¿Emprender con una escuela de stand-up comedy? ¡Atrévete!

Conviértete en un mánager del humor con una academia que incluya clases de comedia y actuación para chicos y grandes. Esta es una disciplina de entretenimiento y de capacitación.
¿Emprender con una escuela de stand-up comedy? ¡Atrévete!
Crédito: @ministandup

Justo cuando las empresas de base tecnológica acaparan la atención de los emprendedores, está surgiendo una nueva generación de hombres y mujeres que han descubierto una veta de negocio en un giro de corte tradicional, pero no por ello menos innovador: las escuelas de stand-up comedy.

Armados con un micrófono, una currícula basada en años de experiencia y una dosis de comedia, estos nuevos ‘mánagers del humor’, irrumpen en escena con propuestas que incluyen escuelas, academias, talleres y cursos dirigidos a quienes desean ‘vivir de la risa’: particulares, profesionistas y personas que buscan una manera diferente de expresarse.

Diego Fantoni es uno de ellos. A sus 49 años, este comediante radicado en Bueno Aires, Argentina, dirige la Escuela Argentina de Stand Up, una de las más reconocidas en ese país.

La escuela surgió por casualidad, como muchas cosas en su vida. Era 2007 y su vida laboral era un caos: dirigía una empresa familiar de impresión de gran formato, enfrentaba demandas laborales de sus siete empleados, estaba a punto de quebrar y, justo cuando pensaba que las cosas no podían ir peor, descubrió que su pareja lo engañaba.

“Fue un momento de quiebre, uno de tantos en mi vida. Recuerdo que llegué a casa antes de lo habitual y ahí estaban, irónicamente cenando la carne que había preparado yo mismo el día anterior. Intercambiamos algunas palabras y nunca más los volví a ver. Todo en mi vida iba mal”, recuerda.

Literalmente quebrado y con solo 162 pesos argentinos en el bolsillo ($189 mexicanos al tipo de cambio actual), Diego buscó clases de guionismo. Quería desahogarse, encontrar una especie de terapia para plasmar en un papel todo lo que sentía, pero en vez de entrar al curso de su elección, se matriculó por error en uno de stand-up que costaba $160 pesos.

“Recuerdo que tuve que irme a pie; no tenía para el autobús. El primer día dudé, pero en la segunda clase me enganché. Tomé el curso y al poco tiempo empecé a asistir a mi profesor para tomar experiencia. Al cabo de un año, ya formaba parte de un elenco que hacíamos llamar ‘Los profesionales del stand-up’”, dice.

Con el paso del tiempo, Diego fue creciendo en experiencia y, en 2010, ya con más tablas, fundó la Escuela Argentina de Stand Up. Hoy tiene cinco sedes, 1,000 alumnos egresados y un modelo de negocio que le permite obtener el 80% de utilidad.

Al igual que Diego, cada día hay más ‘mánagers del humor’ que ven en las escuelas de stand-up un potencial de negocio. Súmate a la nueva oleada de quienes están redefiniendo el rumbo de la comedia y el humor en México y Latinoamérica. ¡Aún hay cabida para nuevas propuestas!

Propuesta de valor

El stand-up es un monólogo con tines de comedia que se desarrolla con un micrófono y un guión como principales herramientas. El comediante a cargo o standupero es protagonista de su propia ‘tragedia’ e invita a los asistentes de bares, foros y teatros a reírse de ella.

La fórmula llegó a México hace aproximadamente 10 años bajo la influencia de las escuelas argentina y española, pero fue hasta hace un lustro que tomó relevancia con exponentes como Héctor Suárez Gomiz, Sofía Niño de Rivera y Ricardo O’Farrill, por citar algunos.

A partir de entonces, surgieron algunas escuelas, unas más formales que otras, pero todas con un mismo objetivo: enseñar las bases del stand-up. La Casa del Humor, por ejemplo, además de stand-up comedy, ofrece disciplinas vinculadas a las artes teatrales que complementan la oferta académica y fortalecen la formación de los alumnos.

Es el primer espacio independiente en México orientado a la enseñanza, difusión y profesionalización de stand-up comedy, clown, improvisación teatral y cabaret. “Nos diferencia el perfil de comedia que hacemos: nuestro objetivo es generar una comedia crítica”, dice su director general, José Luis Saldaña, quien a sus 39 años es ya un veterano en la industria mexicana del humor. Ha encabezado iniciativas como Grupo Complot Escena, especializado en improvisación y comedia, con más de 15 años en el mercado, y El Impródromo de improvisación teatral, con seis años de antigüedad.

Otra escuela del giro es Stand Up University México. Fue creada por el comediante tapatío Freddy García y, a diferencia de los demás ‘semilleros de talento’, no imparte clases in situ, sino a través de una plataforma on line. Los cursos contemplan temas de creación de personajes, dirección artística, desenvolvimiento escénico, historia, análisis, detonadores y remates.

“Nuestros cursos están dirigidos a aficionados, principiantes, intermedios y profesionales. Comenzamos con 31 alumnos, la tercera parte radicados en Guadalajara, y los demás del interior del país y, poco a poco, vamos creciendo”, dice Freddy.

Otro estilo es el de la Escuela Argentina de Stand Up, que contempla un esquema de clases multiplantel, impartidas en bares y salas teatrales. Esto permite que los alumnos tomen sesiones en cualquiera de las cinco escuelas y que desde el primer día estén en un entorno similar al que tendrían en una presentación profesional.

Tal como hacen estos emprendedores, busca un diferenciador que te separe de la competencia. Quizá encuentres el valor en los maestros, la currícula, las instalaciones, el servicio o algún detalle especial.

Perfil del consumidor

Si algo caracteriza a los mexicanos, es su sentido del humor: ríen de la vida y de la muerte; de lo bueno, de lo malo y ¡hasta de sí mismos! Reebook da cuenta de ello en un reciente reporte realizado en colaboración con la consultora Global Censuswide.

El análisis revela que los connacionales se encuentran entre los más risueños del mundo, con 24 risas al día, lo que los ubica por encima de 9,000 encuestados de Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Alemania, Francia, Rusia, Corea y España.

Frente a este panorama, no es extraño que las escuelas de stand-up comedy estén ganando terreno en el país, siendo Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Querétaro las ubicaciones que concentran mayor número de establecimientos.

Estos centros dirigen sus servicios a hombres y mujeres a partir de 18 años (con una media de entre 20 y 40), de un nivel socioeconómico A/B, C y C+. Se trata de una comunidad con posibilidades de pagar entre $2,800 y $4,000 por taller de 24 a 30 horas, divididas en sesiones semanales de tres horas cada una.

“A diferencia de lo que mucha gente piensa, el 90% de los alumnos que forman parte de nuestros cursos nunca ha tenido un acercamiento con las artes escénicas; son personas que tienen la cosquillita de probar cosas nuevas, que quieren desarrollar su sentido del humor y que nunca han tomado clases. El resto, son personas más avanzadas que quieren seguir aprendiendo o perfeccionar su técnica”, dice José Luis, de la Casa del Humor.

La prevalencia de género depende de cada taller, pero en general es un tema equilibrado en las aulas, donde pueden verse seis hombres por cada cuatro mu- jeres. En escena, la proporción cambia y puede llegar a siete hombres por cada tres mujeres.

Canales

Los canales de distribución de un centro especializado en stand-up comedy son varios y dependen del modelo de negocio. Las opciones abarcan aulas, foros, bares cafés y hasta esquemas virtuales.

La Casa del Humor se inclina por un aula amplia e iluminada que, de manera muy sencilla, puede convertirse en un pequeño foro para 70 personas donde, al cabo de cada curso, los alumnos presentan sus avances y proyectos, mientras que Stand Up University opta por la tecnología para ofrecer clases virtuales.

La Escuela de Stand Up Comedy de Ronnie Stanford va más allá. Este filósofo y abogado argentino opta por impartir clases en bares y foros reales, donde los alumnos entran en contacto con el verdadero mundo del stand-up desde su primera sesión.

“Si yo le quisiera dar un formato de aula e instituto no lograríamos la misma atmósfera de un bar, y el alumno no tendría oportunidad de actuar en un escenario real. Aquí (en el bar) tenemos todo: la luz, el sonido y el escenario, lo cual es un plus para los muchachos, pues los hace sentirse en un verdadero escenario”, dice Ronnie.

Para lograrlo, este empresario teatral con 20 años de trayectoria, liga acuerdos con los dueños de bares para tener derecho a utilizar el espacio dos horas por semana durante cuatro meses. Con ello, no solo ofrece un diferenciador frente a su competencia, sino que ahorra costos fijos como renta, electricidad, agua, mantenimiento, seguridad, etcétera.

“Con este modelo fomentamos un circuito de comedia donde estos bares no solo fungen como anfitriones para impartir los cursos, sino como un semillero que más adelante puede ser un espacio ideal para que los alumnos, ya formados, presenten su material y comiencen a trabajar”, dice.

Al margen de estas opciones, existe la posibilidad de impartir clases privadas, tal como hace Gloria Rodríguez, una de las talleristas de stand-up más reconocidas en México. “No dependo de ninguna institución; me ajusto a los horarios de los chicos, de modo que puedo dar un taller en una cafetería o en una sala de teatro rentada”, indica la experta encargada del taller de stand-up en la Casa del Humor.

Independientemente del canal de distribución que elijas, asegúrate de entregar tu servicio de la mejor manera. Checa que tus consumidores se sientan cómodos y atendidos a cabalidad.

Relación con los clientes

Si hay algo que vale la pena cultivar en el mundo del stand-up, es la buena relación y la camaradería con los alumnos/clientes, quienes sin duda son tu mejor carta de recomendación. Para estrechar lazos usa estrategias como abrir un grupo de WhatsApp para informarlos sobre temas relacionados con el taller o invítalos a compartir sus impresiones y comentarios en las redes sociales de la escuela.

También aprovecha los recursos de Facebok. Diego Fantoni, por ejemplo, refuerza los conocimientos de sus alumnos mediante videconferencias 1:1. Además, recurre a redes como Instagram y Twitter: la primera para difundir imágenes y vi- deos sobre las clases/presentaciones, y la segunda para compartir datos de interés.

Adicionalmente, haz workshops una vez al mes para que el estudiante pueda convivir, compartir experiencias y obte- ner conocimiento de algún experto que, en calidad de invitado especial, imparta alguna charla de interés.

Instala el tradicional buzón de sugerencias, mantén una política de puertas abiertas para escuchar las observaciones de los clientes y aplica encuestas de calidad al término de cada taller. Ten total claridad sobre los avances y alcances de cada alumno para que puedas comunicárselos. Así evitarás falsas expectativas.

Fuentes de ingreso 

Los ingresos en una escuela de stand-up comedy provienen de talleres para particulares y empresas, workshops y pláticas especiales con gurús de la comedia. En Casa del Humor, por ejemplo, el Taller de Stand-up 1 tiene un precio de $2,500. Dura ocho sesiones grupales de tres horas cada una, más una asesoría adicional personalizada. Los grupos son de entre 15 y 20 personas. El taller de Impro cuesta $2,800 y el de Clown $2,400.

“Tenemos entre 250 y 300 alumnos; de ese total, una tercera parte es de stand-up. Cada dos meses abrimos un nuevo nivel para cada una de las disciplinas”, dice José Luis.

Ronnie Stanford tiene unos 170 alumnos. Cada uno paga un promedio de US$200 por curso de cuatro meses (US$50 dólares al mes). También impar- te clases máster y cuenta con instrucción vía Internet. El comediante explica que su tarifa encaja en el precio promedio para talleres de stand-up comedy en Argentina, donde el formato es casi siempre el mismo: clases en cafés, bares y centros teatrales.

“A veces nosotros pagamos un fijo por el horario del bar; otras, el empresario se queda con la posibilidad de que el alumno consuma y, finalmente, existe la opción de que el lugar en cuestión pueda contar con un show de stand-up al final del taller. Esta presentación significa consumo y entradas para el lugar”, explica Ronnie.

¿Qué hacer para crecer tus entradas? De inicio, puedes arrancar un par de festivales al año que involucren invitados especiales y generen la compra de nuevos cursos o talleres. También acércate a empresas y corporativos.

“El costo de los cursos para compañías varían mucho, pero van desde $3,500 hasta $8,000 por persona. Cuando se trata de vendedores, el costo promedio es de $4,500 aproximadamente”, dice Alberto Velarde, fundador y productor de Stand Up Guadalajara, un colectivo que produce y asesora comediantes en la llamada Perla Tapatía.

Otra manera de incentivar los ingresos es mediante promociones, descuentos por pronto pago (hasta 10%) y un programa de lealtad para incentivar la compra de repetición. Por ejemplo, al adquirir un nuevo nivel o taller, puedes ofrecer un cupón de descuento en una clase especial que el alumno no haya tomado.

Recursos clave

Para echar a andar una escuela de stand-up, el camino comienza con la identificación del local. Busca un espacio amplio, ventilado e iluminado, bien comunicado para alumnos de a pie y con automóvil (lo mejor es que tenga estacionamiento).

La superficie base son 200 metros; esto permite tener dos o tres aulas, recepción, oficina administrativa y sanitarios. Otra alternativa es optar por una superficie de 400 metros o más, en la que instales un pequeño foro para 50 personas.

Ambienta tu espacio. Inspírate en un bar, un teatro o, si te gusta la onda minimalista, decídete por una decoración simple. Invierte también en equipo de audio (micrófonos, bocinas), video e iluminación ($60,000). La idea es que los alumnos se sientan en una atmósfera parecida a la de un bar o centro de espectáculos.

Equipa la recepción con mobiliario adecuado (computadora, $12,000; multifuncional, $3,500; mobiliario de recepción, $10,00; estantería, $5,000; 20 m2 de espejo, $12,000; adecuación del local, $40,000 (baños); seguro de responsabilidad civil, $8,000, y permisos de operación, $7,000.

La plantilla de colaboradores se centra en un profesor por cada disciplina. Esta es la fórmula que sigue José Luis Saldaña, de la Casa del Humor, cuya profesora estrella de stand-up es Gloria Rodríguez. También tiene a profesores altamente capacitados para clown, cabaret e improvisación teatral. El salario de cada instructor depende de su experiencia y generalmente se le paga por clase.

A la plantilla de profesores, se suma un coordinador (que puede ser el emprendedor), una persona de limpieza y un contador en outsourcing. Considera que el retorno de tu inversión puede tardar entre 18 y 36 meses a razón de un margen de utilidad de 30% a 50 por ciento.

Alianzas clave

En una escuela de stand-up comedy las alianzas te ayudarán a acceder a nuevos mercados, ganar visibilidad frente a públicos clave, fortalecer el área comercial, ampliar la currícula, entre otros.

Puedes acercarte a las áreas de Recursos Humanos de las empresas para ofrecer tus servicios. Hazlo con un enfoque hacia empleados y ejecutivos. Ofrece también talleres exclusivos o el servicio de animación de eventos corporativos.

Otra alternativa para ampliar mercado es ligar acuerdos con universidades, asociaciones de emprendedores y agrupaciones diversas. Incluye en tu oferta cursos y talleres especiales; argumenta los alcances del stand-up para desarrollar la creatividad y la improvisación.

En el otro lado de la moneda, están los acuerdos con bares, teatros y centros nocturnos con miras a la presentación en escena de los alumnos, recuerda Alberto Velarde, de Stand Up GDL. Su colectivo, más que una escuela, es una plataforma para que comediantes en ciernes prueben sus rutinas; para ello, organiza rondas de micrófono abierto una vez a la semana, donde cada comediante tiene cinco minutos para presentarse.

“Nosotros hacemos acuerdo con el bar y nos prestan el lugar para probar el material. Esto no tiene costo para el público ni tampoco para el comediante”, explica Alberto Velarde.

Algo similar hace Diego Fantoni, de la Escuela Argentina de Stand Up, quien logra acuerdos con los dueños de bares, cafés, boliches. La mayoría de las veces, obtiene la anuencia para el uso a cambio del consumo de los parroquianos y, cuan- do se trata de salas teatrales, casi siempre se paga.

Actividades clave

Como en todo negocio, es muy importante que la escuela de stand-up tenga en la mira ciertas actividades. Por ejemplo, en materia financiera, es importante tener un estricto control sobre los ingresos y egresos, así como la administración del flujo. Para los Recursos Humanos, es fundamental identificar, atraer y retener a los mejores maestros, para lo cual hay que desarrollar un plan atractivo de compensación, que incluya desarrollo personal y profesional.

El tema de marketing también es fundamental, pues de dicha área depende retener a los clientes y lograr que haya más y mejores. En este sentido, es importante que el emprendedor o la persona encargada del área, elabore un plan de trabajo con metas muy claras para el crecimiento del negocio.

En el día a día, hay que enfocarse en el cliente con miras a mantenerlo feliz, fidelizado y deseoso de matricularse en más talleres. También hay que mantener a tope la creatividad y la escucha activa para implementar mejoras en el modelo de operación.

Como puedes observar, una escuela de stand-up requiere poner en marcha una exigente maquinaria. ¡Atrévete! 

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