada por Adam Neuman y se encuentra valuada en 16,000 millones de dólares (mdd).

Arquitectos, diseñadores gráficos, firmas de relaciones públicas, fotógrafos, abogados y otros profesionistas se dan cita en estos espacios.

Uno de los objetivos que persigue la organización es crear comunidades locales con otras a nivel global. Una aplicación permite que los usuarios se mantengan en contactos con la red creada por WeWork y no importa que estén en Londres, Shanghái, Buenos Aires o Nueva York, lo que permite desarrollar negocios en todas partes.

Eduardo Molina se ha convertido en una pieza clave para el avance de la empresa de coworking y ha regresado a México para iniciar la expansión del negocio, así como demostrar que un mexicano puede ser profeta en su propia tierra.

Un mexicano global

Eduardo estudió la carrera de Relaciones Internacionales en el Tec de Monterrey, ya que siempre estuvo interesado en las tendencias de desarrollo a nivel internacional.

“Soy de Monterrey y es una de las cosas que no me gusta decir”, bromea el joven Molina.

La empresa llegó a México en septiembre del año pasado. “En México, estamos viendo una de las expansiones más rápidas que ha tenido WeWork en los últimos siete años”, dice.

El crecimiento de la firma se asocia con el apetito por emprender y hacer negocios.  América Latina llama la atención de la compañía por ser un foco de cooperación regional. “Creemos que en América Latina hay oportunidades para eso”, dice.

Cerca de 27 por ciento de los jóvenes latinoamericanos emprende por la necesidad de desarrollar un negocio y no posee las herramientas necesarias para hacerlo, asegura WeWork.

En México, Endeavor calcula que, en 2008, había dos fondos de inversión con 40 millones de dólares (mdd) disponibles para nuevas empresas; mientras que hoy existen 25 fondos de capital privado que cuentan con 1,000 mdd. El apetito por generar emprendimientos es latente.

Mientras que, en América Latina, un 80 por ciento de los empleos son generados por Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes). Una oportunidad que la firma mira con buenos ojos.

“La tendencia es formar parte de algo más grande que ellos mismos”, dice Eduardo Molina.

Pero no solo los emprendedores se encuentran en el radar da esta compañía. Bacardi y Endeavor son parte de los corporativos que ya se encuentran presentes en las instalaciones de WeWork México. General Electric, Microsoft, Dell y HSBC pertenecen a su cartera global de clientes.

Oportunidades de crecer

Eduardo quiere continuar con la expansión del modelo de espacios compartido de trabajo en la región. Brasil, México y Colombia marcan posibilidades de crecimiento. La empresa busca zonas metropolitanas que cuenten con accesibilidad e infraestructura inmobiliaria que otorguen condiciones de desarrollo, como luz natural.

Los edificios utilizados en WeWork abarcan superficies de 6,500 metros cuadrados, aunque pueden utilizarse espacios más grandes o pequeños, de acuerdo con la demanda de los usuarios en ciertas zonas.

La firma de coworking abrirá a finales de este año sus instalaciones en Colombia, el plan también contempla realizar diversas aperturas en Buenos Aires y Brasil.

El desarrollo del proyecto involucra elementos de operación local, como son los desarrolladores de interiores y el personal que labora en las instalaciones.

El joven ejecutivo cree que cada ubicación que tiene WeWork cuenta con un elemento que lo diferencia del resto. En la capital del país existen edificios con una terraza de vista encantadora o un espacio en donde las mascotas son bienvenidas a la selva de las computadoras, en donde el hombre de la oficina controla su nueva naturaleza.

Los centros de trabajo promueven conferencias que buscan enseñar y desarrollar las habilidades de los miembros del llamado coworking, así como fiestas temáticas.

Chicago, Seattle, San Francisco y Londres muestra el interés en desarrollar una comunidad global y llevar sus negocios.

Nueva York alberga 35 edificios de WeWork, que han sido abiertos en los últimos siete años; Londres tiene entre 15 edificios, los cuales se han abierto en casi tres años.

Este año, la Ciudad de México podría alcanzar hasta 5 ubicaciones totales de WeWork, ya que la metrópoli demanda espacios de trabajo compartido. “México es un foco de negocios global y creemos que podemos crecer muy fuerte si entendemos las necesidades de los empresarios”.

Existen tres membresías: una de espacio abierto, con un costo de 3,900 pesos mensuales por persona; escritorio dedicado, con costo superior a los 4,500 pesos mensuales; oficina privada, con un costo mensual a partir de 6,150 pesos por persona y baja con un número mayor de socios. El pago de los servicios de WeWork se realiza en moneda local.

El reto es terminar con la forma tradicional de trabajar con un horario definido y sin tener una interacción con personas ajenas al equipo.

La empresa espera abrir oficinas en todas las zonas de la Ciudad de México, aunque no hay un lugar definido. “Queremos estar en todas partes”, comenta.

El siguiente paso de Eduardo Molina no solo es continuar con el crecimiento de WeWork, sino que ahora busca hablar y sugerir ideas para acabar con la problemática de la competitividad en México. Este mexicano quiere brindar con tequila en el país que lo vio nacer por nuevos logros y demostrar el talento que lo llevo a expandir el coworking por todo el mundo.

Escrito originalmente para Alto Nivel 

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La startup chilena que lleva los idiomas a las cafeterías llegó a México

Poliglota

Hace 10 años, en 2009, José Sánchez y Carlos Aravena, en ese entonces alumnos de la Universidad Católica de Chile, decidieron crear un nuevo modelo educativo para la enseñanza y aprendizaje de idiomas, proyecto al que más tarde se sumaría Nicolás Fuenzalida. Y es que, durante años, intentaron aprender inglés a través del método tradicional: en una escuela de idiomas, con el clásico método de memorización, materiales que no se actualizan constantemente y los típicos exámenes en papel, pero nunca fueron capaces de lograr una conversación fluida.

Tras 5 años de desarrollo y perfeccionamiento, estos 3 emprendedores finalmente lograron su cometido: crear un método innovador de enseñanza de idiomas y levantar recursos por un monto de 300,000 dólares de un Fondo de Inversión suizo para lanzar al mercado chileno su startup, a la que llamaron Poliglota.

Fue tal el éxito de Poliglota en Chile que al poco tiempo vino la internacionalización. En 2018, la compañía arribó a México, uno de los mercados más importantes en Latinoamérica, debido a su vecindad con Estados Unidos, que es su principal socio comercial; y más tarde llegaron a Perú. El próximo año, Aravena y sus socios tienen pensado abrir operaciones en Brasil, el gigante de la región; así como consolidar su presencia en México, país donde solo el 5% de su población habla fluidamente el idioma inglés, aunque dicho porcentaje es más alto que el de Latinoamérica, que es de solo 2%.

Poliglota

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Para ello, la startup chilena pretende levantar, en el segundo semestre del año, entre 3 y 5 millones de dólares (mdd) de Fondos de Inversión de México, Chile y Miami. 

“Esta segunda ronda para levantar recursos se abrió en agosto pasado y se cierra en enero de 2020. Hemos decidido abrir las puertas de Poliglota a inversionistas de Fondos de Inversión que quieran sumarse para continuar con nuestra expansión en Chile y México, donde nuestra metodología ha tenido una alta demanda; queremos ser más agresivos en estos mercados y también abrir operaciones en Brasil, que igualmente es un gran mercado, al que queremos llegar. Vamos con todo”, subrayó Sánchez, en entrevista con Alto Nivel.

Hoy, Poliglota cuenta con 500 profesores y 12,000 estudiantes, de los cuales 4,000 alumnos se encuentran en México y el 90% de estos estudia el idioma inglés. “Este año vamos a cerrar con 8,000 alumnos en Ciudad de México y en 2020, año en que abriremos operaciones en Monterrey y Guadalajara, el objetivo es alcanzar la cifra de 20,000 estudiantes; queremos convertir a México en un país bilingüe”, indicó el fundador de Poliglota.

Poliglota

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Del aula a la cafetería

Pero ¿qué hace a Poliglota tan diferente del resto de las escuelas de idiomas? Primero, ofrece clases de inglés, francés, italiano, alemán y portugués en grupos pequeños, de 3 a 8 estudiantes por grupo, que garantizan un feedback personalizado del profesor; segundo, los profesores son expertos en el idioma y están preparados para enseñar, corregir y alentar el avance del alumno; tercero, los grupos son nivelados, es decir, están conformados con personas que tienen el mismo nivel, lo que facilita la conversación, sin miedo a equivocarse; cuarto, el método se centra en la práctica real de capacitar para la comunicación; quinto, las clases se imparten en cafeterías cercanas a la casa u oficina de los estudiantes, que son ambientes sociales que invitan a la conversación; y, por último, las clases (2 por semana de 90 minutos) se toman en horarios pensados para que no interfieran con las actividades de las personas. 

“Algo muy importante es que contamos con profesores de diferentes nacionalidades: Gran Bretaña, India, Lituania, Italia, Alemania, Francia, Portugal, México, Estados Unidos, entre muchos otros. Estamos en un mundo global y te puede tocar hablar inglés u otro idioma con alguien de otro país que tiene una pronunciación diferente y no entender nada, no lograr comunicarte. Pero no solo eso, nuestros profesores son gente interesante, con distintas profesiones, que nosotros preparamos y que pueden aportar otro tipo de conocimientos y experiencias a nuestros alumnos. En los niveles básicos, nuestros profesores hablan muy bien el español, pues muchos de ellos son mexicanos y latinoamericanos, pero a medida que se avanza los maestros son de otros países, que no hablan nada de español”, explicó Sánchez.

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Todo parece indicar que esta startup chilena tiene un futuro promisorio dentro de la industria de la enseñanza de idiomas, cuyo valor de mercado a nivel global se estima en más de 20,000 mdd. Y México será clave de ese futuro.

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