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Tianguis orgánico: ¿paradigma de consumo?

Enrique Cervantes, director de El Bonito Tianguis, comparte cómo consiguió hacer de un proyecto generoso su sustento de vida.
Tianguis orgánico: ¿paradigma de consumo?
Crédito: Depositphotos.com
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En años recientes, las grandes ciudades del mundo han sido testigos de una transformación en las tendencias de consumo. Cuando menos entre los jóvenes, las cadenas de supermercados han tenido que ceder parte de su reinado a nuevas opciones de abastecimiento, como tiendas que ofrecen productos de comercio justo o tianguis que agrupan a productores locales.

Por supuesto, la capital mexicana –siempre a la vanguardia– no es la excepción. Hace unos cinco años, los autodenominados mercados alternativos comenzaron a surgir como respuesta a una doble necesidad: la de satisfacer la demanda de productos artesanales y la de ofrecer a los productores una vía para vender sus productos a un precio justo.

Así, casi de la mano surgieron propuestas como el Mercado el 100, el Mercado Alternativo de Tlalpan y El Bonito Tianguis. En Entrepreneur platicamos con Enrique Cervantes, director de El Bonito Tianguis, sobre cómo consiguió colarse en los hábitos de consumo de los ciudadanos y hacer de un proyecto generoso su sustento de vida.

La venta organizada como alternativa

El Bonito Tianguis es una plataforma que acerca al pequeño y mediano productor con el consumidor final. Como todos los tianguis alternativos, su misión es favorecer la economía local y retomar la experiencia ancestral de comprar directamente a los productores.

En 2011, Enrique, entonces dueño de un centro de yoga, abrió un espacio a los productores locales al terminar las clases. Durante un par de meses invitó cada semana a un productor diferente: de hortalizas, quesos, jugos, frutas… Tras la enorme demanda de estos productos, organizó un eco-bazar navideño en su casa y reunió a 20 productores. El éxito fue tal que se percató de que éste era un importante nicho de oportunidad, la ocasión perfecta para iniciar un negocio en su colonia, San Pedro de los Pinos.

Organizó un segundo tianguis y convocó al doble de expositores. “Le pedí a una alumna diseñadora que creara un logo muy mono para darle identidad. Renté un espacio en un centro cultural, contraté a alguien para que me ayudara y pusimos una lona”, explica. Repartió volantes en la colonia y pegó pósters. El día del evento llegaron alrededor de 800 personas.

A partir de ese día el proyecto creció a un ritmo casi exponencial. Hoy, el tianguis se ha convertido en un bazar itinerante que se realiza una vez por semana en una colonia distinta, y que agrupa a aproximadamente 80 expositores de estados como Yucatán, Chiapas, Oaxaca y Estado de México.

Cambiar a México desde el refrigerador

Quien visita El Bonito Tianguis encuentra una gran variedad de productos artesanales, locales y orgánicos: vegetales, lácteos, leches veganas, abarrotes, mermeladas, mezcal, salsas, aceite de oliva, chocolates, nueces, especias, cremas, cosméticos y aromaterapia, entre muchos otros.

Pero, más allá de eso, encuentra una experiencia enriquecedora, que no hallará al ir de compras a un supermercado. “La gente busca cambiar su experiencia de compra”, afirma Enrique. “Está ávida de escuchar historias, de conocer quién está detrás de los productos que consume”.

Además de “montarse a la ola a tiempo”, es decir, aprovechar el comienzo del auge por el consumo de productos orgánicos, uno de los grandes aciertos de El Bonito Tianguis fue crear una imagen diferenciadora. “Está inspirada en los mexicanos: somos dicharacheros, creativos y divertidos. Nuestro logo es folclórico, enaltece lo que somos”.

 

Enrique Cervantes en una de las primeras ediciones de El Bonito Tianguis.

Responsabilidad social

El modelo de El Bonito Tianguis se basa en generar un impacto positivo en el entorno. El negocio se da por añadidura.

Un producto artesanal conlleva altos costos de producción y distribución. “El principal enemigo de los productores es la Central de Abastos. Ahí se definen los precios a nivel nacional: ellos deciden a cuánto se venderá un kilo de tomates, aunque a un productor le haya costado mucho cosecharlo o transportarlo”, explica. “Imagina que un campesino que tiene dos hectáreas de cultivo de maíz debe venir hasta la ciudad en su camioneta para vender su producto, y se encuentra con que tiene que subastarlo”.

La gran diferencia entre un supermercado y un tianguis alternativo es que, en el segundo, los productores fijan sus precios y reciben una remuneración justa por su trabajo.

Enrique cobra una cuota fija a los vendedores, que incluye un espacio, mesas, iluminación, decoración y la convocatoria al evento. Todas las ganancias de las ventas pertenecen a ellos.

Beneficios para los consumidores

Los mercados alternativos enfrentan el reto de lograr que la gente descubra el beneficio de pagar “un poco más”. A cambio de pagar un precio justo, los consumidores pueden confiar en que están recibiendo un producto de alta calidad, producido con cuidado y libre de químicos añadidos.

Pero el alcance de este tipo de proyectos, íntimamente ligados con una práctica de comercio justo, es mucho mayor. “Los consumidores tenemos el poder de transformar la realidad de nuestro país con nuestras decisiones diarias”, declara Enrique. Y es que consumir en los mercados alternativos mejora las condiciones de vida de los productores, reduciendo la necesidad de abandonar el campo y la violencia derivada de la falta de oportunidades.

A futuro

Actualmente, el tianguis itinerante visita una colonia distinta cada semana. Pero Enrique planea que se realicen tres tianguis simultáneos en diferentes puntos de la ciudad. Además, tiene en mente organizar un coloquio donde todos los mercados alternativos de la capital compartan sus experiencias y pongan en común sus aciertos y errores.

¿Te gusta la idea de ser un consumidor responsable? Visita el sitio web de El Bonito Tianguis o sigue sus redes sociales para conocer su recorrido.