¡Háblales en su idioma! Cómo comprometer y motivar a tus empleados millennials

Ojo: #Millennials somos todos aquellos nacidos entre los años 1980 y 2000; por lo que al día de hoy, existen millennials de hasta 39 años, los mayores, y desde 19, los menores.
¡Háblales en su idioma! Cómo comprometer y motivar a tus empleados millennials
Crédito: Austin Distel vía Unsplash
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Mucho se ha dicho y escrito en contra y a favor de los millennials. Aunque hay quien no se pone de acuerdo sobre el rango de edad que esto implica, partamos de la idea general que #Millennials somos todos aquellos nacidos entre los años 1980 y 2000; por lo que hoy existen personas de este grupo generacional de hasta 39 años, los mayores, y desde 19, los menores. Digo “somos”, porque yo mismo soy y me considero millennial. Y esto, como todo, tiene sus pros y sus contras.

Lo que es cierto es que me he topado con muchas empresas que se enfrentan al reto de contratar, capacitar y mantener a millennials dentro de su plantilla. A fin de cuentas, hoy por hoy somos la fuerza laboral con mayor crecimiento en todos los niveles jerárquicos de las empresas, tanto en los recién egresados como en los niveles medio y directivo.

He escuchado de todo: que somos insoportables, vanidosos, flojos; con exceso de autoestima y defecto en la ética laboral; impuntuales, quejumbrosos, desleales y sin rumbo; que cambiamos de trabajo cada tercer día, no sabemos recibir input ni crítica, no ahorramos ni invertimos y no sabemos pensar largo plazo. Mi experiencia personal y profesional me ha llevado a darme cuenta de que, lamentablemente, hay muchos millennials que cumplen estos parámetros casi a la perfección. A estos llamo Millennials Beta.

En honor a la verdad, hay que afirmar que no todos los millennials son así. Por el contrario, he conocido y recibido comentarios sobre otro tipo; los Millennials Alfa, que aprovechan sus características de millennials no para dar menos, sino para dar más:  son millennials proactivos, con iniciativa; con gran intuición tecnológica, con tendencia al aprendizaje constante y a la búsqueda de retos; con inteligencia financiera, palabra, visión y compromiso social. 

No es raro toparme con dueños de negocios y directores con este dilema: ¿Cómo puedo entender y motivar a los millennials en mi empresa?

Primero, quiero decirte que te comprendo. No importa qué tan millennials puedan ser tus colaboradores, eso no les da excusa para ser flojos, irresponsables o desleales. No estás obligado a mantener a personas que no aportan nada y, por el contrario, parecen exigir todo.

Como se desarrolla más ampliamente en el libro El Reto Millennial, cada generación tiene sus características propias, que provienen de la forma en que han sido educados y de las circunstancias específicas de la época. Este no es un artículo para justificar a ningún millennial, sino para darte algunas herramientas para poder aprovechar lo mejor esta generación.

Cada generación opera bajo distintas premisas, y es inevitable –y necesario- que sean distintas entre sí. Es por ello que cuando una generación mayor pretende imponer su estilo y valores sobre la menor, chispas ocurren: es la guerra.

Los millennials somos jóvenes y, como tales, tenemos mucha energía, muchas ganas de cambiar al mundo y altos niveles de inmadurez e imprudencia. Somos jóvenes, igual que todos los jóvenes en la historia de la humanidad. Necesitamos y apreciamos su ayuda para madurar y crecer.

Existen, sin embargo, algunas cosas que sí nos hacen distintos de otros jóvenes. Nuestras motivaciones son distintas, poseemos muchísima más información que nuestros padres y operamos en un entorno distinto.

Papás, maestros y jefes se enfrentan al reto de controlar, educar, impulsar y motivar a los millennials a dar lo mejor de sí.

Y nosotros queremos darlo. Aquí, de parte de un millennial, algunas ideas.

No responden bien a la autoridad formal. Y eso puede ser bueno

Imagen: Austin Distel vía Unsplash

Dentro de una cultura de autoestima y en medio de paz social relativa, los millennials crecieron con muchos menos chanclazos, cinturonazos, coscorrones y nalgadas que sus padres y abuelos. También crecieron con menos responsabilidades y más libertad. 

Esto tiene ventajas y desventajas. De entrada, el jefe que quiera imponer su voluntad y sus reglas por la fuerza encontrará en sus empleados un muro infranqueable de caras largas y aburrimiento. 

Las reglas arbitrarias no les cuadran, ni tendrían por qué existir en una empresa moderna. De allí que sus expectativas de trabajo obedezcan más al cumplimiento de metas que de horas. Las reglas deben de obedecer una lógica real; de otra manera tenderán a ignorarlas o a rebelarse en contra de ellas.

Si bien existen entornos en donde aún el orden y la autoridad estrictos son absolutamente esenciales (el mismo ejército, la policía, una cadena de producción), dentro del aula, la casa o la empresa moderna éstos no son valores principales, sino utilitarios. Hay otras cosas más importantes.

Pero ¡atención! Como empresario, puedes usar esto a tu favor. Un joven en edad escolar, universitaria o en un nuevo empleo es capaz de dialogar, comprender y establecer sus propias metas y límites en muchas de las tareas que realiza.

No entregues planes o programas, sino que construye esos planes y programas con tus colaboradores. Es más probable que se comprometan y den lo mejor de sí cuando están convencidos de la misión y visión de la empresa.

Por el contrario, quien espere de un millennial obediencia ciega se encontrará pronto en una situación desesperada. Los millennials no responden a jefes impuestos, sino a líderes que se han ganado a pulso su autoridad.

Para los millennials, es más importante la autoridad moral que la autoridad formal. Necesitan admirar y confiar en sus superiores; de otra manera pronto buscarán nuevas referencias, más atractivas.

No digo aquí que los jefes deban de ser débiles o excesivamente “amistosos”. La autoridad es tan esencial ahora como lo ha sido siempre. La diferencia es que la autoridad moderna debe de fundamentarse en la confianza, capacidad y lógica; no solo en la obediencia ciega que se debe al jefe impuesto.

"Porque lo digo yo” está fuera de toda posibilidad. Un líder para un millennial debe de imponer pocas reglas, y éstas deben de ser claras y no negociables. Fuera de lo más esencial, el millennial espera ser tomado en cuenta, escuchado y considerado. Quieren aprender; pero no quieren ser tratados como bebés.

No les motiva solo la seguridad ni el dinero

Imagen: Daniel Salcius vía Unsplash

Uno de los elementos más misteriosos sobre los millennials es su motivación profunda. ¿Qué mueve a los millennials?

Dos cosas: el reto y el sentido.

Te puedo decir, de entrada, qué NO los mueve: un empleo estable, una casa grande, una cuenta en el banco. El sueño suburbano murió con la generación X.

No estoy diciendo que no quieran trabajo, casa o dinero. Estoy diciendo que eso no es lo que les mueve. Saben que son cosas buenas y necesarias, y aspiran a ellas, pero no son la razón por la que se levantan, ni están dispuestos a pasar la vida encerrados en un cubículo para tener casita con jardín.

Por ello muchas empresas se rascan la cabeza. Sus dueños o directivos creen que los millennials deberían sentirse agradecidos por el solo hecho de tener un trabajo y un sueldo.

Este es un error grave.

A los mayores les parece absurdo, pero los millennials de verdad creen que pueden y deben aspirar a una vida plena, apasionante y retadora. 

Esto nos significa que tengan que hacer cosas “divertidas” en el sentido tradicional de la palabra. No necesitan chistes, globos y fiestas. Hay empresas que hacen eventos para “entretener” a sus empleados con música o con un mago; pero los millennials ven a través de eso sin el mayor problema.

Los millennials Alfa quieren divertirse, pero lo que les divierte son los retos. No le temen al dolor, ni al trabajo, ni al sueño, ni a las horas largas. Le temen a la falta de sentido.

En realidad no quieren comodidades; quieren retos y responden positivamente ante la posibilidad de buscar soluciones creativas a nuestros problemas. En un mundo en donde todo les ha sido dado de forma sencilla, están hambrientos por gestas más grandes y magnánimas.

Quieren tener la certeza de que estamos haciendo un cambio, transformando al mundo, volando alto. Queremos que nuestras acciones diarias tengan un sentido.

Un millennial responderá a un reto si se siente importante. Tal vez tenga que ver con su complejo de Superman, con su alta autoestima; pero el millennial quiere ser el dueño de su propio destino.

Quizás sea presuntuoso o exagerado, pero así es. Puedes aprovechar la fuerza del reto para impulsar a tus empleados a buscar nuevas alturas. Te aseguro que te sorprenderás de la capacidad de compromiso que vas a encontrar si les propones una causa valiosa y les motivas a perseguirla. Citando a Ed Cadmull, ex-CEO de Pixar: proponles algo imposible y después, déjalos en paz.

Saben más que tú sobre muchas cosas. Y eso no tiene nada de malo

Imagen: Wyron A vía Unsplash

No me acuses de soberbio si afirmo lo evidente. Los millennials conocen muchas cosas que los mayores no conocen, y eso les da fuerza para la rebeldía. Los mayores creen que conocen todos los aparatos, pero la realidad es que no necesitan conocerlos, porque intuyen su funcionamiento y pueden encontrar soluciones que otros no ven.

Para aprovechar esta situación a tu favor, no tengas miedo de admitir inferioridad cuando la tengas. Yo sé que esto suena increíblemente egocéntrico, pero es inevitable. Ahora yo mismo, que ya he pasado mis treinta, me encuentro inevitablemente superado por los millennials más jóvenes. Negarlo sería suicidio.

No ignores, ataques, ni tengas miedo. Si te parecen ridículas sus modas o sus jueguitos, vuelve a valorar lo que está pasando en realidad. Mejor interésate genuinamente en aprender de los jóvenes lo que ellos saben hacer mejor que tú. No hay indignidad ni derrota. No tienes que ser mejor en todo para ser líder; pero sí tienes que mostrar respeto.

Una vez más, la regla es la misma. Si tienes un empleado cuyo interés por la tecnología consideras especial o excesiva, dirige ese interés: ponle un reto.

¿Puedes instalar una red más veloz? ¿Puedes armar un prototipo de app para el negocio? ¿Puedes levantar una página web? Pregúntale algo que aún no sepa: pícale las costillas y lánzalo por cosas más grandes.

Prohibirle cosas ¿necesito decirlo? No servirá de nada. Ya sabemos que el autoritarismo no les va.

Por el contrario, impúlsales a mostrar sus logros en el salón, la casa o la empresa. Quizás los millennials son vanidosos;  lo acepto. Pon su vanidad a trabajar en cosas mejores que su perfil de Instagram.

Alinea la visión de la empresa con sus propios sueños y desarrollo

Imagen: NeONBRAND vía Unsplash

Los millennials crecieron viendo programas de televisión, jugando videojuegos y leyendo libros que les han dicho que son especiales, que tienen una misión, que pueden  lograr todo lo que se propongan. Eso no es culpa de ellos.

Tienen, es verdad, baja tolerancia a la humillación; no responden bien a los ataques personales. En cambio, saben responder a la frustración cuando proviene de la realidad misma.

Es decir: pueden fallar y levantarse doscientas veces si es necesario, pero requieren la aprobación de superiores y pares. No defiendo esto como una actitud sana, o necesaria.

Una vez más: el hecho está allí. Los millennials valoran los likes, los retuits, los follows como si fueran relevantes, aunque creas no lo sean. 

Esta actitud llevada al extremo puede convertirse en un narcisismo de gravedad clínica. En la mayoría de los millennials, sin embargo, puede utilizarse en su favor, y en el tuyo también.

Si un millennial dice “quiero escalar el Everest”, no se puede decir: “eso es imposible”, sino “de acuerdo ¿por dónde empezamos?”

Ante las expectativas irracionales o los sueños absurdos de un millennial, el jefe astuto comprará el “blof”. “¿Quieres cambiar al mundo? Venga ¿qué necesitas?” “¿Quieres ser estrella de rock, astronauta, premio nobel? Empecemos ahora mismo”. 

Los millennials fuimos educados para creer que “todo es posible” y aún lo creemos. Yo mismo lo creo. La frase “no se puede” no existe en nuestro espíritu. Más bien, nos gusta imaginar nuevas formas de lograr que sí se pueda.

Así que no les cortes las alas antes de volar; pero sí déjales golpearse al caer, si es necesario.

En la empresa, el jefe que manda sobre los millennials debe de mantener su puerta abierta, estar dispuesto a escuchar nuevas ideas y, sobre todo, permitir flexibilidad para que esas ideas puedan llevarse a cabo o probarse antes de ser desechadas. 

Los millennials valoran –y están dispuestos a pagar el costo de- su libertad.

Pongamos las cartas sobre la mesa. Si las empresas actuales no pueden garantizar un trabajo de por vida y una pensión digna ¿con qué cara pueden pedir lealtad y entrega absolutas?

Los millennials prefieren tener libertad y flexibilidad. Solo una empresa ciega vería en estas dos cosas cargas o gastos; por el contrario. Permitir que los empleados tengan vida fuera de la empresa, que desarrollen otras actividades y negocios y que aspiren a algo más que su empleo actual es necesario en el mundo moderno, tanto para el jefe como para el trabajador.

Un millennial ve a un empleo como un proceso temporal, en el cual adquirirá experiencia y dinero; si tiene suerte, también hará alguna diferencia en el mundo.
Muchos empleadores ven en esta actitud una deslealtad manifiesta. Piden y esperan lealtad absoluta, y les gustaría que sus empleados “dieran la vida” por la empresa. 

Pero seamos honestos. ¿Por qué alguien daría la vida por una empresa que no está dispuesta a dar la vida por él? Es una ecuación sencilla.

En empresas y negocios que permiten y garantizan un plan de vida orgánico, los empleados pueden y, de hecho, se comprometen al 100%. Construyen su plan y su vida dentro de la empresa. Pero estas empresas son cada vez menos.

En la empresa debe de existir espacio suficiente para el desarrollo personal y libre de los empleados. Los millennials se sienten sofocados, casi muertos, en un entorno cerrado y gris, sobre todo cuando no tienen certeza de lo que el futuro les depara.

Una empresa que se adapta a los millennials no es una con mesas de ping pong y futbolitos; es una en donde cada quien tiene el derecho y el impulso para llevar adelante sus propios proyectos y sumar sus talentos a una visión más grande.

Contrario a lo que se pudiera pensar, esto te permitirá retenerlos en la empresa más años (no menos) y beneficiarte de la experiencia que ganan fuera de los muros de su propia oficina. 

Los millennials prefieren “ser sus propios jefes”, y diseñar su presente y futuro ellos mismos. No dejes de exigir, pero ofréceles un entorno en donde puedan realizar su propia personalidad sin demérito de los objetivos del empleo que les ofreces. 

Permite que crezcan fuera de la empresa. Intentar mantenerlos guardados, protegidos, controlados, tendrá un grave costo para ti y para ellos.

Las palabras de Richard Branson, fundador del grupo Virgin, suenan totalmente proféticas: “Es mejor dejar ir a un empleado que se ha preparado, que mantener a uno que no lo ha hecho”.

Los millennials, más que nunca, necesitan de sus mayores

Imagen: Jake Ingle vía Unsplash

El hecho de que el mundo haya cambiado, y de que la realidad económica, social, tecnológica o laboral sean distintas a las de hace treinta años, no significa que no puedan aprender mucho de ti.

Si bien existen muchas cosas que SÍ han cambiado, hay muchas otras que NO lo han hecho. 

El mundo moderno nos ha inundado de información, de opiniones, de fuentes y de medios; de consejos, de “amigos” virtuales. Los millennials navegan en un mar de infinita capacidad y recursos. Quizás saben cómo manejar el barco, levar las velas, soportar el timón. Pero mucho les hace falta la brújula. 

Y en eso solo ustedes pueden ayudarnos. Papá, mamá; maestros, jefes. Ustedes han estado aquí más que nosotros; tienen más experiencia y han adquirido la prudencia que dan los golpes y los años.

Quizás no puedan enseñarnos cómo usar Instagram o Twitter; pero pueden enseñarnos algo mucho más importante: para qué usarlo.

Los valores que antes parecían claros y universales son ahora tan líquidos, tan confusos y versátiles, que en muchos casos han dejado de servir como guías de vida. Nosotros los millennials nacimos y crecimos buscando el éxito, y hemos aprendido a buscarlo en nuestros términos.

Pero ustedes saben más. Saben que el éxito no solo tiene cara de pesos o dólares; y que las cosas que cuentan al final de la vida no se encuentran entre las paredes de una oficina, o en los likes de un post.

Ustedes saben más que nosotros sobre lo que es la vida; lo que vale la pena buscar y las cosas por las que hay que luchar.

  • Necesitamos de ustedes, porque el mundo moderno presenta infinitos espejismos que nos hacen correr tras de dioses falsos.
  • Necesitamos de ustedes, porque somos más adolescentes, y por más tiempo. Su paciencia y su prudencia nos guían en tiempos difíciles, aunque pongamos mala cara.
  • Necesitamos de ustedes porque han vencido peores crisis que nosotros, y superado retos más difíciles. Creemos saber todo, pero ustedes saben que no es así.
  • Necesitamos de ustedes porque no sabemos aceptar nuestra ignorancia; y esa es la primera señal de que esta allí.
  • Necesitamos de ustedes; de su experiencia y de su amor. No nos dejen solos, aunque les digamos que queremos estar solos.

Sobre todo, necesitamos de ustedes, aunque no nos guste decirlo. Solo ustedes, papás, maestros, jefes, amigos, puede ayudarnos a escapar de las trampas de nuestro tiempo –el relativismo, el aburrimiento, el individualismo y la novedad- para introducirnos en el apasionante proyecto que es la construcción de mejores personas que construyan, haciendo equipo, una humanidad mejor, más preparada, que haga frente a los inmensos desafíos que nos depara el futuro próximo.

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