Start Ups and Downs

Sí. Tu idea sigue valiendo cero

Si tienes una idea… ¡Aviéntate ya! Trata de probar la demanda y no te la pases buscando validaciones de otras personas.
Sí. Tu idea sigue valiendo cero
Crédito: Depositphotos.com
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Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

¿Qué hubo, lectores? ¿Cómo andan? Aquí de regreso con ustedes para continuar con la columna de “La idea vale cero” del mes pasado. Para recordarles un poco (porque ya llovió desde que se publicó), Zorro y yo estábamos en Stanford en medio de la peor crisis financiera desde 1929 preguntándonos qué rayos íbamos a hacer después de nuestro MBA. ¡Gran timing! (sarcasmo).

Todos los que se van a un MBA llegan el primer día pensando: ¡Ya chingué! Sin embargo, al minuto uno cambia esa mentalidad por “¿Cómo carajos me aceptaron?, seguro la regaron en el proceso, ¿cómo voy a competir contra todas estas personas?” Después de un par de meses se te baja la paranoia y tu actitud cambia un poco a un “¿Cómo carajos aceptaron a ese?”. Ja, ja.

Un día durante el invierno del 2008, Zorro, El Abuelo y yo estábamos en una clase de Mercados de Deuda con un profesor que se llama Darrell Duffie, quien tenía la gran habilidad de mandarnos emails a distintas horas del día explicándonos por qué el mundo como lo conocíamos se había terminado pues prácticamente íbamos a volver al trueque.

Imagínense a uno de esos pastores religiosos, pero en lugar de dar sermones predicando que todos nos íbamos a ir al infierno, el Profesor Duffie gritaba: “¡Todo está quebrado! General Motors, Ford, AIG, Freddie Mac, Fannie Mae, Morgan Stanley, Citi, Merrill Lynch, Bear Stearns y Lehman Brothers ya habían quebrado. Según yo, él pensaba: “Pobres almas, pagaron para estudiar un MBA y ninguno va a tener chamba saliendo”. En fin, estaba divertida su clase.

En esa materia, un amigo gringo que se llama Ben Sloop hizo una exposición de la empresa en la que había trabajado durante el verano. La firma se dedicaba a la reestructura y renegociación de deudas de tarjetas de crédito. Acabando la clase, Zorro nos preguntó qué habíamos pensado de lo que habló Ben. Yo le contesté que había hecho un esfuerzo considerable por no poner atención, ya que la clase de Duffie me generaba mucho estrés. El Abuelo respondió que esa idea sólo podía jalar en Estados Unidos y “que en México jamás podría funcionar”.

Aunque el status quo del Abuelo es ser un amargado y cascarrabias, decir que algo no va a jalar es la respuesta por default de la mayoría de las personas. Para los seres humanos siempre es más fácil pensar por qué algo no va a funcionar en lugar de encontrar cómo sí podría jalar. Es por eso que los emprendedores tienen que ser personas hiper optimistas, para cuando se ponga ojete la cosa no se apaniquen. En defensa del Abuelo, puedo decir que es un gran emprendedor y fundador de una exitosa empresa de créditos estudiantiles (Laudex).

Esa noche, por ahí de la una de la mañana, estaba terminando una tarea y me distraje para buscar datos en internet sobre tarjetas de crédito en México. Encontré varios artículos que indicaban un deterioro importante en la deuda de consumo y me emocioné (el ojete). Apliqué el típico copy paste de lo que había encontrado y justo cuando se lo iba a mandar a Zorro, recibí un email de él con información parecida.

Acto seguido le respondí con lo que yo había encontrado y el pensamiento mutuo fue: “si a la 1:00 a.m. este wey no tiene nada mejor que hacer que buscar datos bancarios de México, entonces le interesa el tema y va en serio”. Al Abuelo no le mandamos email, porque ese wey es más como de fax. De hecho, no sé si ya le llegó el que le mandé.

Muchas veces hemos tenido pláticas con personas que nos dicen que les encantaría emprender, pero no se les ha ocurrido esa idea original. Desde nuestro punto de vista, mucho del éxito viene de la ejecución de algo y no tanto de una idea brillante. Sin duda la idea es importante, pero en nuestra experiencia, es igual o más importante la ejecución.

Adam Grant, en su conferencia The surprising habits of original thinkers, habla de la relación que existe entre la gente considerada original y las personas que prueban muchas cosas. Ahí expone una gráfica en la que se comparan compositores de música clásica por su éxito y el volumen de obras que produjeron. ¿Adivinaste el resultado? Generalmente los más grandes eran los que más experimentaban, ya que esto les daba la oportunidad de fallar, aprender e innovar.

https://lh4.googleusercontent.com/TUElYN-e5QrWBP51disQgXEuAY8e8-ZdRRP3iFhcOumJnAvls7lc7lz66BkXl8LLN8ro8p2LpUVIVM1U5MfIt-fHknxIw6T77RLgwdKWQA1f8PNUSa4PZUoIhubSsIPhEtdkGltc

Recuerdo una frase que advierte: tendrías que ser una persona muy tonta si crees que tu idea es única y a nadie de los 7 billones de personas en la tierra se le había ocurrido antes.

Como ves, en el mundo se generan miles de propuestas todo el tiempo, el problema es que no las ejecutamos porque nos da miedo el qué dirán.

Por ejemplo, Airbnb nació porque los fundadores no tenían para pagar su renta y ofrecieron alojamiento en colchones inflables para poder juntar algo de lana (Air Bed and Breakfast). Después decidieron hacer un sitio web y despegaron cuando dieron su servicio en la Convención del Partido Demócrata en el 2008.

Imagínense las preguntas que hubieran hecho y las respuestas recibidas para validar su idea. “¿Cómo ves si hacemos una página de internet donde puedes rentar cuartos de tu casa a personas desconocidas? Y obvio esa gente va a preferir quedarse en casa de un extraño y no en un hotel” ¡No brainer!

Jonathan Beekman, un amigo de Stanford arrancó una empresa que se llama Man Crates con 1,000 dólares, que fue lo único que su esposa le dejó gastar porque ya le había ido mal como emprendedor. No tenía producto, sólo fotos y una caja de madera en la que se le fue gran parte de sus 1,000 dólares.

La gente le quería comprar y Jon les tenía que regresar la llamada diciéndoles: “Gracias por su compra, pero estoy probando una idea y no tengo nada para venderles”. En la llamada aprovechaba para preguntarles qué les había gustado de lo que “ofrecía” y sorprendentemente mucha gente se quedaba en la línea bastante tiempo explicándole lo que había llamado su atención.

Cuando llegamos a México para arrancar Resuelve, de las primeras cosas que buscábamos era la validación de nuestra idea. ¿Cómo saber si iba a jalar? Hay que preguntarle a los banqueros a ver qué opinan, dijimos. Entonces, buscamos al “Guajo” que es el papá de nuestro buen amigo “Lingüini”. El Guajo ha sido para mí una especie de mentor profesional. Es importante mencionar que durante los más de 20 años que conozco al Guajo, nunca le he dicho Guajo en su cara (siempre a sus espaldas. ¡Jajaja!). Así que espero que no esté leyendo esta columna.  Ya está medio viejito, así que no creo que las publicaciones digitales sean lo suyo.

Después de presentarle nuestra idea, el Guajo nos dijo que le parecía muy “interesante” y nos refirió con más banqueros. De inmediato -Zorro y yo- le marcamos a Linguini para ver qué le había comentado su padre. Sus palabras textuales fueron: “Que estás bien pendejo, wey. Y que si para eso te fuiste a Stanford”.

A pesar de que en esa ocasión su feedback no fue muy atinado, a través de los años le he seguido dando lata al Guajo cada vez que se nos atora algo importante. Sus consejos han sido invaluables. (Si son emprendedores, les recomiendo que busquen un mentor, a mí me ha jalado de poca madre).

En retrospectiva, lo que hemos aprendido de esa experiencia es que es muy difícil que te puedan asegurar si tu idea es buena o no. Eso te lo indica el mercado y muchas veces es impredecible. Alguien con experiencia te puede decir si el modelo de ingresos y gastos hace sentido, pero difícilmente podrá garantizar que la gente va a comprar o contratar allá afuera.

Hoy, a pesar de que hemos atendido a más de 100,000 personas con más de 1,000 millones de pesos reestructurados y en tres países distintos, muchos banqueros siguen diciendo que no somos necesarios. Ya ni les discutimos, nos volteamos a ver y pensamos: “Seee, godinator. Lo que tú digas”.

Por eso, si tienes una idea… ¡Aviéntate ya! Trata de probar la demanda y no te la pases buscando validaciones de otras personas. Acuérdate, nuestra naturaleza humana nos incita a pensar que no va a jalar. Zorro y yo hemos perdido la cuenta del número de personas que se han acercado con nosotros a decirnos: “Eso que hacen ustedes ya se me había ocurrido a mí hace tiempo”. ¡Felicidades wey! Hoy, TU IDEA VALE CERO.

Nos leemos el próximo mes. Si tienen comentarios, preguntas, quejas y sugerencias, denme lata por Twitter. Me encuentran como @javivelop.

Este texto es parte de la serie de columnas financieras mensuales en tu  idioma de los fundadores de Resuelve: 'Start Ups and Downs'. 

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