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De la euforia a la depresión

Dos por ciento de los mexicanos padece trastorno bipolar, enfermedad que sólo se controla con medicamentos, los cuales deben tomarse de por vida
De la euforia a la depresión
Crédito: Depositphotos.com
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Cerca del dos por ciento de los mexicanos padece trastorno bipolar, según la más reciente Encuesta Nacional de Salud.

Si consideras la palabra algo sofisticada, es lo que antes se denominaba sicosis maniaco-depresiva, pero como el vocablo implicaba algún estado de locura, se cambió el término porque la persona que tiene este trastorno no está loca, aunque en ocasiones lo parezca.

El psiquiatra Víctor Martel, con posgrado en Psicofarmacología en enfermedades depresivas por la Universidad de Sainte-Anne en París, que ha laborado en los hospitales 1º de octubre y 20 de Noviembre del ISSSTE y que actualmente es gerente de Neurociencias en los laboratorios Bristol Myers Squibb, explica que la persona afectada por este mal padece alternadamente episodios de depresión y manía.

Esta última es una euforia excesiva, falta de juicio, hipersexualidad -a veces con actitudes de exhibicionismo-, trastorno del pensamiento, agitación y agresividad.

La forma más grave de la enfermedad es la tipo I, cuando la depresión alterna con manía intensa. En su etapa depresiva profunda, en ocasiones el enfermo puede llegar al suicidio; de hecho, se calcula que un 30 por ciento de ellos tiene este fin.

En la tipo II, los periodos de depresión son más cortos, alternados con manía moderada. Curiosamente los síntomas de este tipo a menudo aparecen en ciertas estaciones del año, por ejemplo, si la depresión se presenta en otoño o invierno, la euforia surge en primavera o verano.

El trastorno ciclotímico es el grado más suave de la enfermedad, los periodos de euforia y depresión son menos intensos, duran pocos días, pero se presentan con bastante frecuencia a intervalos irregulares.

Aunque en ocasiones evoluciona a estados más graves, en otras contribuye a que el afectado alcance objetivos, triunfe en los negocios o en el arte.

No obstante, también puede provocar resultados negativos en el trabajo y la escuela, o que la persona se cambie frecuentemente de casa, que sufra repetidos desengaños amorosos o separaciones matrimoniales y abuse del alcohol y las drogas.

Las mujeres, las más afectadas

Se presenta entre los 10 y 40 años de edad y es mayor la incidencia en mujeres que en hombres, con una proporción de dos a uno.

Tiene una gran carga hereditaria pero se desconoce el defecto genético que la provoca. Aparentemente se produce un desbalance de sustancias químicas en el cerebro conocidas como neurotransmisores (serotonina, noradrenalina y dopamina).

Un neurotransmisor actúa como un mensajero entre las células nerviosas. Su química corporal puede producir el inicio de un trastorno debido a la presencia de otras enfermedades, abuso de sustancias o fluctuaciones hormonales.

Este problema bioquímico hace al paciente más vulnerable a la tensión emocional y física. El uso de sustancias, la falta de sueño o una estimulación excesiva, hacen que los mecanismos del cerebro no trabajen adecuadamente para restaurar el funcionamiento.

El trastorno bipolar es una enfermedad crónica. Controlada, el enfermo es susceptible de integrarse a la sociedad, siempre y cuando el mal se diagnostique en etapas tempranas, pero desafortunadamente a veces se tardan de cinco a siete años en descubrirlo.

¿Cómo detectarlo?

Si percibes en tu familiar o en ti mismo los siguientes síntomas: cambios bruscos en el estado de ánimo, tristeza o alegría excesivas, locuacidad, decaimiento y agitación motora; en casos graves: alucinaciones, escuchar y ver cosas que no existen y rasgos de grandiosidad, por ejemplo: creerse el elegido por Dios para llevar a cabo un fin importante o descendiente de algún personaje.

¿Peor el remedio que la enfermedad?

El trastorno bipolar sólo se controla con medicamentos, los cuales deben tomarse de por vida. Hay que tener cuidado con algunos de ellos porque a veces resulta peor el remedio que la enfermedad por los efectos colaterales que provocan.

Por ejemplo, los antidepresivos a veces conducen a cambios rápidos entre depresión y manía, por lo que los médicos recomiendan usarlos sólo por cortos periodos.

Algunos medicamentos incluso provocan la feminización de los hombres y la masculinización de las mujeres, como los que contienen prolactina, la hormona productora de leche. Otros son inductores de diabetes, hipertensión y colesterol.

Los fármacos ideales para controlar el trastorno bipolar son los estabilizadores del estado de ánimo como los que contienen litio. Este reduce la tendencia a cambios bruscos del humor en un 70 por ciento de los casos y permite a los afectados llevar una vida más o menos regular mejorando su capacidad de trabajo.

Sin embargo, algunos de sus efectos secundarios son: náuseas, temblores, contracturas musculares, diarrea, sed, incremento del volumen de la orina, tendencia a aumentar de peso, acné y psoriasis, entre otros.

Los valores altos de litio en sangre pueden provocar: dolor de cabeza persistente, confusión mental, adormecimiento, convulsiones y ritmos cardiacos anormales. Estos efectos aparecen con mayor frecuencia en personas de edad avanzada.

En los últimos años se han desarrollado nuevos fármacos que constituyen una alternativa al litio, como los anticonvulsionantes carbamacepina y divalproato, aunque el primero puede causar disminución de glóbulos rojos y leucocitos y el segundo, dañar el hígado, sobre todo en niños. Pero estos problemas raramente suceden cuando existe un cuidado médico.

Otro tratamiento es la fototerapia, en particular para los que tienen depresión leve y de carácter estacional.

En este tratamiento se coloca a la persona en una habitación cerrada con luz artificial; ésta se controla para imitar las estaciones del año, días más largos en el otoño y más cortos en el invierno, pero cuidado si la luz es excesiva, el paciente puede llegar a sufrir daño ocular, por lo que esta terapia debe ser supervisada por un especialista.