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Colunga London: la moda como modelo de negocio

Fhernando Colunga explica cuáles son los retos a los que se enfrenta una marca mexicana en la industria de la alta moda europea.
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Fhernando Colunga tiene todo lo necesario para consolidar un negocio en el ámbito internacional: siente pasión por su profesión, domina su mercado, se rodea de la gente adecuada y tiene una visión estratégica de los negocios. Basado en Europa desde hace 20 años, el diseñador mexicano se ha dedicado a establecer y expandir en el viejo continente su marca de lujo, Colunga London. Y, aunque a gran escala su marca es poco conocida –el mercado masivo no es su target de consumo–, los círculos más selectos (incluida la aristocracia europea) la tienen muy presente.

En entrevista con Entrepreneur, Colunga compartió la historia de la creación de Colunga London y los retos a los que se enfrenta una marca mexicana en una industria tan reñida como la de la alta moda.

Pasión, preparación… y hacer las cuentas necesarias

Colunga cursó la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y, como le sucede a muchos, descubrió al terminarla que quería dedicarse a otra cosa. “Conocí el mundo del diseño, la ropa y las marcas. Investigué más y viajé a Nueva York. Entonces no había en México una industria fashion como la hay ahora: lo que teníamos era una invasión extranjera de marcas, pero no marcas nacionales”. Asimismo, a decir del creativo y emprendedor, no existía un mecanismo de apoyo por parte del gobierno. “Allá me di cuenta de que era posible vivir de la moda”, explica.  

Entonces dio un paso que resultaría decisivo para su carrera y su vida. Empacó dos maletas y tomó un vuelo a Europa para estudiar una maestría y entrar de lleno al mundo de la alta costura. Estaba decidido a crear su marca, y sabía que el viejo continente, cuna de marcas como Louis Vuitton, Gucci y Chanel, era “el lugar” donde debía estar. “Allá encontré la plataforma para crear esta combinación tan retadora, que es el diseño y la visión empresarial. Eso me permitió accionar mi ambicioso plan”, comparte.

Pero el camino para crear su negocio no estaba allanado. Fhernando se encontró con un reto doble: el que enfrenta cualquier emprendedor que quiere iniciar un negocio de alta moda y el que debe encarar un inmigrante latino. “Aunque suene a cliché, tuve que empezar desde cero. Soy un mexicano que no pertenece a la nobleza ni a una familia textilera o del mundo fashion, sino a una familia trabajadora que apenas entiende lo que estoy haciendo”, relata.

Sabía que su principal arma sería la preparación, por lo que se mudó a Italia para especializarse aún más con una segunda carrera en diseño de moda. Ahí conoció a quien se convertiría en su principal mentor: Brian Harris, quien también fue mentor de grandes personalidades del mundo de la alta moda, como el fallecido Alexander McQueen y Stella McCartney.  

“Cuando vio mi trabajo me dijo: ‘tienes que mudarte a Londres’. No sólo porque es el nuevo centro de la moda, sino porque ofrece mucha flexibilidad para emprendedores extranjeros”, comparte. Colunga siguió su consejo y se mudó a Londres, donde empezó a dar consultoría a marcas nacionales.

En la capital británica, las industrias creativas dejan un derrame económico de aproximadamente 77 billones de libras esterlinas por año, es decir, 120 mil millones de dólares. La industria fashion es la de mayor impacto en cuanto a generación de empleos y de ingresos: aporta 41 mil millones de dólares a la economía de ese país. Como parte de una visión estratégica de crecimiento, el gobierno británico las ha vuelto parte integral de su desarrollo.

Traducir la pasión en un modelo de negocio

Fhernando Colunga siempre tuvo claro que quería crear y posicionar una marca de lujo, y no hacerse famoso. “Cuando el diseñador es más conocido que la marca, tienes una celebridad. Cuando tienes una marca posicionada y es más conocida que el diseñador, tienes un modelo de negocio. Mi objetivo nunca ha sido ser una celebridad, sino posicionar un modelo de negocio rentable para trabajadores e inversionistas, y aportar un producto de innovación al mercado”, explica.

Por supuesto, cumplir ese objetivo ha supuesto varios retos personales y profesionales, como dejar atrás su país de origen y competir en un mercado con un gran nivel de preparación. “En la creación de cualquier producto, es retador encontrar un balance entre estética y funcionalidad”, afirma. “Me tomó 20 años hacerlo y regresar aquí, a mi país, con un valor agregado”. 

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Por si fuera poco, iniciar un negocio de alta costura requiere una gran inversión. En la industria del lujo deben pasar de 3 a 5 años para que un emprendedor pueda comenzar a ver un retorno a su inversión. Por esta razón, explica el experto, han surgido conglomerados, como el Gucci Group, conformados por gente que comprende el modelo de negocio de estas marcas.

Esta gran inversión y la larga espera para verla traducida en ganancias es la razón por la cual muchos emprendedores de moda desertan antes de ver consolidado su negocio. ¿Cómo logró Colunga conciliar el lado creativo con la demanda financiera? “Al terminar mi maestría una compañía de networking basada en Silicon Valley me contrató. Durante cinco años dirigí el área de servicio al cliente para Europa, Medio Oriente y África, lo que me permitió desarrollar mi músculo financiero. Además, busqué freelances y empecé a dar consultoría a diseñadores y marcas británicas”.

Colunga London no cuenta con boutiques, sino que funciona mediante citas privadas. “Nuestros diseños son hechos a la medida. Nuestro mercado paga por innovación y por exclusividad: está dispuesto a pagar más de 10 mil dólares por una pieza”, afirma. Si no se exhibe en aparadores y no invierte en publicidad, ¿cómo se da a conocer? “Word of mouth”, explica. “Si te recomienda uno, te recomiendan varios. Hemos tenido la oportunidad de trabajar con la aristocracia británica, y eso nos ha abierto muchas puertas”.

México: ¿dentro o fuera del mapa?

México es el segundo consumidor de lujo de América Latina. Los mexicanos solemos asociar los productos de buena calidad con el extranjero, pero, a decir de Colunga, eso está cambiando. “El problema en México no es la falta de productos de calidad, sino la carencia de apoyos. Hace falta una plataforma estructural que permita que la creatividad se traduzca en un modelo de negocio rentable”.

El emprendedor cree que los mercados financieros subestiman las industrias creativas, pero “la realidad es que la industria de la moda mueve cientos de millones de dólares al mes. Es momento de que en México empecemos a aprovecharlo”.

Un vistazo al futuro

Para la mayoría de las marcas establecidas, el siguiente objetivo sería expandirse a nuevos mercados, y quizá, masificarse. Pero eso no está dentro de los planes de Colunga, cuya visión estratégica le permite ver que el éxito de su negocio se encuentra en otro lado.

¿Su (nada ambicioso) objetivo? “Posicionar una marca global de lujo, conquistar Nueva York. Quiero colocar Colunga London al lado de Chanel, Louis Vuitton y Gucci”.

Para llegar a este punto, el siguiente paso es establecer un punto físico, un local privado, para atender a sus exclusivos clientes. “No tengo ninguna intención de entrar al mercado masivo: no me parece estratégico desde una perspectiva de negocio. La industria se está moviendo hacia la especialización, y hacia allá vamos nosotros”, finaliza.