Recursos Humanos

Los 6 jefes que no le deseamos a nadie

Hay muchos tipos de empleadores, pero existen aquellos con los cuáles es increíblemente difícil convivir día a día.
Los 6 jefes que no le deseamos a nadie
Crédito: Depositphotos.com

Durante tu carrera profesional, seguramente te has topado con jefes de distintos estilos, caracteres y maneras de trabajar. Saber colaborar con diferentes personas es parte de ser profesional, sin embargo, existen clases de empleadores con los que es extremadamente difícil convivir a diario.

Te presento algunos tipos:  

1. El Culpógeno
Mi definición del liderazgo culpógeno refiere a una forma malsana de gestionar personas que intenta alcanzar la efectividad por medio del desarrollo del sentimiento de culpa en sus colaboradores.  El líder culpógeno no te retará, pero actuará como si fuese perfecto poniéndote de inmediato en falta, en la posición de deudor.

Como ejemplos concretos de esto puedo mencionar los siguientes dichos: “Deja que yo levante esa tabla, a pesar de que me duela tanto la espalda”, o bien “Yo a tu edad me quedaba siempre después de hora”. También pueden decir “Ve a tu casa a disfrutar de tu familia mientras yo me quedo aquí terminando el trabajo”.

No puedo evitar pensar que quien dice cosas como esas, intenta ser un ejemplo para los demás. Esa podría ser su excusa, pero en la realidad lo que busca es generar un sentimiento de deuda en los otros. Tampoco se trata de omnipotencia. Se trata de instalar la noción de deuda de afecto.

En tales casos, tomados de la realidad, conocí la sensación de malestar de los colaboradores eligiendo cualquiera de las dos opciones que les dejaba su jefe: si se quedaba en la oficina, culpa por no estar con su familia. Si se iba a su hogar, culpa respecto del jefe.

¿Por qué con un jefe así -supuestamente tan bueno-, la gente produce poco, no genera ideas o tiene una iniciativa muy escasa?

2. El Cambiante
Nunca podrás predecir ni su estado de ánimo, su humor ni su estrategia. Imposibilitado para plantear metas, incluso a corto plazo, dice cosas como “En este país no puedes planificar porque no sabes qué pasará mañana” o “Me fue bien improvisando, no voy a cambiar ahora”.

La consecuencia en ti será el desconcierto y la sensación de pérdida del propósito. Incluso llegarás a pensar si vale la pena proyectarte en una organización que tenga a este jefe por modelo.

3. El Entrometido
Constantemente indaga acerca de tu vida privada, disfrazándolo de buenas intenciones. Te preguntará cómo estás con tu pareja; hará recomendaciones respecto a tus inversiones, te dirá que no es conveniente tomar créditos a esta altura de tu vida o que tendrás tiempo de hacerlo más adelante.

Sentirás que más que un consejero tienes a alguien que te considera su hijo adolescente.

4. El prometedor
Te dirá que el aumento de sueldo llegará cuando muestres un mejor desempeño; que la compañía está a punto de convertirse en líder de su segmento o que tu ascenso llegará en el momento en que menos te lo esperes. Al principio le crees, porque es tu jefe y no tendría por qué mentirte. El tiempo hará caer su máscara y por ende su credibilidad.

5. El apurado
Sientes que te presiona más por su ignorancia que por la necesidad de los acontecimientos. Dirige ciento por ciento por impulso, posee agitación mental y cree que si las cosas no se resuelven de inmediato jamás encontrarán solución.

Mi sugerencia es que no dejes que te arrastre por su ansiedad, sino que puedas enseñarle que trabajar de manera eficiente implica planificar y ejecutar las tareas siguiendo métodos establecidos. Y que esto no implica pérdida de tiempo sino optimización de los mismos.

6. El (no) jefe
Cada vez que lo necesitas, no está. Le conoces más la voz que la cara. La mayoría de los problemas debes resolverlos tú y en el mejor de los casos, junto a tu equipo. Este jefe se vanagloria diciendo que brinda autonomía a sus empleados cuando en realidad lo que les aporta es soledad.

Difícilmente te puedas sentir bien con una persona que jamás se ha preocupado por enseñarte y que desconoce por completo en valor de darte retroalimentación de tu labor.

Escrito por Gustavo Giorgi