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Los 3 pilares que te ayudan a construir la reputación de tu empresa

La reputación no puede construirse desde la nada. Necesita ciertas "semillas" que es preciso sembrar y cuidar.
Los 3 pilares que te ayudan a construir la reputación de tu empresa
Crédito: Depositphotos
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Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Si en los posts anteriores hemos visto de qué está hecha la reputación de una empresa (cultura, comportamiento, discurso), quiénes la conforman (stakeholders, opinión pública), y qué necesita para convertirse en una herramienta estratégica en la imagen de la organización y la marca (coherencia, diálogo y consistencia), las próximas líneas se dedicarán a los factores que consiguen que la reputación crezca y se retroalimente.

Toda empresa tiene unos fundamentos, algo así como su “filosofía”, su manera de ser corporativa. Es lo que hay detrás de su imagen, sea esta positiva o negativa. Lo cierto es que este sustrato existe, aunque no sea fruto de un plan y unas convicciones deliberadas y llevadas a la práctica en el trabajo diario. La personalidad de una organización es como la nuestra, la de las personas: está siempre ahí, nos preocupemos por cultivarla o no, resulte atractiva para los demás o no. De dicha personalidad se deduce muchas veces la reputación que nosotros, al igual que las empresas, nos creamos en nuestro entorno.

Es así, porque de tal forma de ser deriva, como decía, determinada manera de actuar y comportarse. Diríamos que según el “valor” de los ingredientes que nos conforman, resulta el propio valor de nuestros actos y de la percepción que los demás tienen de ellos y de nosotros.

¿Qué significa esto trasladado al ámbito de la empresa?

Significa que, o apoyamos la actuación empresarial, dentro y fuera de sus paredes, sobre elementos bien valorados por nuestro mercado, o las consecuencias, en términos de reputación y también de ventas, pueden ser nefastas. A estos elementos sustentadores les podemos llamar “semillas” de la reputación, y son tres.

1. Credibilidad

Facebook está viviendo estas semanas una auténtica tormenta que está afectando gravemente a su propia cotización y valor en Bolsa, cuya caída en pocos días ha sido del 12%. Como sabemos, el problema que está enfrentando Mark Zuckeberg es precisamente de reputación a raíz del descubrimiento de la fuga de información privada de 50 millones de usuarios desde una app de la empresa Cambridge Analytica, autorizada por la propia red social.

La crisis, además, ha sido (y sigue siendo cuando escribo estas líneas) muy mal gestionada por Facebook y por su fundador, que ha tardado 5 días, desde que saltó la noticia, en dar la cara, para terminar solo reconociendo a medias su responsabilidad e intentando dispersar el problema. Hay quien afirma que esta estrategia laissez passer –dejar pasar-- que parece que Facebook está aplicando, puede que incluso vaya a funcionarle porque sus 2.000 Millones de usuarios son demasiados para que una posible merma (Elon Musk ha sido uno de ellos) le afecte demasiado.

El caso es que algo se tambalea en la reputación de Facebook y eso es su credibilidad.

El mercado soporta muy mal que le engañen. Las, a veces, demasiado retorcidas técnicas de marketing para captar clientes pueden tener un efecto inmediato pero suelen pasar factura. Creer en la marca, como se cree y confía en un amigo, es el fundamento de la fidelidad hacia esa marca. Y creer, en este caso, no es tanto un acto de fe como la convicción de que, por la propia experiencia de cliente, la marca no va a defraudar las expectativas depositadas en ella.

2. Honradez

La ética es un valor empresarial en alza. La sociedad está descubriendo y apreciando que la calidad de vida y el bienestar en general no se sostienen solo sobre la posesión de cosas sino también sobre un intangible formado por ese conjunto de rasgos del espíritu sin equivalente monetario. Por eso, a la hora de comprar, los clientes incluyen ya, junto a otros criterios de elección, la reputación de la marca a partir de la honradez de sus comportamientos.

Honradez significa decir la verdad, ser decente, razonable y justo. Y es también ser coherente entre lo que se dice, se piensa, se siente y el comportamiento de la persona y, en nuestro caso, la organización. Solo se puede ser una buena empresa si antes se es una empresa buena, es decir, honesta con sus trabajadores, sus clientes, sus proveedores; justa con el mercado y la competencia; coherente con sus principios que, por cierto, nunca han de renunciar a la obtención de beneficios.

3. Calidad

Es la tercera “semilla” sobre la que puede germinar la reputación de la empresa. La calidad es un concepto global, que afecta tanto a personas como a productos o servicios. La profesionalidad y la responsabilidad son, por ejemplo, rasgos cualitativos de los trabajadores como el liderazgo lo es de los directivos. Tales condiciones son requisitos para que la idea de calidad se traslade también al producto como un valor que al final resultará definitivo en la decisión de compra.

Así pues, credibilidad, honradez y calidad son “madres” de la reputación empresarial. Conviene recordarlo para situar nuestra empresa y nuestra marca en el top of mind de los consumidores en cuanto a percepción e imagen. El resto suele llegar por añadidura.
 

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La startup chilena que lleva los idiomas a las cafeterías llegó a México

Poliglota

Hace 10 años, en 2009, José Sánchez y Carlos Aravena, en ese entonces alumnos de la Universidad Católica de Chile, decidieron crear un nuevo modelo educativo para la enseñanza y aprendizaje de idiomas, proyecto al que más tarde se sumaría Nicolás Fuenzalida. Y es que, durante años, intentaron aprender inglés a través del método tradicional: en una escuela de idiomas, con el clásico método de memorización, materiales que no se actualizan constantemente y los típicos exámenes en papel, pero nunca fueron capaces de lograr una conversación fluida.

Tras 5 años de desarrollo y perfeccionamiento, estos 3 emprendedores finalmente lograron su cometido: crear un método innovador de enseñanza de idiomas y levantar recursos por un monto de 300,000 dólares de un Fondo de Inversión suizo para lanzar al mercado chileno su startup, a la que llamaron Poliglota.

Fue tal el éxito de Poliglota en Chile que al poco tiempo vino la internacionalización. En 2018, la compañía arribó a México, uno de los mercados más importantes en Latinoamérica, debido a su vecindad con Estados Unidos, que es su principal socio comercial; y más tarde llegaron a Perú. El próximo año, Aravena y sus socios tienen pensado abrir operaciones en Brasil, el gigante de la región; así como consolidar su presencia en México, país donde solo el 5% de su población habla fluidamente el idioma inglés, aunque dicho porcentaje es más alto que el de Latinoamérica, que es de solo 2%.

Poliglota

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Para ello, la startup chilena pretende levantar, en el segundo semestre del año, entre 3 y 5 millones de dólares (mdd) de Fondos de Inversión de México, Chile y Miami. 

“Esta segunda ronda para levantar recursos se abrió en agosto pasado y se cierra en enero de 2020. Hemos decidido abrir las puertas de Poliglota a inversionistas de Fondos de Inversión que quieran sumarse para continuar con nuestra expansión en Chile y México, donde nuestra metodología ha tenido una alta demanda; queremos ser más agresivos en estos mercados y también abrir operaciones en Brasil, que igualmente es un gran mercado, al que queremos llegar. Vamos con todo”, subrayó Sánchez, en entrevista con Alto Nivel.

Hoy, Poliglota cuenta con 500 profesores y 12,000 estudiantes, de los cuales 4,000 alumnos se encuentran en México y el 90% de estos estudia el idioma inglés. “Este año vamos a cerrar con 8,000 alumnos en Ciudad de México y en 2020, año en que abriremos operaciones en Monterrey y Guadalajara, el objetivo es alcanzar la cifra de 20,000 estudiantes; queremos convertir a México en un país bilingüe”, indicó el fundador de Poliglota.

Poliglota

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Del aula a la cafetería

Pero ¿qué hace a Poliglota tan diferente del resto de las escuelas de idiomas? Primero, ofrece clases de inglés, francés, italiano, alemán y portugués en grupos pequeños, de 3 a 8 estudiantes por grupo, que garantizan un feedback personalizado del profesor; segundo, los profesores son expertos en el idioma y están preparados para enseñar, corregir y alentar el avance del alumno; tercero, los grupos son nivelados, es decir, están conformados con personas que tienen el mismo nivel, lo que facilita la conversación, sin miedo a equivocarse; cuarto, el método se centra en la práctica real de capacitar para la comunicación; quinto, las clases se imparten en cafeterías cercanas a la casa u oficina de los estudiantes, que son ambientes sociales que invitan a la conversación; y, por último, las clases (2 por semana de 90 minutos) se toman en horarios pensados para que no interfieran con las actividades de las personas. 

“Algo muy importante es que contamos con profesores de diferentes nacionalidades: Gran Bretaña, India, Lituania, Italia, Alemania, Francia, Portugal, México, Estados Unidos, entre muchos otros. Estamos en un mundo global y te puede tocar hablar inglés u otro idioma con alguien de otro país que tiene una pronunciación diferente y no entender nada, no lograr comunicarte. Pero no solo eso, nuestros profesores son gente interesante, con distintas profesiones, que nosotros preparamos y que pueden aportar otro tipo de conocimientos y experiencias a nuestros alumnos. En los niveles básicos, nuestros profesores hablan muy bien el español, pues muchos de ellos son mexicanos y latinoamericanos, pero a medida que se avanza los maestros son de otros países, que no hablan nada de español”, explicó Sánchez.

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Todo parece indicar que esta startup chilena tiene un futuro promisorio dentro de la industria de la enseñanza de idiomas, cuyo valor de mercado a nivel global se estima en más de 20,000 mdd. Y México será clave de ese futuro.

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