Emprendedores

Hacia el emprendimiento de alto impacto

En los últimos años, el ecosistema emprendedor de México se ha fortalecido. Pero aún hay retos como la innovación y el financiamiento.
 Hacia el emprendimiento de alto impacto
Crédito: Depositphotos.com
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México vive una de las épocas más favorables para quienes quieren emprender. Factores como la estabilidad macroeconómica, el mayor número de programas de capacitación y apoyos disponibles, la mayor difusión sobre oportunidades y herramientas de negocios... todo eso hace que abrir una empresa sea hoy una opción de vida más viable que hace 20 años.

Pero el reto, coinciden expertos, inversionistas, académicos y autoridades gubernamentales, está todavía en desarrollar empresas innovadoras y de alto impacto, que impulsen la economía y la generación de empleos.

La clase empresarial es indispensable en todo proceso de desarrollo y es especialmente el espíritu emprendedor el que puede transformar la economía de México y lograr que suba en la escala de competitividad mundial. Según estadísticas oficiales, son las pequeñas y medianas empresas (Pymes) las que generan el 72% de los empleos formales en el país. Y es justamente este segmento la plataforma ideal para generar innovaciones de la mano del talento emprendedor, por sus ventajas naturales como flexibilidad y creatividad para llevar nuevos productos y servicios al mercado.

En este sentido, México reportó en 2012 una tasa de actividad emprendedora del 12%, según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), un estudio que se aplica anualmente en 54 países. Estamos cinco puntos abajo del promedio de las economías de la región (17%) ,  y mucho más lejos de naciones como Chile y Colombia, con porcentajes del 23 y 20%, respectivamente.

Pero la actividad emprendedora en el país va incrementándose. En 2011 México arrojaba una tasa del 9.6%. Sin embargo, este deseo por emprender responde muchas veces a un factor de necesidad y no a un deseo de generar negocios de alto impacto. Por ello, “la gran apuesta a futuro debe ser hacia la generación de empresas innovadoras que resuelvan necesidades específicas del mercado, y que además sean escalables”, sostiene Jorge Peralta, director y fundador de Innovación Disruptiva, una consultora especializada en la aplicación de modelos innovadores para empresas e instituciones.

No obstante, para lograr la creación de estas empresas de alto impacto (aquellas que poseen un modelo de negocios con una ventaja sostenible y escalable, generadoras de empleos de calidad, y con aportaciones importantes al Producto Interno Bruto), se necesita de un ambiente propicio para la actividad empresarial y el desarrollo de talento. Es decir: de un ecosistema emprendedor sólido.

¿De qué se trata? Del entorno en el que colaboran e interactúan emprendedores, instancias de gobierno, universidades, centros de investigación, organismos de apoyo como lo son incubadoras y aceleradoras, empresas ya constituidas con cadenas de valor funcionando y capital emprendedor.

En este sentido, el Gobierno Federal ha hecho parte de la tarea. En 2001 se creó la Subsecretaría para la Pequeña y Mediana Empresa, hoy convertida en el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), que ha generado varios programas a favor de los emprendedores y Pymes. Pero también la sociedad civil ya hace su parte, sobre todo, en los últimos dos años. Y ahora tiene más participación tanto en iniciativas como en inversión.

“Por primera vez empiezo a ver actividades para emprendedores prácticamente todos los días, con iniciativas distintas como Startup Weekend, Founder Friday, iTuesday, #OP4U y otras metodologías incorporadas de Estados Unidos que están generando una inercia no sólo en la Ciudad de México, sino en el resto de la República”, dice Adriana Tortajada, directora general de Programas a Emprendedores y Financiamiento del Inadem.

La funcionaria sostiene que en la actualidad hay más programas a nivel federal, estatal y municipal. También más capital en etapas tempranas, incentivos para la innovación, conocimiento y conciencia de que el corazón de toda la industria es el emprendedor. Y opina que ahora el resto de los actores deben jugar su papel en la escena para incentivar la generación de emprendimiento de mayor impacto.

Jorge Zavala, Chief Disruptive Officer (CDO) de Kinnevo, una organización basada en Silicon Valley dedicada al desarrollo de la capacidad de emprendimiento con alto nivel de innovación, coincide con Tortajada. Aunque advierte que ahora es tiempo de darle un giro a los esquemas tradicionales de emprendimiento.

La razón: cuando las nuevas empresas no tienen un modelo de negocio con una ventaja competitiva sostenible y escalable, se convierten en negocios de autoempleo sin repercusiones importantes en la generación de empleo, ni del PIB. Por ejemplo, hoy existen 500 incubadoras de empresas en el país, no obstante, menos del 5% están enfocadas a la alta tecnología. Además, ocho de cada 10 negocios que se generan son del tipo tradicional y no sobreviven los dos años, entre otras razones por su falta de flexibilidad y creatividad para generar nuevos productos y servicios.

“Estamos en una de las etapas de mayor cambio visto en la historia del emprendedurismo, tanto en México como en el resto del mundo. Vivimos una de las mejores épocas y a la vez un momentum crítico en el que debemos darle una variación a lo que ha sido el emprendimiento enfocado a la creación de changarros”, sostiene Zavala, quien es autor del libro Think like Silicon Valley being anywhere (Pensar como en Silicon Valley estando en cualquier parte del mundo).

Si bien la actividad emprendedora se disparó con los “changarros”, que impulsó el Presidente Vicente Fox (2000-2006), no fue sino hasta hace un par de años cuando se observó el verdadero cambio. Esto por la implementación en el país de metodologías como el Lean Startup, los espacios de co-working, iniciativas como la aceleradora de negocios Wayra y actividades como Startup Weekend, entre otras, en las que participa más el sector privado.

“Ahora hay mucho más involucramiento y no sólo es el gobierno el promotor. La sociedad civil en general ha empezado a hacer las cosas por cuenta propia. La gente está haciendo actividades que generan más empresas de más impacto”, afirma Zavala, ex director de la aceleradora de empresas mexicanas de alta tecnología TechBa Silicon Valley (2005-2012).

Piensa en grande

Por supuesto que hay avances, pero aún hay muchos retos, como hacer que los emprendedores aprendan a pensar en grande o que comprendan que la innovación puede darse en todo tipo de negocio, no solamente en los tecnológicos. Adicionalmente, falta crear empresas más globales o aquellas que resuelvan problemas sociales y sean autosostenibles.

Igualmente, aún son pocos los financiamientos para emprendedores por parte de la banca comercial. Y aunque cada día hay más acceso al venture capital o capital de riesgo (que proporcionan, a cambio de una participación, capital de crecimiento a empresas que van comenzando y que están dirigidas a mercados de alto crecimiento), falta la creación de un mayor número de fondos y que los inversionistas reconozcan que no se trata sólo de aportar dinero, sino de darle acompañamiento o mentoría al negocio por el que apuestan.

Si bien existen estos desafíos, “sin duda es un momento muy oportuno para emprender en México, que cada vez está teniendo un nivel más relevante en la industria a nivel global”, subraya Tortajada.

Nuestra nación forma parte de los llamados Growth Markets, un concepto acuñado en 2010 por Jim O’Neil, presidente de Goldman Sachs Assets Management, para referirse a los países que crecerán más en la próxima década. El economista británico destacó que México se convertiría en la séptima economía más grande del mundo en 2020 y aportará el 7.8% del PIB global, más que Rusia e India.

Y no sólo eso, a nivel Latinoamérica, el Banco Mundial (BM) ubica a México como la segunda economía más grande y observa que aunque está estrechamente ligada con el sector de la producción industrial de Estados Unidos, no se ve afectada por la desaceleración estadounidense y la crisis europea.

“México tiene un enorme potencial para la aceleración del crecimiento económico. El país ha mantenido un fuerte crecimiento del 3.9% en 2012. Esto ha tenido el respaldo de la demanda externa e interna, con una expansión más firme en los servicios. Se espera que el PIB crezca un 3.5% durante 2013, con una recuperación en 2014”, señala el organismo internacional.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en la próxima década economías como China, Brasil, India, Rusia (BRIC) y hasta México, formarán parte de las 10 más robustas del planeta.

“La estabilidad macroeconómica por la que atraviesa el país ayuda a que se generen mayor número de emprendimientos, que las personas se arriesguen y que piensen en proyectos a largo plazo. No olvidemos que emprender siempre implica un riesgo que no todos están dispuestos a correr”, dice Peralta.

Revolución emprendedora

Ante este panorama, varios actores del ecosistema reconocen que es buen momento para invertir en el mercado local. César Salazar, director en México de 500 Startups, un fondo de inversión que apoya a empresarios en ciernes, afirma: “el país cuenta hoy con un ecosistema activo empresarial que resuelve problemas reales. Cientos de fundadores están construyendo negocios basados en Internet para mejorar los servicios de salud, financieros, de comercio y transporte, sólo por nombrar algunos espacios”.

Al referirse al contexto por el que atraviesa el emprendedor en la actualidad, Salazar señala que en los últimos cinco años la generación más joven de los mexicanos ha experimentado un cambio drástico social y económico. Este grupo educado de nativos digitales está más consciente de las oportunidades globales y está trabajando duro para hacer un país más innovador.

Y es que en algunas esferas se vive una transformación radical en la forma de concebir los nuevos proyectos y apuestan por la generación de startups (modelos de negocios en etapas de validación, que se distinguen por su alto contenido tecnológico, un elevado componente innovador y grandes posibilidades de crecimiento) a través de metodologías como Lean Startup.

El método sugiere un nuevo enfoque para el lanzamiento de propuestas basado en el aprendizaje, la experimentación científica y ciclos cortos de desarrollo de productos. El objetivo principal del sistema creado por el estadounidense Eric Ries en 2008 es lograr una retroalimentación real y valiosa de los clientes en las etapas tempranas.

Lo anterior, para evitar el gasto excesivo en el desarrollo de productos o servicios que ningún cliente necesita, o llevar a cabo costosos lanzamientos de mercado que terminan en el fracaso, como ocurre con los enfoques tradicionales, que además suponen largos meses de trabajo.

Con la metodología Lean Startup y reuniendo a los principales facilitadores del ecosistema emprendedor, desde junio de 2011 se celebra Startup Weekend en México. Bajo el concepto de aprender creando, el evento busca que en 54 horas los nuevos emprendedores se capaciten, compartan ideas, construyan productos y lancen una startup. En casi dos años operando a nivel nacional, se han celebrado 40 eventos en 26 ciudades, con un récord de 2,500 participantes.

Así, con la aplicación de los métodos ya mencionados y un mayor acceso a las nuevas fórmulas para la creación de empresas, sobre todo provenientes de Estados Unidos y de la región de Silicon Valley, el emprendedor mexicano evoluciona. Ahora es cada vez más frecuente que identifique las necesidades o problemas de su mercado y parta de ese punto para generar un proyecto. Adicionalmente, cada vez está más abierto a compartir sus ideas, observa Gustavo Álvarez, gerente de operaciones México y Centroamérica de Startup Weekend.

“La gente ha empezado a entender que la mejor manera de proteger sus ideas es llevarlas a cabo. También se percata que cuando comparte, recibe retroalimentación para solidificar y estructurar sus proyectos de una manera más rápida”, afirma.

De la misma manera, los emprendedores están descubriendo la existencia del venture capital o capital de riesgo y buscan conseguir mediante esta alternativa, la inyección de capital que los permita escalar a una siguiente etapa. Hoy operan más de 12 fondos de este tipo en el país, frente a los más de 900 que funcionan en Estados Unidos.

Pero aún falta un mayor desarrollo del capital de riesgo en México y que los inversionistas estén conscientes de lo que significa ser un socio de smart money, es decir, que con su know how agreguen valor al proyecto y se involucren en el desarrollo del mismo y no sólo aporten el dinero, explica Tortajada, del Inadem. Y es realmente importante lograr este desarrollo, pues como señala una investigación de la escuela de negocios de Harvard, el capital emprendedor es un acelerador de la innovación y el crecimiento del empleo en una región.

Camino por andar

Hechos como los mencionados demuestran que está ocurriendo un cambio de paradigma. No obstante, no se deben asumir posiciones triunfalistas. “Estamos en la dirección correcta y es el mejor momento para que las oportunidades se disparen. Hay masa crítica y personas con know how que pueden transmitir sus conocimientos para que otros puedan absorberlos, trabajen y crezcan, pero se han dado sólo algunos pasos”, dice Zavala, fundador de Kinnevo.

Existen muchas áreas en las que trabajar. Por ejemplo, el emprendedor debe de tener en cuenta que por condición natural las circunstancias cambian y que por eso debe superarse continuamente y asumir los nuevos roles y retos. En primera instancia, las nuevas generaciones deben ver al emprendimiento como parte de su cultura desde las primeras etapas de su vida.

Para lograrlo, la escuela es un primer paso que si bien está dando frutos en educación media y superior, debería incorporarse desde los niveles básicos, considera Mario Adrián Flores Castro, líder del equipo GEM (Global Entrepreneurship Monitor) en México.

El estudio que encabeza y que se aplica en 54 naciones señala que tenemos una actividad emprendedora del 12%, cinco puntos debajo del promedio de las economías contra las que nos medimos (las basadas en la eficiencia). México cuenta con un buen nivel de emprendimiento, en especial en pequeños y medianos negocios, pero ello responde en gran medida a un factor de necesidad, explica el académico.

El emprendimiento positivo es aquel que se genera cuando el emprendedor se siente libre para generar ideas. Y en esto, la educación es fundamental, ya que lo dota de una estructura de pensamiento para hacer una mejor lectura de la realidad, de los problemas y de las necesidades existentes. Las iniciativas que fomenten el emprendedurismo, a través de mecanismos que estrechen el vínculo entre las instituciones educativas y las empresas, son determinantes para el florecimiento de esta cultura.

Para lograr el binomio escuela empresa, la Secretaría de Educación Pública (SEP) optó por privilegiar el fortalecimiento de las incubadoras de empresa. La dependencia indicó en 2012 que 385 instituciones de educación superior tenían consejos de vinculación con el sector productivo, 225 más que en 2006. Adicionalmente, 196 de las incubadoras se encontraban dentro de las universidades.

Por medio de estas instancias, se crearon 907 empresas y se generaron 7,316 empleos. Pero más allá de la variedad de programas para impulsar el desarrollo de las Pymes, 82% de los negocios que arrancan desaparece antes de los dos años. Las causas: falta de capacitación en mejores prácticas y procesos gerenciales, escaso acceso al financiamiento y poca adopción de nuevas tecnologías.

Luis Medina, director de TechBa Austin, opina al respecto que los programas de incubación de negocios que se han promovido en el país han tenido resultados positivos. Sin embargo, se debe trabajar más en lograr que sean verdaderos hombres de negocios quienes formen a los nuevos talentos y que se impulse más la creación de proyectos con innovación que resuelvan problemas específicos del mercado.

“Tener una gran idea ya no es suficiente, tiene que estar ligada al mercado y llevarse a cabo con una ejecución excepcional, la cual es posible con las personas correctas que puedan trabajar juntas. El hacer una empresa no es asunto de tecnología y dinero, sino de gente dando servicios para la gente”, sentencia.

El directivo destaca que cuando falla una incubadora no es por su metodología, sino por quien está a la cabeza de la institución. “En ocasiones se trata de un muchacho bien intencionado pero con poca experiencia en coaching y que carece de una sólida red de negocios”.

Por eso, se debe seguir trabajando en el tejido de redes de negocios y establecer, incluso, comunidades virtuales. Ello permitirá a los nuevos empresarios lograr mejores conexiones inclusive fuera de su país de origen, con lo que comenzarán a tener una visión más global y lograrán escalar sus negocios.

Esto sólo será posible si cuentan con una propuesta innovadora, advierten los entrevistados. Un emprendimiento de alto impacto no se conseguirá sin innovación, y no se refiere a lograr muchas patentes, hacer grandes inventos o a temas de alta tecnología. La innovación en los negocios se trata de lograr un diferenciador a través de una propuesta de valor que genere una ventaja competitiva.

El más claro ejemplo es Starbucks: la empresa no nació como una startup y opera en un mercado tradicional. Tampoco compite con precios, pero ha ido escalando y haciendo las cosas de manera diferente. Esto hace que sus consumidores la prefieran sobre las demás. Las condiciones están dadas, es tiempo de actuar y, sobre todo, creer que en México podemos pensar y emprender en grande.