La extinción del dinero en efectivo: el camino hacia una sociedad distópica

Uno de los argumentos a favor de desaparecer el dinero en efectivo es que este se usa cada vez más para actividades ilegales o actividades comerciales que evitan pagar impuestos.
La extinción del dinero en efectivo: el camino hacia una sociedad distópica
Crédito: Pawel Janiak vía Unsplash
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Existen dos formas de dinero, el efectivo compuesto por billetes y monedas regulado por el banco central de cada país y el digital, formado por petabytes de información almacenada en servidores del sistema bancario mundial, este último representa aproximadamente el 80% del dinero del mundo y cada vez gana más terreno a nuestro precioso efectivo.

Desde hace décadas existe un esfuerzo por parte de entidades financieras privadas y gubernamentales de todo el mundo que trabajan para eliminar el dinero en efectivo, acción que cada vez está más cerca dado los avances tecnológicos y en telecomunicaciones que abren paso al dinero en su formato digital, ya sea en cuentas de bancos tradicionales o en criptomonedas.

Uno de los argumentos a favor de desaparecer el dinero en efectivo es que este se usa cada vez más para actividades ilegales o actividades comerciales que evitan pagar impuestos, pero una solución a esto según Kenneth Rogoff, ex jefe de economistas del Fondo Monetario Internacional es extinguir la producción de billetes de denominaciones altas, solo dejando denominaciones pequeñas y monedas para las transacciones cotidianas, y que lo demás sea pagado electrónicamente. Esto ya ha sucedido en India desde 2016, como medida contra la corrupción y el dinero proveniente de giros negros, sin embargo esta acción también impulsó la inclusión financiera ya que obligó a la población a abrir cuentas bancarias, usar tarjetas de débito y aplicaciones de pagos en línea. De esta manera este segmento antes excluido ahora tiene acceso a financiamiento, a transferir dinero a familiares sin costos altos y usar el sistema financiero.

Pero analicemos un poco hacia dónde nos dirigimos.

Las nuevas tendencias

¿Qué está pasando en las economías más desarrolladas? Europa, Estados Unidos, Canadá, China, India. Sabemos que lo que pasa en ellas termina también por instalarse en los demás países con un desfase de algunos años dependiendo del nivel de desarrollo de cada país, México actualmente está en el puesto número 15 de 194 países a nivel global medido por su producto interno bruto, así que estas tendencias no tardarán mucho en llegar.

De entrada el comercio en línea y los pagos y transacciones con dinero digital es algo ya muy común, extendido y aceptado entre los consumidores de economías desarrolladas, pero más allá existen otras tendencias que limitan el uso del efectivo, como el cierre de sucursales bancarias tradicionales, la automatización de las sucursales que permanecen abiertas y sucursales bancarias móviles que llegan a comunidades donde no hay estos  servicios bancarios.

También los competidores dentro de la industria están cambiando, Visa y Mastercard ahora se enfrentan a Apple, Google, Amazon y próximamente Facebook en la carrera por el manejo de las transacciones digitales, y los bancos tradicionales se enfrentan, absorben o cooperan según conveniencia con las disruptivas empresas fintech.

Pagos realizados con el celular, relojes inteligentes y hasta tatuajes o chips en la piel con nuestra información financiera que mediante aplicaciones móviles sirven para realizar nuestras transacciones, compras en línea o pagos de impuestos utilizando biometría para identificación y autenticación.

La intensificación en el uso del Big Data y el Machine Learning para el comercio, el crédito, la gestión de cobros y la lucha contra el fraude.

¿Y qué hay de los bancos centrales?, actualmente regulan la expedición del efectivo, pero... ¿y si en el futuro regularan la expedición de dinero en forma digital? imagina que cada uno de nosotros tuviéramos asignada al nacer una cuenta del banco central con el registro digital del dinero que tenemos a lo largo de la vida.

La llegada de este futuro parece inevitable, solo es cuestión de tiempo, tal vez solo sea cuestión de un par de generaciones en el futuro, en lo que se logran aminorar algunas de las resistencias actuales como la brecha generacional que se resiste a dejar el efectivo y a usar nuevas tecnologías, la baja inclusión financiera, la brecha tecnológica y en telecomunicaciones.

Una sociedad más controlada

Existen varios puntos huecos aún en todo esto, la desaparición del efectivo por la instauración de su contraparte digital parece tener algunas desventajas.

En China se estima que a partir del 2020, en algunas ciudades su población podría ser totalmente monitoreada, lo que compran, cuándo y en dónde, cómo viven. Ya actualmente empresas chinas de internet como Alibaba o  Tencent registran las compras de sus clientes y le proporcionan los datos al Estado, quienes actúan de acuerdo al gobierno obtienen créditos en mejores condiciones o departamentos baratos, quien no actúa de acuerdo a las políticas gubernamentales es segregado, la vigilancia completa de los ciudadanos en favor de lo que el Estado trata como el “ideal social”. Una persona inconveniente para el sistema en turno podría ser eliminada financieramente como método de presión política.

Otro ejemplo, en Suecia, cafeterías, servicios, tianguis callejeros y hasta los baños públicos son pagados electrónicamente, y desde hace un par de años la información financiera de todos es pública y disponible para todos, puedes consultar por internet lo que ganan tus vecinos y compañeros del trabajo, una sociedad donde el tema monetario no es un tabú y se habla abiertamente de lo que se posee o lo que se gana, y al contrario de China, nadie piensa en el mal uso de los datos por parte del Estado, entonces tal vez no está mal el compartir los datos per se, sino que solo unos pocos tengan el control de esa información, pero al volverse masivamente pública cortas las millonarias ganancias de los gigantes tecnológicos abriendo la explotación de los datos a un sin número de participantes.
Pero hay más preguntas: ¿qué tan seguros son los sistemas de pagos digitales, qué tanto pueden hackers informáticos atacar y aprovecharse de los sistemas que procesan y almacenan nuestros datos?, ¿qué pasaría en caso de un apagón o falla en internet durante guerras o desastres naturales?, ¿quiénes son los ganadores y perdedores de que todos los pagos se procesen de forma digital?

En fin, es poco probable un futuro con dinero en efectivo, ¿pero es un error?, ¿es un paso más al distópico mundo de Huxley? Tenemos que pensar que cada pago, cada compra reportará nuestros hábitos financieros, los lugares que frecuentamos, cuánto gastamos, toda nuestra información personal a un banco que probablemente esté al otro lado del mundo. Segmentándonos, clasificándonos, formando un perfil psicosocial de nosotros con la información necesaria para saber qué vendernos, cómo y cuándo hacerlo.

Como menciona Dov Seidman en su libro “How”, tal vez estos procesos son inevitables y gastamos tiempo en preguntarnos si está bien o no ante la inminencia de que esto suceda, y entonces tal vez la atención sea necesario dirigirla hacia tener buenos hábitos financieros, ser responsables, informados y críticos al respecto, tal vez no se trata de ocultar nuestros datos, sino de hacer que nuestros datos solo demuestren lo íntegros que somos.

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