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Productividad

Los 2 'vampiros silenciosos' que matan la productividad de tu equipo

Además de las razones personales, como distracciones o falta de ánimo, existen factores externos que pueden mermar la eficiencia de los colaboradores en los espacios de trabajo, muchas veces sin que la compañía se percate de ello.
Los 2 'vampiros silenciosos' que matan la productividad de tu equipo
Crédito: Depositphotos.com
6 min read
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Es frecuente que en las oficinas se hable de que alguien está siendo muy productivo o poco productivo, es decir, se refieren a que mediante los recursos a su disposición esa persona está generando más y/o mejores resultados, una acepción que puede también equipararse a la eficiencia, que en términos empresariales son constantemente intercambiables.

Sin embargo, este concepto suele no ser medible en las oficinas, guiándose tan sólo por la percepción de si alguien está trabajando o no, aparentemente. La cuestión es que este factor es cuantificable y, de acuerdo con el Índice Global de Productividad Laboral de la Economía (IGPLE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la tasa de productividad laboral en nuestro país presenta una línea de decrecimiento del 0.3% contra lo alcanzado el año anterior.

Si bien esta cifra sólo compara la estadística del primer trimestre del 2018, la realidad es que el objetivo para nuestro país es crecer a una tasa anualizada del 4.8%, un porcentaje podría parecer fácil de alcanzar pero que actualmente manejamos en números rojos: la productividad laboral en México crece a una tasa de -0.6%, según reporta la organización México, ¿cómo vamos?

Este diagnóstico es un claro lastre para la economía nacional, que podría potencializarse de forma increíble de mejorarse estos índices. La cuestión es que incluso los síntomas de este fenómeno son graves, y requieren también una reconfiguración en todas las esferas productivas de nuestro país.

Por ejemplo, México es el país donde se trabaja (en promedio) el mayor número de horas, con 2,257 horas laboradas por empleado, conforme a los estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Del otro lado de la tabla figura Alemania, con un promedio de 1,356 horas por trabajador. El contraste es claro, en especial al encararlo con el PIB per cápita de la población ocupada, el cual oscila en promedio los 86,000 USD, al tiempo que México se ubica debajo del estándar con 39,427 dólares y Alemania roza la línea con un GDP (Gross Domestic Product) de 83,000 dólares.

Los vampiros silenciosos

Retomando las cifras anteriores, la conversión de las llamadas “horas nalga” en resultados reales pareciera un logro inalcanzable para la economía mexicana. Es decir, los trabajadores en nuestro país desarrollan jornadas de más de 40 horas a la semana, sin embargo estos esfuerzos no se reflejan en sus ingresos, poder adquisitivo ni patrimonio.

¿Qué está pasando, entonces? El World Economic Forum (WEF) explica que este desbalance tiene un detonador cultural, donde la falta de seguridad laboral, informalidad y miedo al desempleo han generado un esquema de muchas horas de trabajo por un beneficio mínimo.

Aunque se está trabajando por impulsar regulaciones más justas en temas de empleo, economía y relaciones laborales, la realidad es que poco es lo que podemos hacer desde nuestra trinchera, más que exigir el acceso a derechos como resultado de un correcto cumplimiento de nuestras obligaciones.

En una perspectiva mucho más pequeña, a veces nosotros mismos nos damos cuenta de que estamos siendo poco eficientes en el espacio de trabajo. Ya sé por distracciones, procrastinación, cargas de trabajo excesivas o el famoso “volver a hacer”. Pero también hay factores que tienen que ver con la oficina o el ambiente laboral que, identificados oportunamente, pueden corregirse para mejorar la eficiencia operativa.

Para Hays, hay dos puntos de alerta en la retroalimentación de los equipos de trabajo, que pueden ser focos rojos del clima laboral:

  1. El empleado no se siente parte del grupo - La afinidad entre los miembros puede parecer algo superficial, sin embargo es el pegamento clave para que una empresa se desarrolle adecuadamente. Si uno o varios trabajadores se sienten aislados, incompatibles o a disgusto, es importante revisar (tanto colaborador como empleador) si los valores y personalidad de este elemento van en sintonía con la cultura empresarial de la compañía.
  2. No se siente motivado para hacer un buen trabajo – Si existe una carencia de inspiración o ganas de hacer las cosas, más allá de lo individual, es posible que exista algún factor de clima laboral a refinar. Falta de reconocimiento, desinterés en el desarrollo profesional de los empleados y saturación de tareas pueden ser una olla exprés para los trabajadores y, por ende, sólo deriva en una brecha significativa en la productividad de cualquier organización.

Tales aspectos son de vital importancia para directivos, coordinadores y personal administrativo o de recursos humanos, puesto que los trabajadores constituyen el activo clave de cualquier empresa.

La evaluación constante de estos aspectos resulta sumamente relevante para las PyMES, sector que la OCDE ubica entre los niveles más bajos de productividad en México. Para ello, la organización recomienda mejorar las competencias, habilidades y destrezas de la fuerza de trabajo, ascender en las cadenas globales de valor, disminuir los obstáculos de la regulación, combatir la informalidad y reducir la corrupción.

Un tercer elemento que puede truncar la eficiencia de los empleados radica en algo mucho más simple: el espacio físico de trabajo. Los lugares cerrados y poco iluminados suelen bajar el ánimo de los trabajadores, mientras la falta de mobiliario adecuado puede ser un factor hormiga para disminuir el desempeño productivo.

Estos últimos pueden impactar también en la salud de los usuarios, ya que las largas jornadas laborales pueden fomentar el sedentarismo, particularmente en actividades de oficina. Considerando este factor, además de ser un distractor exponencial y, por supuesto, mermar la productividad, es un catalizador para eventos de rotación o ausentismo que, al final del día, impactan en las finanzas empresariales y la vida de las personas.

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