Temas de Negocio

El hombre que emprendió un negocio con sabor a café

Hace cinco años, Juan Carlos de la Torre abrió Avellaneda, una cafetería ubicada en pleno corazón del barrio de Coyoacán. Conoce la historia de este emprendedor que inició su negocio con recursos propios y hasta la fecha se ha logrado mantener en pie sin necesidad de recurrir a algún financiamiento gubernamental.
El hombre que emprendió un negocio con sabor a café
Crédito: Depositphotos.com

Por Daniela Barranco

Más que verse como un empresario, Juan Carlos es un amante del café. Esta es la razón por la que hace cinco años emprendió su propio negocio: Avellaneda, una cafetería ubicada en el centro de Coyoacán.

El éxito del emprendedor se ve reflejado en el crecimiento del negocio, que comenzó de ser un una cafetría en donde sólo se vendían bebidas preparadas hasta llegar a convertirse en una marca de café. 

Juan Carlos de la Torre preparaba y tomaba mucha de esta bebida en el restaurante de su tío. Después inició una tradición junto con su padre de visitar las cafeterías que había en cualquier lugar a donde iban.

"En mi pueblo no había ninguna decente, pensé que también sería una buena inversión, además de un buen pasatiempo."

 Así, tomó algunos cursos en la Asociación Mexicana de Cafés y Cafeterías de Especialidad, pero, sobre todo, la experiencia fue su mejor maestra pues “catar es en gran medida algo que se aprende con el tiempo”.

Ese buen pasatiempo se ha hecho a base de “puro sudor”, pues ha crecido gracias al trabajo y empeño de Carlos y su equipo. Nunca ha pedido algún financiamiento del gobierno o de algún programa para emprendedores.

Al inicio tostaba el café que necesitaba para atender a sus clientes en la pequeña barra de Coyoacán. “Con el tiempo, la gente comenzó a pedirlo para preparar en su casa y empezamos a distribuirlo”, comenta. Así surgió la marca Café Avellaneda Barra & Tostadores. Como en todo negocio cuando empieza, las ventas no eran muchas: vendía, aproximadamente, diez bolsas de café a la semana; “hoy son cientos”.

Juan Carlos no sabe el número exacto de paquetes de café que vende, pero, dice, puede que produzca miles. Y esos miles de paquetes, o por lo menos la mayoría, se van a algunos restaurantes y otras cafeterías no sólo de la Ciudad de México, sino también de otros estados de la República Mexicana.

El barista, quien fue campeón nacional de catación en 2012 y que en ese mismo año representó a México en la competencia de catación en Viena, cuenta que a pesar de que monetariamente hablando las ventas de café en grano y en bebida son iguales, en este último modo es más rentable, ya que un kilogramo de café puede llegar a costar 400 pesos, mientras que con esa misma cantidad se pueden preparar alrededor de 75 tazas de 30 pesos cada una. Pero el proyecto de Carlos no es vender café al por mayor.

Es “ofrecer las mejores experiencias en torno al café a partir de bebidas y servicio”.

En busca del grano perfecto

El emprendedor sale de la Ciudad de México de manera continua para ir en busca del mejor café. Viaja a distintos estados de la república, pero tiene un sitio favorito: Oaxaca. Este estado se encuentra entre los principales productores del grano, junto con Chiapas, Veracruz y Puebla. “Aquí fue el primer lugar donde generamos relaciones directas con los productores”, cuenta el joven barista.

El trato directo con la gente que se dedica a cultivar el café es importante, pues debe conocer todas las características del grano. Antes de hacer tratos con los productores, platica con ellos sobre su proyecto “las necesidades y planes de ambos, y ponderarla posibilidad de trabajar juntos”.

Pero lo más importante para cerrar un trato es probar el café; lo analiza, valora el trabajo que hay que hacerle, el mercado al que se dirigirá y, sobre eso, se decide el precio.  Una de las principales necesidades que tiene El Avellaneda es la calidad. Por esto, debe buscar cierto tipo de café para cada cliente;  por ejemplo, a los restaurantes piden un tipo de café o  de tostado en específico.

“Cada café necesita, antes de ser comprado, tener un prospecto, un comprador o un propósito dentro de nuestros planes”, comenta Juan Carlos.

El café de México se encuentra en la lista de los diez principales países productores de este producto, pues tiene una producción promedio anual de cuatro millones de sacos, de acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).  México también es un gran exportador de café a nivel mundial.

El joven emprendedor no duda ni un momento que la cultura del café está creciendo. Y aunque sea cada vez más rentable, piensa que lo más importante no es que  crezca  el consumo del producto, sino que crezca el consumo de buen café.

La gente debe “pagar por una taza el precio justo. El extranjero puede comprar el café a precios altos porque una taza cuesta cinco euros. Aquí una taza cuesta veinticinco pesos y ya es caro”, comenta respecto a que, a pesar de que el consumo interno del grano nacional ha aumentado (ronda los 1.8 millones de sacos al año), se sigue exportando más café del que el mexicano en promedio consume.

“La calidad que pueden pagar los tostadores y las cafeterías a los productores es mucho menor por parte del mercado mexicano que por parte del extranjero, porque el consumidor final no paga un precio justo por la taza o el kilogramo de café en grano.”

Esto ha sido un gran reto para el equipo de Avellaneda, pues trata de renovarse y, sobre todo, de ser sustentable. 

El negocio sigue creciendo: entre los planes está abrir una nueva tienda y seguir vendiendo café en otros puntos del país.

El barista y tostador de la Ciudad de México bien podría aprovechar sus participaciones en competencias internacionales para promocionar su marca; sin embargo, evita la publicidad en esos sitios pues piensa que “se va a representar a México y no a una empresa”.

Café Avellaneda Barra & Tostadores es un equipo de pocas personas dirigido por Carlos, formado por tostadores y baristas amantes de su oficio. No ven al café como un negocio, sino como una pasión. 

¿Cómo ha logrado ser sustentable? Ante esto responde:

“Arriesgando. Avellaneda produce todo lo comestible que vende y eso ha sido difícil, pero nos da un aire único.”

Hay postres que sólo encontrarás en cierta época, porque están hechos con fruta de temporada. O porque, como dice Juan Carlos, “nos aburrimos fácilmente, cada mes cambia todo el menú”, postres, tés, las cortesías de la casa para acompañar tu bebida, chocolates y el café.

El mes pasado en su menú decía: Un toque de dulce de calabaza, acidez de lima y notas de chocolate oscuro es lo que podemos encontrar en este Aeropress de café natural de Atoyác de Álvarez, Guerrero. Lo tendremos el resto del mes maridado con una palanqueta casera, crema batida sin azúcar y un poquito de jengibre.

Ir a Avellaneda es ir en busca de un café perfecto. Cuando un cliente llega, el barista de la barra le pregunta de qué estado de la república prefiere su café, qué tipo de tostado y con qué método de preparación. Si estás perdido en esta ciencia del café, el barista te da recomendaciones basadas en tus gustos. 

 

Texto publicado originalmente en Temas de Negocio.