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Reinventarse y ganar

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Crédito: Depositphotos.com
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Reinventarse y ganar Reinventarse y ganar La casa de Polo

Reinventarse y ganar

Este hombre sabía de administración y durante muchosaños sólo trabajó en el sector público. Pero a los50 años de edad se inició en el mundo gastronómico yemprendió un negocio propio

Diego Ayala

A veces las grandes oportunidades de éxito se disfrazan de malas rachas.Esto lo puede atestiguar Leopoldo Ramírez, hoy prósperoemprendedor cuya historia, 20 años atrás, no mostraba grandesposibilidades de triunfo.

Él trabajó en el sector público prácticamente todasu vida laboral, pero en 1988, los vaivenes inherentes a los cambios sexenaleslo dejaron sin empleo. Así, decidió abrir una tienda de alimentosimportados --decisión previa a la apertura económica, tiempos enlos que traer mercancía extranjera era una exclusiva y prometedora vetade negocio--.

Ramírez estudió administración de empresas y nosabía nada acerca de manejo de alimentos. Por ello decidióasesorarse con su primo, quien en ese tiempo era dueño de un restaurantede comida argentina llamado Martín Fierro.

&flashquotHice una cita con él para conversar. Llegué a su restaurante ytuve que esperarlo dos horas, porque estaba en una junta. Saliómalhumorado, pues en la reunión habían corroborado que el lugarno marchaba bien. Entonces empecé a decirle las irregularidades queobservé mientras hacía antesala. Mi primo me propuso que meconvirtiera en director operativo del restaurante. Acepté y unos mesesdespués, ya era director general de Martín Fierro&flashquot, cuenta elentrevistado.

El emprendedor aprendió sobre manejo de alimentos y bebidas. Noobstante, todavía sentía la inquietud de montar un negociopropio. Un par de años después decidió independizarse paraabrir una empresa de catering: Dinara Banquetes.

El negocio funcionó bien desde un principio y Leopoldo Ramírezdecidió que debía aprender más acerca de producciónde alimentos. Así, a los 50 años de edad, decidió estudiarpara convertirse en chef. Fue poniendo en práctica sus conocimientosrecién adquiridos, junto con los administrativos. Este hechocatapultó el negocio. Hoy, Dinara Banquetes cuenta con 14 años devida y factura un promedio mensual de 1.3 millones de pesos.

La casa de Polo

Durante su trayectoria como banquetero, Ramírez conoció a LauraFerrazza, quien le invitó a formar parte del proyecto Casa Mayor 2005,una propuesta museográfica que solamente estaría abierta tresmeses. La idea era que él montara el restaurante del lugar.

&flashquotAhí se ideó Chez Polo, un restaurante inspirado en la cocinafrancesa, de servicio rápido y precios accesibles (nuestro platillomás caro valdría 80 pesos, el consumo promedio por visitantesería de 120 pesos, incluyendo una copa de vino). Es decir,tendría las ventajas del fast food (precio y velocidad), con lasbondades de la comida de diseño: presentación, balance, sabor,ingredientes finos y nutrición de calidad... fue un trancazo&flashquot, detallaRamírez.

Durante los tres meses que estuvo abierta Casa Mayor 2005, Chez Polo nodejó de tener comensales. Su imagen de restaurante neoyorquino, juntocon atractivos como revistas disponibles y la posibilidad de navegar conInternet inalámbrico atraía a los visitantes, mientras que elmenú los hacía quedarse.

¿Cuál será el siguiente paso?: &flashquotConvertir Chez Polo en unrestaurante y luego franquiciaremos (la inversión inicial será deunos 70 mil dólares por un local de 100 metros; calculamos una tasa deretorno a 15 meses); funcionaremos con la figura de comisariato, lo quefacilitará la incursión de inversionistas principiantes&flashquot, diceeste emprendedor, que encontró su camino hacia los negociosgastronómicos en una etapa de desempleo; reinventó su trayectorialaboral y se convirtió en estudiante permanente.

Sin duda, la oportunidad se pinta calva.