15 tips para mejorar tu imagen profesional en la oficina (según una psicóloga)

Para Lois P. Frankel, terapeuta y coach laboral, las buena niñas no consiguen la oficina del jefe.
15 tips para mejorar tu imagen profesional en la oficina (según una psicóloga)
Crédito: Depositphotos.com
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En el año 1978 la experta Marilyn Loden acuñó el término “Techo de cristal” (glass ceiling, en inglés) para describir la desigual situación laboral que vuelve más difícil a las mujeres escalar laboralmente. Cuarenta años después el término sigue vigente en un entorno en el que aún tener mujeres en puestos directivos o de alta gerencia implica mayor esfuerzo.

Según el estudio “El techo de cristal en México” de la UNAM, solamente el tres por ciento de las 500 mejores empresas para trabajar en el país están dirigidas por mujeres y del listado de las mujeres más poderosas, solamente siete son ejecutivas de alguna compañía. En Estados Unidos, se estima que el 4.8 por ciento de los CEOs de las empresas top de la calificadora Standard & Poors son mujeres.

¿Cómo puede contribuir el marketing para destruir el techo de cristal? Trabajando la marca personal. De esas veces que me pierdo en librerías, fui a dar con una joya escrita por Lois P. Frankel, terapeuta y coach laboral, llamada “Nice girls don’t get the corner office: unconscious mistakes women make that sabotage their careers” (Las chicas buenas no consiguen la oficina de la esquina: errores inconscientes que las mujeres cometen y que sabotean sus carreras profesionales).

El libro, elaborado a partir de la experiencia de Frankel asesorando a ejecutivas en Estados Unidos, busca detallar más de 130 errores comunes que afectan su crecimiento profesional, a la vez de que contienen muchos consejos prácticos para superar dichos problemas. Pensando en que entre estos debería haber algunos que también aplican para hombres, lo compré y estaba en lo cierto. 

La autora explica en todo momento que aunque las mujeres no tienen el monopolio de estos comportamientos, se presentan más casos en ellas que en hombres. Sin embargo, es una lectura fantástica para todos aquellos que quieran crecer, pero tienen dudas de si están actuando adecuadamente. 

De los ejemplos mostrados en el libro, todos acompañados por consejos y casos prácticos, estos son 15 puntos que me llamaron más la atención, pues afectan negativamente tu marca personal.

1. Fingir que no es un juego

El entorno laboral es un juego, una competencia, no un entorno rosa donde todos convivimos en paz y armonía sin hacernos daño. Tienes que buscar subir y crecer. Si no lo haces, otros lo harán en tu lugar. Si confías en que todos llegan con la misma actitud de buena onda, quizá tienes exceso de ingenuidad.

Recomendación: Aprende rápido las reglas de la organización en la que trabajas, busca a un mentor que te guíe en el entorno y aprender a jugar ajedrez podría darte un plus.

2. Hacer el trabajo de otros

“Es que si no lo hago, nadie lo va a hacer” es la excusa de muchas personas para hacer las cosas que le corresponden a los demás. Lo peor es que después te agarran la medida y trabajas doble. Recuerda que para eso existen responsabilidades por cargo. Si alguien no hace su trabajo, es algo que se debe comunicar.

Recomendación: No te ofrezcas para trabajos de rutina, de bajo perfil, que consuman tiempo y esfuerzo por poco reconocimiento, aprende a delegar e identifica cuando alguien quiera que hagas su trabajo para llevarse el crédito. 

3. Hacer milagros

Cuando tenemos poco tiempo y recursos o en ocasiones donde asumimos un proyecto donde todo está hecho un desastre, sabemos que nuestro deber es poner algo de orden y a veces invertimos de más: salimos tarde, trabajamos fines de semana y dejamos de lado compromisos personales para “sacar la chamba” sin saber que lo que hacemos realmente es elevar más la barra para lo que se espera de nosotros. Al rato, lo que nosotros considerábamos excepcional por la carga de trabajo, como ir a la oficina los domingos, se convertirá en lo normal para mantener nuestros propios estándares.

Recomendación: Identifica las expectativas que tengan otros de tu trabajo y no tengas miedo en señalar cuando alguna meta requiere más esfuerzo del que tú o tu equipo puedan manejar. 

Establece metas alcanzables y solicita una prórroga en caso de que la carga de trabajo lo requiera.

4. No sacarle provecho a las relaciones

No hay que tenerle miedo a que algún familiar, amigo o conocido nos pueda ayudar cuando lo necesitamos, ya sea presentándonos a alguien, informándonos de oportunidades laborales o como referencias. La modestia nos impide presumir nuestros contactos cuando muchas veces son ellos quienes nos abren las puertas o dan una mejor impresión de nosotros.

Recomendación: Haz una lista o diagrama de las personas que pueden ser clave para tu negocio, que puedan aportar y su orden de importancia. Recuerda que un contacto clave solamente es valioso si puede aportar, así que anímate a pedirle un favor cuando lo requieras.

5. Preguntar a todo mundo antes de tomar una decisión

Esto refleja nuestra incapacidad de tomar decisiones o la inseguridad en nuestro propio criterio. Una cosa es considerar las necesidades de los compañeros de trabajo, nuestros clientes o el jefe y otra es perder por completo la facultad de decidir de acuerdo con nuestros objetivos y experiencia.

Recomendación: Aunque preguntes a todo el mundo, serás tú quien tome las decisiones al final y asuma las consecuencias de las mismas, así que, independientemente de la influencia que deban tener otros, toma más riesgos de forma gradual con pequeñas decisiones y analiza los mecanismos que te atan a solicitar aprobación de otros aunque no sea necesario.

6. Ignorar el quid pro quo

Cada que haces algo por los demás, esperas recibir algo más a cambio, aunque no sea de manera inmediata. Hacer favores de a gratis solamente te crea un ejército de malagradecidos. Cada que le hagas un favor a alguien, no temas el pedirle uno en el futuro.

Recomendación: Cuando hagas un favor, hazle notar a la otra persona el esfuerzo que pusiste en ello, enfatizando que no es algo sencillo de hacer y a la hora de pedirle un favor, tendrá menos resistencia.

7. Rechazar beneficios

La misma modestia nos impide aceptar beneficios que nos den alguna ventaja ante nuestros compañeros de trabajo, incluso cuando nos los hemos ganado: una mejor oficina, un ascenso, un lugar de estacionamiento, que nos den un contrato de planta (sí, ha habido casos) o una transferencia de área. Incluso aunque se trate de mobiliario nuevo o un cubículo con ventana, nunca está mal el dejarnos consentir un poco.

Recomendación: Cuando se presente la oportunidad de mayores prestaciones, una mejor oficina, coche de la empresa o un ambiente salarial, en vez de pensar en no aceptarlo, pregúntate “¿por qué no?”, a fin de cuentas, muchas veces viene con las nuevas responsabilidades del puesto.

8. Minimizar logros

Decimos que no es nada, que no hay problema, que no fue para tanto, aunque nos haya costado uno y la mitad del otro. Podemos reducir un esfuerzo titánico a casi nada con un simple “no fue mucho” y con eso demeritamos nuestro esfuerzo y hacemos que los demás lo perciban como algo fácil de realizar o sin importancia. Nunca está de más cacarear el huevo y aceptar elogios por el trabajo bien realizado. Lo mismo aplica a nuestros cargos: decir “soy director de operaciones de Ford” es muy distinto a decir “solo llevo el área de ensamble en una automotriz”. 

Recomendación: Identifica aquellas palabras o frases que usas diariamente para minimizar tu trabajo y práctica para eliminarlas paulatinamente, cambiándolas por términos neutros o que no impliquen dar calificativos al trabajo, por ejemplo “estoy satisfecha con los resultados del proyecto”.

9. Esperar a que te den lo que quieres

Sí, muchas veces esperamos a que nos haga justicia la revolución y nos toque lo que nos merecemos sin siquiera pedirlo. Esto es situaciones en la que se espera que el otro intuya o suponga lo que quieren cuando la persona en cuestión puede no tener ni idea de que algo necesita. Siempre es mejor decir lo que requerimos o necesitamos antes que confiar en la buena fe de los demás.

Recomendación: Darte a conocer es clave, desde hablar más de tus logros, formación, proyectos, conocimiento e intereses. A la hora de requerir algo, pedirlo no es tan difícil si los otros conocen tus credenciales, incluyendo ascensos.

10. Declinar grandes proyectos o responsabilidades

“Es que no entiendes, no quiero ser gerente: no quiero más responsabilidades” me comentó una amiga que se había matado 6 o 7 años en una consultora cuando su jefe le comentó su intención de ascenderla de puesto. Cada vez que rechazamos un proyecto retador que nos permita poner a prueba nuestras capacidades y demostrar nuestro desempeño damos la idea de que no podemos llevar responsabilidades o funciones más allá de cierto punto, lo cual puede ser malinterpretado como ineficiencia o hasta mediocridad.

Recomendación: Acepta aquellas invitaciones para crecer laboralmente incluso si no tienes tiempo, aparta uno, ya que es una inversión para tu futuro. Si te ofrecen una posición clave y sientes que te falta conocimiento para desempeñarlo, tómala y aprende lo necesario. Todo es cuestión de confianza.

11. Poner el trabajo antes que la vida personal

No existe en la historia de la humanidad una tumba cuya lápida diga “Dio todo por los intereses de la empresa” así que quítate de la cabeza que la vida personal, la familia, los amigos y la pareja pueden hacerse a un lado cuando de sacar la chamba se trata. Con el tiempo serás una completa extraña para ellos si sigues así. Además de que un día te tocará ver que si dejas un trabajo en el que te sentías indispensable, la compañía logró encontrar a alguien que puede hacer lo que jurabas que nadie más lo podría hacer, incluso mejor que tú.

Recomendación: Tienes que equilibrar tu tiempo de trabajo con el que dedicas a la vida fuera de él. Piénsalo dos veces antes de cancelar planes porque te pidieron horas extra en la oficina, valorando pros y contras. Habrá ocasiones en las que lo amerite y otras que no. No canceles planes con tus hijos a menos que tu trabajo mismo esté en juego, porque ese tiempo a su lado no regresará.

12. Dejar que otros consuman su tiempo

Pocas veces tenemos en cuenta el tiempo que perdemos por obra y gracia de terceros, desde el “oye, ¿te puedo hacer una pregunta?” pasando por la guerra de e-mails, las salidas al café o las juntas en las que no tienes participación ni injerencia. Es tiempo que te quitan para terminar tu trabajo e incluso para salir a tu hora. Cuídalo.

Recomendación: Diferenciar las ocasiones en las que otros necesiten hablar contigo con aquellas en las que quieran hablar contigo, decir asertivamente que en este momento no tienes tiempo pero te gustaría tratar ese tema más adelante, tener una agenda de actividades para evitar ser molestada e incluso algunos trucos sencillos como escribir mientras viene esa persona que distrae, usar audífonos o hacer una llamada de trabajo. No fallan.

13. Dejar que te conviertan en el chivo expiatorio

Con tal de no discutir o no ponerse en contra de jefes, hay quienes prefieren asumir la culpa de problemas que ni siquiera son suyos, como en el caso de errores de terceros o la ineptitud de sus propios jefes. Si lo permites, no solamente tu autoestima se verá mermada, sino tu confianza en tus compañeros, tus jefes y la empresa.

Recomendación: Educadamente, platica con tu jefe que no quieres ser a quien culpen de la situación, en especial si no tuviste injerencia o poder de decisión sobre la misma. Para esto requieres buscar un discurso que sea amable y asertivo.

14. Tolerar a idiotas

Sí, sé que no es novedad que en casi todos los trabajos habrá uno o más personas que, voluntaria o involuntariamente, hacen mal su trabajo y normalmente hacen que otros paguen las consecuencias. Es importante el hacerse responsable del trabajo propio pero en todo momento hacer ver los errores que pueden afectar a los demás. Si dejamos que hagan lo que quieran, al rato terminaremos pagando por ellos.

Recomendación: Lejos de tolerar comportamientos que van en contra de la operación del grupo, se recomienda señalarlos ante las personas pertinentes (supervisores, control de calidad) a fin que se tomen las medidas pertinentes y la persona en cuestión pueda corregir su esquema de trabajo.

15. Llorar

Cuando llegué a este punto en el libro me quedé boquiabierto: me han tocado casos. Para la doctora Frankel, Eso erosiona el respeto que otros compañeros de trabajo, jefes o subalternos tienen y da la impresión de ser alguien que no puede controlar sus emociones o que no puede manejar la carga de trabajo o de estrés.

Recomendación: Habrá ocasiones en la que será imposible contenerse ante alguna injusticia, una discusión o la carga laboral. Lois recomienda tomar un descanso de 15 minutos, decir “¿me permiten un momento?” e ir a un lugar apartado a llorar, momento que también servirá para reflexionar y poner en orden las ideas para dar una respuesta más asertiva.

Efectivamente, estos puntos son en la mayoría de los casos unisex (creo que el último no tanto) pero que tienen que ver mucho con la construcción de marca personal. Los hacemos inconscientemente, a veces de buena voluntad, sin reparar en que los que no los cometen tienen una ventaja que les permite llegar más lejos que los “buena gente”. 

De todo corazón espero este post te haya servido. El libro está disponible en su versión en inglés en librerías y tiendas online, así como en versión de e-book.
 

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