Emprendedores

Salauno: una empresa social y rentable

La empresa creada en 2011 por Carlos Orellana y Javier Okhuysen ofrece a personas de escasos recursos la posibilidad de cuidar su visión.

Salauno quiere eliminar los problemas visuales en México sin que el paciente absorba todo el costo, por medio de alianzas, innovación y procesos eficientes.

Luis Ángel de la Cruz es un oftalmólogo de Tuxpan, Veracruz. En octubre pasado visitó la Ciudad de México con ocho de sus pacientes para que les operaran las cataratas de sus ojos. Llegaron un domingo, el martes los intervinieron y el jueves regresaron a su comunidad. En cinco días, la vida de estos adultos mayores cambió drásticamente: pasaron de no ver nada a tener visión, volver a ser independientes e incluso, productivos nuevamente.

“El proceso para operarlos por medio del Seguro Social es muy largo porque los hospitales están muy saturados. Y con un médico particular cuesta hasta $20 mil por ojo. Así que no dudaría en repetir nuestra experiencia”, asegura el médico.

Todo fue gracias a salauno, la empresa que crearon Carlos Orellana y Javier Okhuysen en 2011, basada en el modelo del Hospital de Ojos Aravind de India. Los pacientes de Luis Ángel de la Cruz forman parte de los 87 mil que han sido atendidos en tres años de operación, dentro de los cuales se han realizado 10 mil procedimientos quirúrgicos, el 65 por ciento de ellos, de cataratas.

Esta enfermedad la padecen unos dos millones de mexicanos y cada año se suman 300 mil nuevos casos, ya que sus principales causas son la vejez y la diabetes, dos factores que están en aumento en México. El problema es que el porcentaje de operaciones es tan sólo del 50 por ciento, tanto por el alto costo de la cirugía como por la falta de información y acceso.

La empresa combate estos retos. “Nuestro modelo combina procesos eficientes con un alto volumen de pacientes, con lo que reducimos el costo de las cirugías significativamente”, dice Carlos. Algunos procedimientos son gratuitos –los que realizan de la mano de Cinépolis y su programa De la vista nace el amor–; el resto cuestan una tercera parte del promedio del mercado (de $6 mil a $15 mil según la tecnología y tipo de cirugía).

Para que sea accesible ese costo, ofrecen descuentos de contado, pagos con crédito Fonacot, meses sin intereses con tarjeta de crédito, o bien, un programa de monedero para ahorrar y cubrir el total. “La idea es que te cueste menos y que contribuyas a que alguien que no puede pagar –el 70 por ciento de sus pacientes son de nivel D o menor– se opere gratis”, señala Javier.

Los emprendedores también redujeron el costo de la consulta a $100, contra $800 de un privado. Y es que como explica Carlos, si el paciente no acude a consulta porque le cuesta mucho dinero, no va a atenderse.

Además, la empresa realiza campañas semanales de salud visual en las que llevan equipo médico para hacer diagnósticos en comunidades remotas. Por otro lado, están construyendo una red de referencias con ópticas previamente establecidas y Visual Centers propios, en los que se hacen diagnósticos para referir a los pacientes que lo requieran a la clínica. Hasta ahora han realizado 300 campañas y creado dos Visual Centers, así como alianzas con diversas clínicas. El objetivo es tener muchos de estos puntos para acercar el servicio a la población y hacer 75 mil cirugías anuales para 2020.

Luego de algunos meses de operación, Javier y Carlos detectaron que los adultos mayores que acudían a sus consultas iban acompañados por sus hijos o nietos, quienes preguntaban por algunos otros servicios de salud visual; lo que les amplió el panorama. De ahí que hoy, salauno también ofrezca consultas generales de oftalmología, venta de lentes de armazón o de contacto, cirugías de corrección con láser y tratamientos para diabetes, retina y córnea, mácula, glaucoma y pterigión.

Haciéndolo diferente

¿Cómo hicieron dos ingenieros para montar un hospital? Los emprendedores buscaron a oftalmólogos jóvenes que creyeran en la misión social del proyecto y que se atrevieran a romper con las prácticas tradicionales establecidas en el sector. “Queríamos a gente que estuviera dispuesta a probar y a hacer las cosas de manera diferente para resolver un problema de salud pública, siempre cuidando la calidad”, subraya Javier.

Pero no se trata de filantropía o “amor al arte”; salauno ofrece varios atractivos a sus médicos para retener el talento. El principal es el volumen pues, aunque puede ser cansado ver a tantos pacientes en un sólo día, también les da mucha experiencia. “Algunos llevan 18 meses con nosotros y ya han operado a mil personas, con un nivel de complicaciones de uno a 100”, destaca Javier. A la par de este entrenamiento, la empresa les dota de capacitación especializada avalada por el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Anáhuac, además de congresos y de la posibilidad de hacer investigación.

En cuanto al sueldo, Javier asegura que está por arriba de la media del mercado; asimismo, les permiten hacer práctica privada por las tardes para obtener ingresos extra. Incluso para sus médicos con más antigüedad, ofrecen un programa de acciones de la empresa. “Queremos que se sientan dueños del proyecto y que ayuden a que despegue”, afirma.