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¿Dónde prefieres trabajar?

La oficina, tu casa, la playa...¿Es posible unificar el placer con lo laboral? Conoce la opinión de una experta sobre el teletrabajo.
¿Dónde prefieres trabajar?
Crédito: Depositphotos.com
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¿Dónde prefieres trabajar? Ésta es una pregunta tan importante como la de dónde deseas vivir. Y la respuesta para ambas depende tanto de cuestiones personales como de los requisitos del trabajo.

Los diferentes tipos de personas siempre han podido prosperar en ambientes muy diferentes, pero en el pasado, difícilmente se podían permitir el lujo de elegir. Los granjeros trabajaban en sus granjas, los obreros en las fábricas y así sucesivamente. Sin lugar a dudas, el ambiente laboral así ordenado, se adecuaba perfectamente para muchos empleados. Pero también había muchas situaciones que no encajaban y es triste pensar que millones de la generación de nuestros padres, e incluso anteriores, estaban obligadas a trabajar en ambientes que en absoluto eran apropiados para sus temperamentos.

Lo que ha cambiado irreversiblemente en los últimos años es que cada vez más personas pueden elegir el lugar donde prefieren trabajar.

Para muchos de nosotros, no existe sólo un lugar donde podemos ser más productivos. Un ambiente que resulte ideal para leer o escuchar, sea el transporte público o una sala de conferencias, puede que no sea propicio para tomar decisiones o para cualquier otra cosa que signifique llevar a cabo alguna tarea.

Queremos cada vez más un poco de todo: un lugar donde poder reunirnos con otra gente, resolver asuntos, disfrutar de algunos estímulos visuales, conversar, interactuar y observar, para luego trasladarnos a un área tranquila para pensar o hacer llamadas telefónicas.

En los últimos 20 años, los espacios públicos también han cambiado mucho. Los aeropuertos no se diseñan sólo para maximizar las oportunidades de compras; responden cada vez más a la demanda de los clientes creando más salas de negocios y áreas públicas donde poderse conectar a Internet con sus computadoras portátiles. Y así como las librerías se renovaron incorporando cafeterías y estimulando a la gente para que se sentara y conversara, los aeropuertos ofrecen libros para que los clientes los hojeen mientras esperan.

Tal vez como reacción a la enorme cantidad de estímulos visuales y auditivos a los que estamos constantemente sometidos, nuestros períodos de atención se han acortado, por lo que no deseamos más estar encerrados en un ambiente en especial por mucho tiempo. Por el contrario, deseamos tener opciones.

Las organizaciones públicas y también los clubes privados están cambiando sus configuraciones, procedimientos y reglas para adecuarse a la creciente demanda de espacios de trabajo flexibles. Los clubes modernos no se pueden basar solamente en premisas de estilo y en una tradición de distinción para atraer a sus miembros; también deben proporcionar cada vez más instalaciones de comunicación. Es posible que los tradicionalistas se estremezcan, pero las salas de negocios están cambiando y las reglas que restringen el uso de dispositivos personales digitales se están flexibilizando. Los empresarios y empleados necesitan poder moverse fácilmente de una situación distendida a una de intercambio de información electrónica, ya sea para compartir un documento con un colega o una fotografía con un pariente.

La mención de la superposición entre empresa y familia lleva a otro tema importante: está creciendo la visión de que el trabajo en el hogar no es una solución en sí mismo. Hacia fines del siglo pasado, millones de personas en todo el mundo se dieron cuenta por primera vez de que las nuevas tecnologías hacían posible el que no estuvieran más obligadas a desplazarse para ir a la oficina; muchas de ellas convencieron a sus colaboradores o clientes de que en muchos casos podían realizar sus trabajos en similares condiciones desde sus hogares. Pero algunos años más tarde, muchos comprendieron el alcance de los compromisos que se ponían en juego, los conflictos y la incomodidad que resultaban de esta situación.

Hace un año, Regus realizó una investigación a partir de la cual aprendimos que muchos de aquellos que adoptaron el trabajo en el hogar estaban teniendo más dificultades de lo que se habían imaginado, que el trabajo y los niños no se combinaban tan fácilmente como lo habían esperado, que estaban afectando de alguna manera el estilo de vida de sus cónyuges de una forma que nunca habían previsto o que estaban desesperados por recibir estímulos y entrar en contacto con la sociedad fuera de su hogar.

En la brecha entre el trabajo público y el privado ha surgido una nueva categoría de espacios de trabajo, una nueva forma de trabajar. Lo llamamos el espacio privilegiado: un área donde se puede ser completamente anónimo y realizar sus propios asuntos, pero donde también se puede, si así lo desea, leer, aprender y asimilar el contenido de reuniones, seminarios web, materiales impresos o computadoras. Lo que hace que éstos sean atractivos es la valiosa habilidad de optar por algo o poder desentenderse a discreción. Como si fuera un comprador de trabajo, se puede recorrer este espacio privilegiado y seleccionarlo de acuerdo al estado de ánimo.

Ningún lugar es sagrado ni debería serlo. Incluso en la playa, que antes era "el lugar para escaparse de todo", vemos cada vez más personas usando dispositivos digitales para intercambiar información, conversar o trabajar de acuerdo a sus prioridades en cualquier momento. ¿Y por qué no? Si puede editar un informe mientras se disfruta del sol, ¿cuál es el problema? No está interfiriendo con el placer de los demás concurrentes a la playa, mientras que sus colegas pueden encontrar que la calidad de su trabajo mejora en esos ambientes tan estimulantes.

La resistencia de los tradicionalistas es inútil. Deberíamos adoptar esta nueva capacidad de poder elegir nuestro lugar de trabajo como una liberación. El poder, finalmente, reside en el individuo y, si la demanda está allí, Regus, que ya ha abierto centros de negocios en las principales áreas residenciales, estará más que feliz de abrirlos en la playa.

*La autora es directora de Regus México

Consulta nuestro especial sobre cómo elegir oficinas.