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Startups / Historias Entrepreneur

El inventor mexicano que roba energía del aire

Freevolt es una innovación que podría acelerar la conectividad aún más y romper con las últimas barreras que impone el mundo digital.
El inventor mexicano que roba energía del aire
Crédito: Depositphotos.com
5 min read
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Aunque es difícil de explicar, a Manuel Piñuela le gusta hablar de su invento.

Lleva la sonrisa fácil, un traje sin corbata, sus 34 años en buena forma y unos lentes que hacen ver sus ojos más grandes de lo que son en realidad.

Así de relajado se ve uno de los inventores mexicanos más importantes del mundo: Piñuela es el creador de Freevolt, una innovación que podría acelerar la conectividad aún más y romper con las últimas barreras que impone el mundo digital.

“Son ingeniero eléctrico y trabajé durante un tiempo en la industria petrolera. Entre mis funciones estaba poner sensores en diferentes puntos, desde refinerías hasta fábricas, y ahí me di cuenta que eran elementos fáciles de obtener, pero llevar energía a ellos no era tan sencillo”, cuenta Piñuela.

El mexicano identificó así el verdadero problema tras los sensores: hacía falta una forma eficiente de recargarlos para mantenerlos funcionando.

La respuesta la encontró en el aire, pero es mucho más complejo de lo que parece.

“Todos nosotros usamos dispositivos que están emitiendo radiofrecuencia para comunicar. Cada vez que enviamos un correo electrónico, se emite radiofrecuencia. Lo que necesitaba era recolectar esa energía”, explica el creativo.

La idea del mexicano tenía futuro, pero requería de conocimientos altamente especializados. Londres se reveló como el sitio que podría albergar las respuestas.

Piñuela llegó a la capital inglesa para realizar su doctorado en el Imperial College, donde finalmente pudo diseñar y concretar el proyecto.

Al crear Freevolt, Piñuela descubrió la clave para robar la energía del aire y llevarla a dispositivos de muy bajo consumo, como sensores industriales, relojes inteligentes o tarjetas bancarias.

“Las tarjetas bancarias inteligentes, por ejemplo, tendrán la capacidad de generar un código de blockchain, para ser más seguras. Esto quiere decir que incluirán un sensor biométrico que va a requerir de energía para funcionar, lo cual vamos a resolver al ingresar la tarjeta a una terminal de Freevolt”, describe el inventor.

Los inversionistas no pudieron resistir al avance diseñado por Piñuela, el cual recicla energía en una densidad mínima de 150 Nw/cm2, cifra mil veces inferior a la exposición recomendada por la Unión Europea.

“Conseguimos un primer apoyo de un inversionista ángel y creamos Drayson Technologies. Hemos tenido varias rondas de inversión, con clientes industriales que empiezan a evaluar la tecnología, principalmente en relojes y tarjetas”, comentó Piñuela.

Drayson Technologies opera desde la ciudad de Londres, con oficinas en México y Sillicon Valley, pero sus clientes se extienden hasta el continente asiático.

El avance de Freevolt representa un paso importante para que tecnologías como el Internet de las Cosas puedan alcanzar la eficiencia prometida por la utopía de la conectividad.

Piñuela cree que México está listo para explorar el mercado tecnológico y alcanzar nuevos niveles de innovación.

“Hemos cambiado de manera impresionante; hace cuatro años, después de regresar del doctorado, me encontré con un mercado interesado en nuevas tecnologías, dispuesto a invertir, en el cual se puede crecer de forma importante”, reconoce.

A finales del año pasado, el mexicano formó parte del grupo que conformó a los “35 innovadores de menos de 35”, un certamen en el que el MIT premió a los talentos más creativos de toda Latinoamérica.

Después de un arduo trabajo de investigación, de analizar y resolver lo que, probablemente, marcará el destino de las nuevas tecnologías y de alcanzar un objetivo sumamente ambicioso, el mexicano cree considera que cualquiera que lo intente puede estar en su lugar.

“Cuando se trata de innovar, la gente piensa ‘esto no me va a pasar a mí’, pero es cuestión de ser terco, tenaz, de encontrar un problema que te motive y empezar a picar piedra. Si ese problema impacta a mucha gente, entonces hay que buscar una solución”, dice Piñuela.

La gran lección de Piñuela está ahí, en buscar la solución en el lugar menos pensado, o en el más obvio: puede que esté escondida en el aire.

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