Emprendedores

Del nopal a la mesa

Conoce la aventura de un grupo de empresarios que desarrolló un novedoso licor a partir de la tuna
Del nopal a la mesa
Crédito: Depositphotos.com

Gloria Martínez y Alicia Vértiz son las protagonistas de esta historia de éxito. Ambas son profesionistas y amas de casa que encontraron en una propiedad familiar los recursos necesarios para crear un negocio exitoso.

La Ex-hacienda La Jaula, en el estado mexicano de San Luis Potosí, ha pertenecido a la familia de Vértiz desde hace muchos años. Hasta 1996 no producía ningún tipo de cultivo dadas las características del suelo (árido). No obstante, ambas decidieron explorar las posibilidades de la tierra y consideraron desde la siembra de palmas datileras hasta el cultivo de gusanos de seda, pero ninguna parecía viable.

En su investigación se toparon con los estudios de una maestra enóloga (experta en la elaboración de vinos) de la Escuela de Química de San Luis Potosí, quien llevaba tiempo experimentando con tunas (la fruta que proviene del nopal) y quien había logrado hacer un vino de mesa excelente.

Esta idea fue el punto de partida para que Vértiz iniciara su negocio, luego de proponerle a Martínez que fuera su socia en su emprendimiento. Así, junto con Guillermo Martí, el suegro de Vértiz, empezaron a experimentar: produjeron 20 litros de jugo de tuna y los congelaron en los refrigeradores de sus cocinas, mientras que Martí investigaba cómo era el proceso a seguir en la fabricación del vino.

Un Inicio Casero

El primer paso fue conseguir la fermentación del jugo y producir vino de mesa para después destilarlo y obtener un licor más concentrado. El proceso de destilación fue totalmente casero y los resultados de este primer intento no fueron los esperados. Sin embargo, continuaron con sus experimentos hasta que por fin lograron destilar una mayor cantidad de vino a través de una olla exprés, logrando algunos litros de licor que dieron a probar a familiares y amigos.

Todas las opiniones fueron favorables y recomendaron agregarle un poco de azúcar y color a la bebida para acercarse más a las características de la fruta. De esta manera llegaron a crear la fórmula actual de lo que llamarían "Cópil, Licor deTuna".

Hasta ese momento la inversión había sido mínima, ya que sólo habían aprovechado los recursos que tenían a la mano, como las nopaleras, sus propios extractores de jugo y refrigeradores caseros.

Empezaron con el proceso de producción en verano de 1997, utilizando aproximadamente 10 cajas de tunas para extraer 100 litros de jugo diarios, durante seis semanas. Después de cuatro meses, tiempo en el que se completó la fermentación, obtuvieron 100 litros de destilado. Utilizaron esta primera destilación para su investigación de mercado y para definir costos. Concluyeron que 12 kilogramos de tuna producían 5 litros de jugo, que se convertían en un litro de destilado.

Los resultados del estudio de mercado fueron muy alentadores, pues a más del 50 por ciento de las personas encuestadas les había gustado el licor, cifra que les dio la pauta para continuar con el proyecto.

Para agosto de 1998 incrementaron su producción: trabajaban con 24 cajas de tunas, produciendo 200 litros de jugo diarios. Buscaron un maquilador para que les destilara el mosto (jugo de tuna fermentado), pues a estas fechas, los socios no contaban todavía con el equipo necesario para elaborar tantos litros de licor. Al mismo tiempo, trabajaban en el diseño de las etiquetas y los envases.

A Comercializar

Se enfrentaron con muchos problemas, pero aún así, no perdieron su dedicación y lograron obtener 1,500 litros de destilado. En septiembre de ese año, se constituyeron ante Hacienda como una Sociedad Anónima y empezaron a comercializar el producto.

Ya con el licor envasado y etiquetado, se lanzaron a la comercialización. Para la Navidad de 1998, vendieron las primeras 200 botellas a $150 pesos cada una (aproximadamente US$ 15). Durante 1999 continuaron vendiendo y promocionando el licor, consiguieron dos distribuidores y aumentaron la producción para la siguiente cosecha.

En verano del año pasado (1999) produjeron 600 litros de jugo diarios durante seis semanas. Consumieron toda su producción de tuna y tuvieron que buscar proveedores externos para cumplir con sus pedidos. Habían invertido $20,000 pesos (US$ 2,000) en un alambique de acero inoxidable y $40,000 pesos (US$ 4,000) en la caldera e instalación del equipo, lo que les permitió efectuar todo el proceso en La Jaula y abaratar costos, logrando que un litro de destilado les costara aproximadamente 42 pesos (US$4.2).

Abriendo Mercados

La empresa reportó ventas durante todo el año y para las fiestas decembrinas vendió dos mil botellas, conservando el precio estipulado. La aceptación de su producto les llevó a buscar distribuidores que estuvieran dispuestos a proporcionarles una mayor cobertura de mercado, así que asistieron a foros para exponer su producto. Ahora se puede encontrar Cópil en Querétaro, León, y ciudad de México. Tienen algunas propuestas para exportar a Canadá y Estados Unidos, países que actualmente importan tunas mexicanas y que quizá podrían ser un nuevo mercado para el licor de tuna.

Además de ampliar su mercado, las empresarias tienen planes de diversificar su producto. Este año pretenden sacar el aguardiente sólo, blanco y reposado. A largo plazo, quisieran estabilizar la elaboración de vino de mesa y lograr un estándar óptimo en el sabor y cuerpo de sus productos.

La perseverancia de estas dos emprendedoras ha sido la clave para que lograran cultivar frutos en el desierto.

Contacto

Bodegas Hacienda La Jaula, Ex-Hacienda de La Jaula, San Diego de la Unión, Gto., Tel./Fax, MEX (+52-48) 25-4525, (+52- 48) 25-1994 Internet: http://www.prodigyweb.net.mx/lajaula