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3 claves para hablar en público como “experto”

Hablar ante una audiencia puede ser halagador, pero también una experiencia aterradora. ¡Sigue estos consejos prácticos!
3 claves para hablar en público como “experto”
Crédito: Depositphotos.com
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“Experto” es una forma elusiva como pocas para designar a un profesional. En mi trabajo en la revista Esquire a menudo me llaman experto en cocteles (encabezo la mayor parte de la cobertura de licores y bebidas) y experto en cultura pop (dirijo buena parte de la cobertura de cine, televisión y música). Todo eso, por supuesto, me hace un experto  en cómo llegar a ser un experto.

 Los pasos a seguir: adquiere cierta experiencia en algún rubro y agrega la palabra “experto” a tu firma de correo electrónico.

Tanto si eres un “experto” o un experto, podrías terminar obteniendo el reconocimiento de tus colegas, un contrato para un libro o, lo que es más común, una chamba de orador invitado y hasta panelista. Esta última ocasionalmente incluye dinero, pero siempre significa conexiones, publicidad y respeto.

Hay dos clases de trabajos de orador: aquellos para los que estás calificado y aquellos para los que no, y debes ser capaz de decir cuál es cuál. Lo que no quieres hacer es falsa experiencia que no tienes, esa es una pérdida de tiempo para todos.

1. Cómo saber si eres un experto: Aquí está la prueba: recibes una llamada, un correo electrónico o una invitación impresa pidiéndote “por favor asista a nuestra conferencia y hable acerca de (tu área de especialidad)”. ¿La invitación te hace sentir nervioso e indigno; o seguro, listo e incluso relajado?

Si no te sientes nervioso, entonces estás listo para ser un experto. Los mejores trabajos de este tipo son aquellos que te permiten apelar simplemente a tus años de experiencia. Los peores son aquellos en los que tienes que estudiar. Si te sientes nervioso, de todas maneras podrías estar listo para ofrecer tu sabiduría, aunque necesitas asegurarte de que tus nervios se refieran a hablar en público –lo cual es normal– y no a presentarte como algo que no eres –lo cual, aunque común en los negocios, es una muy mala idea–.

Pero, ¿y si sabes de lo que estás hablando?, ¿si puedes ayudar a la gente a entender un problema, una habilidad o sus negocios? “Es rara la oportunidad de compartir tu experiencia y quizá aconsejar a otros jóvenes de la audiencia que ape-nas están empezando, pero también de obtener algo de retroalimentación de tus colegas por medio de las preguntas que te hacen o de sus reacciones ante ti”, dice Robert Kline, cofundador y director general de Chartres Lodging Group, una compañía de inversión en hoteles y administración de activos con sede en San Francisco, California, EU, quien a su vez se desempeña como conferencista frecuente. “Sin importar cuál sea el rubro de tu negocio, cualquier forma de mercadotecnia o exposición es, en general, algo positivo”, afirma.

Y sí, se traduce en términos favorables si entiendes las obligaciones que implica responder a una invitación para ser orador: compartir tus pensamientos si sabes más que las demás personas de la sala, y no compartirlos si no sabes más que las demás personas de la sala.

2. Cómo prepararte: 

- Anticipa las condiciones. Pide al moderador o anfitrión que te indique con exactitud el tema que abordarás, cuánto tiempo se espera que hables y respondas preguntas, y quiénes constituirán la audiencia.

- Prevé la participación del público. El día anterior al evento escribe 10 preguntas que probablemente te plantearán o temas que posiblemente se abordarán y desarrolla las respuestas. (Si requieres transmitir tu experiencia por medio de un discurso, tendrás que prepararlo, pero eso es asunto de otro artículo).

- Diviértete. Ahora bien, por lo general soy escéptico cuando alguien dice “diviértete” y estoy a punto de embarcarme en algo profesional. La diversión es para los fines de semana y para después del trabajo, para niños y jubilados; no es para los negocios. Sin embargo, cuando se trata de jugar el juego del invitado-experto, la diversión se vuelve algo importante. Al fin y al cabo probablemente no te pagarán por esto, así que es fundamental abordarlo de manera relajada. Y la mejor forma de relajarse es asumir totalmente la autoridad que tus anfitriones y la audiencia te están reconociendo.

El caso es que tú sabes más acerca de lo que estás hablando que cualquier otro en la habitación. Aprovéchalo. De otra manera, estarás nervioso y tenso. Y la gente tensa no se divierte.

3. Cómo portarse como un “experto”: debe parecer que tienes confianza en ti mismo. Y tal vez (sólo tal vez) ser un poquito arrogante. La clave de ser un experto es no equivocarse. Determina tu postura y por qué piensas que es una buena postura. Sé directo, sé firme. Tu audiencia no quiere que la aplaquen.

Tampoco quieren que sus posturas obtengan confirmación o que su experiencia se valide. Quieren que los sorprendan. Quieren tener algo que cuestionar, juzgar, rebatir o aceptar y aprovechar. Quieren algo con lo cual trabajar.

Debes equilibrar la autoconfianza con humildad. Agradece a tu anfitrión u organizador del evento, así como a la audiencia.

“Tan pronto como alguien se pone de pie en una muchedumbre, lo primero que se hace es agradecer al anfitrión. Di: ‘muchísimas gracias, es un verdadero honor, gracias a la Corporación X, Y o Z, que amablemente me invitó a este evento’”, aconseja Jill Schlesinger, una analista de negocios que trabaja para la CBS y con frecuencia es oradora invitada. “En el cuerpo de mi presentación, o si estoy moderando un panel, trato de darle algo de impulso a la compañía patrocinadora de alguna manera que tenga sentido. Tiendo a no querer ir a hablar de una organización sobre la cual no sienta que puedo decir algo bueno, porque trato de no hacer negocios con gente que no me gusta”, agrega.

Debes expresar cuán grande es el honor (por qué es un honor que te hayan invitado). Esta gente ha venido a escucharte. Imagínate: has pasado años desarrollando tu negocio, tu habilidad, tu sabiduría y tu destreza. Y ahora la gente simplemente quiere escucharte hablar de ello. Este no es un trabajo que tengas que dominar, ya lo dominas.