Tecnología aplicada a la educación: ¿qué aprendimos en la pandemia?

Para la industria de la tecnología educativa, conocida como edtech, este cambio representó un reto sin precedentes y una oportunidad única para poner a prueba su capacidad.

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Hace poco más de un año nos encontramos con una nueva realidad: los gobiernos de muchas partes del mundo anunciaron cuarentenas nacionales y con ello, el cierre de escuelas, universidades y otros centros de educación.

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Uno de los principales desafíos que trajo la pandemia fue para estas instituciones y sus educadores, quienes debían encontrar una manera rápida para poder continuar las clases de manera remota. También fue para los padres que requieren atención y asistencia para sus hijos en este proceso de aprendizaje.

Para la industria de la tecnología educativa, conocida como edtech, este cambio representó un reto sin precedentes y una oportunidad única para poner a prueba su capacidad para innovar en escenarios que se encuentran en constante cambio y en el que predecir el futuro no es garantía.

Innovación rápida: ¿estamos listos?

Desde antes de que la pandemia nos alcanzara ya se dibujaba el tamaño de la crisis, con encierros anunciados primero en Asia y eventualmente en el resto del mundo, sin embargo, no todas las organizaciones vieron las señales para adoptar medidas que podrían reducir un posible daño.

Algunas empresas lograron adaptarse rápidamente con obvios ganadores como Zoom, Google Classroom y Microsoft Teams. No obstante, algunos otros jugadores lograron adaptar sus productos y brindar apoyo a padres y maestros que lo necesitaban con urgencia, tanto en educación básica donde la preparación era desigual y existía una marcada diferencia entre colegios públicos y privados, como en los grandes centros universitarios.

A más de un año de distancia cabe preguntarse: ¿cómo las empresas de tecnología educativa pueden lograr innovar rápidamente para adaptarse a un cambio tan repentino y hacerlo de manera exitosa?

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Hoy en día el término innovación se usa indiscriminadamente. Muchas empresas se consideran innovadoras, sin embargo no todas logran un efectivo uso de sus recursos cuando llega el momento de hacer ajustes y cambios con poco tiempo de maniobra como los exigidos por la pandemia.

Los siguientes son factores que contribuyen a que tu empresa esté en una posición de rápida adaptabilidad, es decir, que esté lista para solucionar nuevos e inesperados problemas:

  1. Fomentar una cultura de innovación. Una declarada y practicada filosofía innovadora, donde existe una retroalimentación constante por parte de los usuarios y un análisis de las necesidades y problemas que están expresando.
  2. Dejar que tus empleados fracasen. Muchas empresas se dicen innovadoras, pero es buen momento de plantearse: ¿dejas a tus colaboradores hacer experimentos? ¿Estás dispuesto a aceptar que la mayoría de tus intentos van a fallar? ¿Brindas “seguridad psicológica” o un genuino ambiente donde el fracaso es parte de tu día a día?
  3. Colaboración. Un franco entendimiento de que los esfuerzos de cada equipo en tu organización marchan juntos para beneficiar primordialmente a tu usuario y a nadie más.
  4. Práctica y disciplina. Ser riguroso con la investigación de los usuarios, la conducción de experimentos y el análisis de resultados, de manera que generen conocimiento relevante para la empresa.

La tecnología de educación (edtech) fue un oasis en la tormenta para muchos padres y maestros durante la pandemia, pero el tamaño de la problemática dejó entrever que aún estamos lejos de solucionar todos los problemas dentro y fuera del aula. De hecho, la tecnología educativa se convirtió en el sector que recibió más inversión en 2020 de parte de las empresas de capital de riesgo y que vio un crecimiento del 50% al 100% mensual en ingresos según el análisis de Business Standard.

Sin duda esta experiencia hará que empresas y equipos de innovación reafirmen una vez más la importancia de no distraerse con la complejidad del software, el hardware o la interfaz –elementos importantes sin duda–, pero que a veces distraen de la principal función de la innovación: identificar los problemas y dolores de los usuarios, para generar soluciones que mejoren su vida.

¿Alguien quiere pensar en los adultos?

Mientras nos ocupábamos de los maestros, niños y padres, había otros sectores de la población menos visibles y por lo tanto, poco atendidos. Una inesperada consecuencia de la pandemia en mi vida fue regresar a casa de mis padres, dos adultos mayores que rozan los 70 años.

La experiencia ha sido de lo más gratificante y también inspiradora. Mis padres pasaron los primeros 4 meses de la pandemia improvisando para hacer las compras de víveres en el mercado local lo más temprano posible para evitar el contacto; yendo al cajero con mascarilla, careta y guantes; y luchando por lograr conectarse a otra más de esas videollamadas. Fue hasta que llegué con ellos que se animaron a pedir víveres por alguna app o hacer más pagos por internet. Por otro lado, atestigüé lo difícil que resultaba para mi mamá usar Zoom o Teams para acceder a sus clases en línea de la Universidad de la Tercera Edad.

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Mi primera observación de esto es: sí, las habilidades digitales son un imperativo que tenemos que desarrollar todos para tener acceso a muchas oportunidades hoy en día, pero en el caso de los adultos mayores son además una puerta de acceso a la independencia, a facilitar su vida e incluso, a estar más seguros. Y creo que nos queda mucho por hacer, porque si bien existe el rezago digital de su parte, por la nuestra, seguimos creando plataformas complejas que no están tomando en cuenta a esos 12 millones de mexicanos de más de 60 años. 

Mi segunda observación es que el “life-long learning” está aquí para quedarse y aún hay muchas personas adultas que necesitan descubrirlo.

Edtechs, fintechs, healthtechs, y todas las techs del mundo: las personas de la tercera edad nos necesitan y mucho.

Buscando soluciones

En mi experiencia dentro de instituciones como el Tecnológico de Monterrey, el Museo Interactivo de Economía y recientemente en Twinkl, la más grande editorial educativa digital, siempre he estado al tanto de los avances en edtech y con la pandemia guardamos nuestras cosas en un cajón de la oficina, y nos fuimos a casa en medio de una profunda incertidumbre.

Como parte de un equipo de innovación del que formo parte, logramos lanzar algunos experimentos en nuestros canales digitales, analizamos datos de entrevistas con nuestros usuarios y echamos mano de nuestras más valiosas capacidades: todos los maestros que forman parte de nuestra organización.

Así fue como desarrollamos un hub gratuito de aprendizaje en casa, que incluía sugerencias con actividades educativas para realizar diariamente en casa y que pronto alcanzo cientos de miles de entradas. A 15 meses de su lanzamiento, estos contenidos han sido vistos más de 5 millones de veces, beneficiando a una comunidad de más de 11 millones de usuarios, recibiendo retroalimentación positiva.

El aprendizaje para la tecnología educativa a más de un año de la pandemia es que para innovar no necesitamos las más complejas soluciones o elaborar un intrincado display tecnológico. Lo que la pandemia nos enseñó es algo más básico: que para innovar hay que siempre partir de que somos humanos que necesitamos los unos de los otros; entender lo importante que es escuela como el lugar donde la educación ocurre en una multitud de niveles; reconocer el rol fundamental de los maestros –que va mucho más allá de lo que hacen frente al pizarrón–; y no olvidar que compartir e intercambiar son actividades necesarias para aprendizaje. Me entusiasma reconocer que tenemos montones de oportunidades para seguir innovando.

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