Emprendedores

La juventud, tu mayor fortaleza

Para ser exitoso, debes tener disciplina y una preparación continua. La directora de Kinergy lo consiguió a pesar de los obstáculos.
La juventud, tu mayor fortaleza
Crédito: Depositphotos.com

Una joven de 25 años toca la puerta de tu empresa. Su objetivo es vender un sistema de generación de electricidad a partir de energías renovables. Aún no tiene un caso de éxito, pero está convencida de que podrá ofrecer ahorros en el recibo de la luz hasta de 90%. ¿Le comprarías? O antes incluso… ¿la escucharías?

Este fue el escenario inicial de Nayelli Hernández, directora general de Kinergy, empresa especializada en el diseño, suministro e instalación de sistemas ahorradores de energía mediante el aprovechamiento de las energías eólica, solar y térmica: un público escéptico, sin conocimiento y con más prejuicios en torno a la inversión en tecnologías alternativas de por medio que preguntas u oportunidades.

“Cuando surge Kinergy como idea de negocio, en 2008, no había una cultura acerca de los beneficios en ahorro que representan las energías renovables. Aún así decidimos lanzarnos porque a nivel mundial el crecimiento del mercado era asombroso”, señala.

Y es que de acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), entre 2006 y 2011 la capacidad de producción global de energías renovables creció a tasas promedio anuales entre 17 y 58 por ciento.

A pesar de las buenas perspectivas del mercado, la emprendedora tuvo que remar contra corriente. En primer lugar, iniciaría un negocio en una industria prácticamente desconocida en México –más en Yucatán, de donde es originaria–; era muy joven y, por último, dirigiría a un equipo de trabajo compuesto por hombres con más experiencia y edad. Fue entonces que echó mano de su liderazgo y capacidad de negociación para sacar a flote el sueño de toda su vida: tener su propia empresa.

Lecciones aprendidas

Con 19 años y aún cursando la licenciatura en Dirección y Administración de Empresas en la Universidad Anáhuac Mayab, Nayelli decidió incursionar en el mundo del emprendedurismo. Sin más que las ganas de montar un negocio, se asoció con su mejor amigo y abrió una florería cuyo valor agregado consistía en diseñar y comercializar arreglos florales exclusivos. “Teníamos que conquistar a clientes con alto poder adquisitivo y lo estábamos haciendo bien; pero aprendí que si no te gusta lo que haces, estás condenado al fracaso”, confiesa.

Apenas cumplidos los 12 meses de operaciones, la florería cerró y con ello vendría una segunda lección aprendida: los amigos no suelen ser los mejores socios. A pesar de que perdió los ahorros de toda su vida, la joven decidió continuar –ahora con más experiencia y sabiduría– y dedicó los siguientes dos años a trabajar para una empresa de entretenimiento acuático. Ahí tuvo que organizar eventos e incluso, limpiar piscinas. Fue en 2006 cuando lanzó su segundo emprendimiento: Servicios Integrales del Sureste (Sintesur), dedicado al mantenimiento e instalación de sistemas eléctricos.

“La sostenibilidad está en mi ADN”, asegura. Esto la llevó a desarrollar una estrategia de recursos humanos en la que se le diera prioridad a la experiencia y a las capacidades más que a la edad. Con esto en mente y la ayuda de su padre, jubilado de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Nayelli logró generar a través de Sintesur fuentes de empleo para operadores que se quedaron sin trabajo luego del cierre de varias plantas termoeléctricas en Mérida. Sin embargo, a pesar de que el negocio resultó un gran acierto, ella estaba lejos de sentirse satisfecha. Hacía falta por hacer algo más.

Al mando de Sintesur, la emprendedora conoció a Jorge García, socio y actual gerente operativo de Kinergy. Fue él quien le presentó la posibilidad de mejorar la oferta de la empresa a partir de la incorporación de las energías eólica, solar y térmica.

Para 2008, el dúo se dio a la tarea de investigar el mercado de las energías renovables en México, descubriendo que Yucatán contaba con el ambiente idóneo para hacer negocios. La tercera lección fue que nunca es tarde para dar un golpe de timón y cambiar de dirección.

Datos de la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES) señalan que los países con mayor recepción de luz solar al año son China, Singapur, México, Australia e India. De hecho, en nuestro país la radiación solar promedio es de 5 kilowatts hora por m2, lo que se traduce en una producción de luz 200 veces mayor de lo que actualmente se consume. Respecto a la energía eólica, las regiones con gran potencial son el Istmo de Tehuantepec (Oaxaca), La Rumorosa (Baja California) y la Península de Yucatán. El escenario estaba listo, el siguiente paso era la capacitación.

El nombre de su empresa expresa la visión de Nayelli. Sol, en maya, es k’iin. Unido con la palabra en inglés energy da como resultado Kinergy. Aunque “en un principio pensamos en fabricar nosotros mismos paneles solares; pero siendo realistas, no sabíamos nada de green ni clean tech”, reconoce Nayelli.

Esto llevó a los socios a buscar mentoría y capacitación con el Consejo de Desarrollo del Comercio Exterior de Taiwán (Taitra, por sus siglas en inglés), un organismo que vincula a empresas taiwanesas con empresarios mexicanos. Al volver del país asiático, emprendieron formalmente. La cuarta lección: si es lo que te apasiona, entonces prepárate y sé el mejor.

Cuando el problema… ¿Eres tú?

A decir de Mark Wood, director del área de Excelencia en Sostenibilidad del ITESM, campus Ciudad de México, en el país sí hay una conciencia sobre la importancia del cuidado del medio ambiente y de ciertos sectores vulnerables de la población en el entorno empresarial. “Pero también se percibe como un tema que implica altos costos iniciales, lo que frena su adopción e implementación”.

Bajo esta premisa, la joven emprendedora debía lograr no sólo ser escuchada, sino que se le tomara en serio y transmitir correctamente los beneficios a largo plazo de sus productos.

Con la información obtenida en Taiwán, comenzó a impartir pláticas educativas en grupos con alta asistencia de dueños de negocio, apelando a los importantes ahorros obtenidos en el mediano plazo con la adquisición de sistemas generadores de electricidad a partir de energías renovables.

El problema es que sin un caso de éxito y una juventud imposible de ocultar, pocos le daban la oportunidad de probar su oferta. A punto de rendirse, Nayelli aprendió su quinta lección: busca ayuda.

Al integrarse a la incubadora de negocios de la Anáhuac Mayab, la emprendedora mejoró la imagen de Kinergy, pulió el plan de negocios y se vinculó con la  Comisión de Empresarios Jóvenes local de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex). Ahí comprendió que había más emprendedores como ella y que el networking la ayudaría a solucionar problemas y a compartir buenas prácticas. “Saber que no estás solo te infunde fuerza y confianza, y justo eso era lo que yo necesitaba en ese momento”, cuenta.

Los ajustes a la idea original de Kinergy permitieron que finalmente llegara el primer cliente. Sin más referencia que la palabra de Nayelli, un empresario yucateco pagó en una sola emisión por un sistema interconectado solar para bajar el monto del recibo de luz de su compañía. Gracias a la nueva tecnología, el ahorro en el consumo de energía fue de 50% y su ROI fue de 2.5 años.

Esta primera venta le permitió a la emprendedora montar una oficina y un taller en forma, obtener un crédito bancario, contratar personal y así echar a andar el negocio. “Te ven joven y ponen en duda tu capacidad de compromiso, tu experiencia y sentido de la responsabilidad”, advierte. La sexta lección: la confianza entre los clientes se gana con congruencia.

Y mientras el mercado respondía satisfactoriamente a la oferta de Kinergy, Nayelli debía vencer un reto más. Por ser una mujer joven, sus colaboradores de pronto pasaban por alto sus órdenes y recomendaciones. De hecho, en la empresa sólo laboran dos mujeres y esto, por tanto, la ponía en desventaja.

Entonces, decidió basar su liderazgo en tres pilares: el respeto por sus colaboradoras, una gran capacidad para escuchar y el ejemplo. “La clave está, ante todo, en confiar en ti mismo. Sólo así podrás demostrar quién lleva la dirección del negocio y quién responderá en caso de algún contratiempo”, afirma.

Actualmente, Kinergy cuenta con clientes en Campeche, Quintana Roo y Yucatán, ocho empleados de planta y genera 20 empleos por cada proyecto.

Además, como emprendedora, Nayelli suma varios reconocimientos, entre ellos como finalista del Premio Nacional al Estudiante Emprendedor, otorgado por Entrepreneurs Organization (2011); vicepresidente local de la Comisión Nacional de Empresarios Jóvenes de la Coparmex; finalista en el Cleantech Challenge (2012); ganadora del Premio Estatal de la Juventud, y vicepresidente nacional de la Comisión Nacional de Empresarios Jóvenes de la Coparmex. 

“Y los que faltan”, adelanta con una gran seguridad. “Cada logro es una raya más al tigre, que es la empresa y todos los que la componen”.