Las 5 heridas que necesitas sanar para abrir las alas en los negocios

La decisión de empezar un negocio está regida por la mentalidad de ganar autonomía, realizarse personalmente y ayudar a los demás, pero a la par de impulsar positivamente la generación de ideas novedosas, competitivas y únicas, que también pueden traer consigo algunos miedos o barreras que impidan dar el primer paso. 

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El emprendimiento es un camino que conlleva múltiples aprendizajes y satisfacciones. La decisión de empezar un negocio está regida por la mentalidad de ganar autonomía, realizarse personalmente y ayudar a los demás, pero a la par de impulsar positivamente la generación de ideas novedosas, competitivas y únicas, que también pueden traer consigo algunos miedos o barreras que impidan dar el primer paso. 

De acuerdo con Ana Victoria García, nuestra fundadora en Victoria147, “todas las heridas emocionales son maravillosas si las vemos como caminos que nos ofrece la vida para crecer, descubrirnos y encontrar nuestra misión. Las heridas sanadas dan lugar a mujeres maravillosas que se convierten en grandes emprendedoras, con un regalo único para el mundo y un propósito que realizar. Entonces, empiezan a abrir sus dones y talentos naturales, porque su Ser Interior ahora será libre para ser quien ha venido a ser”.

Según la clasificación de Lise Bourbeau, ensayista canadiense reconocida internacionalmente por sus aportaciones y literatura sobre el tema del desarrollo personal, hay cinco tipos de heridas, que pueden alejar a una persona emprendedora de su meta y para sanarlas hay que conocerlas primero.

Uno: Rechazo 

Pensamiento saboteador: ¿Quién soy yo para hacer esto?

¿Eres reticente en tu negocio, sufres parálisis por exceso de análisis que te dificulta tomar decisiones, el miedo a equivocarte te inmoviliza o el perfeccionismo te impide materializar tus buenas ideas y sientes miedo al rechazo cuando ofreces tus servicios y productos? Es un problema muy común de la mujer emprendedora. El miedo al “no” es la raíz del miedo al rechazo. 

Robert Kiyosaki, autor de libros como Padre Rico Padre Pobre y El Cuadrante del Flujo del Dinero, aconseja a cualquier emprendedor incipiente trabajar en el departamento de ventas de una compañía, solo para vencer el miedo al “no”, ya que este es una fe torcida. 

Cuando sientes miedo, te estás imaginando un desenlace desfavorable, mientras que la fe viene de un lugar de esperanza y siempre creerá en un resultado positivo. 

Un dicho célebre dice que “la persona más valiente no es aquella que no tiene miedo, sino aquella que sigue adelante a pesar de sentir miedo”. Como empresaria, muchas veces vas a tener que actuar a pesar de tu miedo solo debes decidir dar un paso de fe para salir de tu zona de confort, que te limita con sus miedos falsos. Cuando lo hagas, esos miedos quedarán en tu pasado. Puede que tu mente aún los entretenga por un tiempo, ¡pero tu corazón ya no lo hará!

Dos: Abandono

Pensamiento saboteador: “Necesito a los demás para ir adelante ya que solo no puedo”.

Nada nos aterroriza más que sentirnos completamente solos, y el miedo al abandono es especialmente acuciante en la infancia. Por eso, en los cuentos de hadas siempre nos ponemos de parte de sus pequeños héroes extraviados: de los hambrientos Hansel y Gretel, no de la propietaria de la casa de bizcocho y azúcar que intentan zamparse. 

La sensación de soledad es dura, junto con el desconocimiento de si lo estás haciendo bien y la certeza de que nadie lo puede hacer mejor que tú. Es una combinación extraña y difícil de navegar algunas veces. 

La clave para dar un paso hacia adelante está en conocerse a uno mismo, comprender y gestionar las emociones, identificar los puntos fuertes, los débiles y las fugas de energía, para darle un sentido a todo lo que sucede. 

Otro consejo es hablar con otros profesionales y emprendedores que estén en la misma situación; así que haz networking, acude a charlas o eventos, que están llenos de gente asustada, aunque no quiera admitirlo. 

Tres: Humillación

Pensamiento saboteador: “Hago todo por los demás para que vean que soy buena persona y me quieran”.

Consiste en personas que se consideran menos importantes, dignas, valiosas o capaces en comparación a otras. Esta herida se sana soltando la pesada carga que se lleva en la espalda y se consigue mediante el perdón y la valoración personal.

En los negocios, la repercusión positiva de dicha reconciliación se traduce en autoestima, que impulsa el liderazgo basado en un gran cuidado a todo el equipo, una mejor forma de delegar y organizar las tareas sin sentirse abusadas.

Las mujeres emprendedoras que sanan su huella de humillación se caracterizan porque les importan las personas y son muy queridas por sus colaboradores y clientes. Desarrollan su merecimiento y sueltan la culpa. Separan familia de trabajo y no permiten que nadie se inmiscuya en su negocio. Se cuidan a sí mismas y respetan sus tiempos de descanso para no llegar a cuadros de agotamiento.

Cuatro: Traición

Pensamiento saboteador: “Debo controlarlo todo para que no me traicionen”.

A lo largo de la vida hemos escuchado o seguido un karma: dar sin esperar, recibir y recordar. Es un lema que sirve para tener presente que cuando se da, se hace por uno mismo, desinteresadamente, pero no siempre la gente tiene las mejores intenciones y eso a veces provoca decepciones, explica Cipri Quintas, socio del grupo Silk y autor de “El libro del networking”

A otro nivel, es un obstáculo para algunas personas emprendedoras que, en muchas ocasiones, pecan de ingenuidad e inexperiencia, al tratar de transmitir su ilusión al equipo, compartiendo con ellos todo lo bueno. Sin embargo, cuando vienen malos momentos se cambia a un clima de incertidumbre y desconfianza, negativo y peligroso.

Para trabajar esta deuda, es mejor no generar expectativas. Si no esperas nada a cambio y tienes esto claro, los obstáculos se superan con mayor facilidad. 

Una mujer empresaria con sus propios recursos, virtudes y puntos fuertes logra ejercer realmente su liderazgo y empoderamiento frente a un buen equipo, donde todos suman y van remando en la misma dirección. Además, la energía se utiliza para cosas productivas.

Cinco: Injusticia

Pensamiento saboteador: “La vida es una guerra y todo se consigue con esfuerzo”.

Cuando los padres son fríos o rígidos, ejercen una educación autoritaria, no respetuosa hacia los niños y exigencia constante, esto generará sentimientos de ineficacia e inutilidad y surge la sensación de injusticia.

Esta herida emocional crea adultos rígidos incapaces de negociar ni de mantener diálogos con opiniones diversas. Sus intenciones giran en torno a ganar poder e importancia, siendo fanáticos del orden y el perfeccionismo.

La forma de trabajar en la rigidez mental está en cultivar la flexibilidad y la confianza hacia los demás. 

Las mujeres que han superado esta huella van bien como empresarias ya que son muy profesionales, organizadas y les gusta asumir responsabilidades. Además, paradójicamente, no les gusta la autoridad, por lo que prefieren dirigir antes que obedecer; ya que su perfeccionismo trae productos muy competitivos y completos y su sentido de la justicia les hace ser muy honradas y esto transmite seguridad a los clientes.

Cuando sanan su rigidez y frialdad sacan el lado humano y divertido, dejan la actitud de dictadora y confían en el equipo dando libertad. Se vuelven jefas más accesibles ya que conectan con sus emociones y afecto. Aprenden a improvisar y a ser espontáneas. Y dejan de ser unas “Damas de Hierro”, desarrollan la empatía y la confianza con los trabajadores diferentes: más sentimentales, con distintos ritmos, con otros enfoques. Empiezan a valorar la creatividad y la intuición.

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