Qué puede aprender un emprendedor de Dorothy, Toto y el Mago de Oz

El próximo 25 de agosto se cumplen 80 años del estreno de El Mago de Oz. Épica, única e inolvidable, la película sigue cautivando a quien la ve y se mantiene vigente. Hoy la analizamos desde una perspectiva diferente: como una alegoría del emprendimiento.
Qué puede aprender un emprendedor de Dorothy, Toto y el Mago de Oz
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“Dorothy vivía en medio de las extensas praderas de Kansas, con su tío Henry, que era granjero, y su tía Em, la esposa de este”. La primera frase de El maravilloso mago de Oz del escritor norteamericano, Lyman Frank Baum, parece simple, aunque en realidad no lo es. Habla de un mundo ordinario —el libro fue publicado por primera vez en el año de 1900—, de una niña común y corriente, de sus tíos granjeros y de un lugar tan mundano como la ciudad de Kansas.

Habla de lo cotidiano, aunque desde un principio nos revela de manera sutil el hueco inmenso en la vida de la pequeña: sus padres ni siquiera son mencionados. Dorothy es una huérfana, acompañada en su miseria únicamente por Toto, su perro fiel. Ella vive esperando poder encontrar la salida de un mundo habitado por adultos, saturado de reglas, regaños y gente hostil que la reprende de día y de noche.

Es ahí en donde nos identificamos con la historia de Dorothy.

Porque, ¿quién no se ha sentido atrapado y agobiado por las reglas de su mundo ordinario?, ¿quién no tiene enormes carencias, aunque no sea huérfano?, ¿quién no sueña despierto? ¿quién no le susurra a su perro sus deseos de escapar de la rutina, de atreverse a vivir de forma diferente, de emprender?

El próximo 25 de agosto se cumplen 80 años del estreno de la película El mago de Oz. Basada en la novela de Frank Baum y dirigida por Victor Fleming, la cinta se ha convertido en un verdadero objeto de culto que ha sabido cautivar a generaciones y generaciones de espectadores e inspirar a creadores a contar historias basadas en el viaje de Dorothy (para nombrar solo a algunos: Elton John, David Bowie, Michael Jackson, David Lynch, Salman Rushdie y los hermanos Ethan y Joel Coen).

A través de los años se han hecho diversas interpretaciones sobre el significado de El Mago de Oz y el octogésimo aniversario del filme sirve como pretexto para apreciarlo desde una nueva óptica: como una alegoría del emprendimiento.

LA ESCRITURA, EL OZ DE FRANK BAUM

Aunque el término ni siquiera había sido inventado en el año de 1900, Lyman Frank Baum fue un verdadero emprendedor. Luego de verse obligado a abandonar sus estudios en una academia militar debido a una afección cardiaca, endeble y enfermizo, el joven volcó sus fuerzas a escribir historias para después imprimirlas en una sencilla imprenta que le había regalado su padre. Desde casa y con ayuda de su hermano Harry Clay, Frank produjo varios periódicos en los que vendía publicidad y distribuía cupones de descuento. Antes de considerarse a sí mismo escritor, el joven probó suerte trabajando en la empresa petrolera de la familia, criando aves y comercializando productos en su propia tienda. Pero para Frank nada de eso salía de lo ordinario. Lo que en verdad le apasionaba era escribir y montar obras en un teatro construido por su acaudalado padre. Soñaba con que estas tuvieran éxito y se convirtieran en un negocio que le permitiera dedicarse en cuerpo y alma a su pasión. Pero el éxito no llegaba y Frank siempre terminaba endeudado y obligado a buscar alguna otra fuente de ingresos.

En 1888 fundó su propio periódico, pero tras otro fracaso se vio obligado a emplearse en el área comercial del Evening Post de Chicago. En 1897, pensando en entretener a sus hijos, Frank Baum escribió su primer cuento infantil: Mother Goose in Prose y posteriormente Father Goose, His Book. Pero sería el relato que publicaría con la llegada del nuevo siglo el que le cambiaría la vida: El maravilloso mago de Oz. La historia de la pequeña Dorothy Gale fue aclamada por la crítica y se convirtió en el libro infantil más vendido por dos años seguidos.

A partir de ese momento la existencia de Frank giraría en torno a Oz. Convirtió su historia en una versión teatral (titulada simplemente El mago de Oz) que triunfó en Broadway e hizo una extensa gira por toda la Unión Americana. Además, en total publicó 14 libros situados en el mágico mundo de Oz.

Lyman Frank Baum falleció el 6 de mayo de 1919 sin poder imaginar que 20 años después Dorothy protagonizaría una de las películas más importantes en la historia del cine.

EL TORNADO, EL HARTAZGO O LA LIQUIDACIÓN

Nuestra esencia es la misma que la de Dorothy. Al igual que ella nos podemos llegar a sentir confundidos, asustados y desamparados. De pronto puede parecer que nada tiene sentido: existimos en un lugar al que no pertenecemos. Despertamos por rutina, sin pasión y cuando hablamos nadie nos escucha. A Dorothy le pasa con sus tíos eternamente ocupados con las labores de una granja situada en un campo de cielos nublados y amenazantes. A nosotros nos puede suceder en la casa, en la escuela o en un lugar de trabajo en el que nos sentimos atrapados, invisibles o profundamente desmotivados. Y justo como lo hace la niña, deseamos que, en algún lugar al otro lado del arcoíris, pueda existir un sitio mejor para nosotros.

A veces nos armamos de valor y por convicción propia, salimos a buscar el camino que pueda llevarnos de vuelta a nosotros mismos. En otras ocasiones necesitamos que un tornado de desastre nos sacuda y nos arroje a un lugar en donde las reglas son diferentes.  

En cualquiera de los dos casos y de manera irremediable, seremos puestos a prueba.

LA SABIDURÍA DE UN ESPANTAPÁJAROS

Una cosa es desear andar por los caminos del fantástico mundo del emprendimiento y otra muy diferente verse obligado a hacerlo. Supongo que lo mismo diría Dorothy: platicado, el mundo de Oz parece maravilloso, pero visto de cerca es aterrador. Un lugar habitado por pequeños Munchkins, dragones y monos alados. Por brujas que gobiernan los diversos puntos cardinales y por un misterioso y poderoso mago que promete tener la respuesta a todas las preguntas del universo.   

Arrastrada por un tornado y arrancada de su hogar, Dorothy no tiene más remedio que buscar la manera de volver a casa armada con unas zapatillas rojas que recibe al llegar a la tierra mágica. Una vez que comprende su situación, la asume y toma una decisión: emprender el recorrido de un extraño camino amarillo que debería de llevarla hasta la Ciudad Esmeralda, en donde habita el poderoso mago, el único ser en todo Oz que podría ayudarla. Al llegar a una bifurcación, la niña se topa con un Espantapájaros que le confiesa que es incapaz de tomar decisiones. Sin un cerebro para pensar, el extraño ser vive condenado a la duda eterna y, sin quererlo, advierte a Dorothy de los riesgos de la indecisión.

Cuando emprendemos un negocio nos encontraremos irremediablemente con múltiples bifurcaciones en el camino. Cada día tendremos que tomar decisiones y es crucial saber hacerlo. A veces, ante la novedad de un proceso, podríamos sentirnos como el espantapájaros: sin el conocimiento necesario para elegir la mejor opción. En realidad, Dorothy no tiene más información que el Espantapájaros sobre qué camino debe tomar, pero su convicción por encontrar su destino es más fuerte que el ruido que agobia su cabeza. Confiada en su instinto la niña toma una decisión y, sin mirar atrás, sigue su camino acompañada por un nuevo amigo.

EL CORAZÓN DE UN EMPRENDEDOR

El segundo personaje al que Dorothy encuentra en su camino es a un Hombre de Hojalata maltrecho y oxidado. La niña le aceita la boca para que este pueda contarle su historia: hace más de un año estaba cortando un árbol cuando empezó a llover. Atrapado por su propia monotonía, el Hombre de Hojalata siguió con su tarea sin darse cuenta de que poco a poco se estaba oxidando. Al liberarlo de su parálisis el ser metálico le revela a la niña su verdadera desgracia: quien lo construyó se olvidó de darle un corazón. Sin corazón, tampoco hay pasión. Y sin pasión es imposible recorrer en su totalidad un camino que podría extenderse durante kilómetros y kilómetros antes de llevarnos a nuestro verdadero destino.

Seguir el camino del emprendimiento implica un gran esfuerzo. Para recorrerlo completo, para no flaquear, necesitarás de cada uno de los latidos de tu corazón. Para seguirte moviendo con pasión, aunque llueva, aunque te llegues a sentir absolutamente perdido o estancado. En los días de oscuridad, será el eco de los latidos de tu propio corazón el que te guíe, el que te salve, el que te ayude a no darte por vencido. 

LA VALENTÍA PARA PODER SEGUIR ADELANTE

Aunque logres reunir sabiduría y corazón, hay un elemento crucial y necesario en el largo sendero del emprendimiento: la valentía. Esa de la que carece el gran León al que Dorothy se encuentra en el camino. Porque inevitablemente te toparás con retos, problemas, desacuerdos y brujas malvadas cuyo único objetivo pareciera ser echar abajo todo aquello que has construido. No bastará que, justo como lo hace el León al conocer a la pequeña, simplemente te muestres altanero. No. Tendrás que ser realmente valiente. Seguir avanzando, aunque haya dolor, caídas, crisis, devaluaciones o enormes pérdidas. No será nada fácil y habrá momentos en que añores y anheles poder volver a un lugar tan ordinario como Kansas o como tu antiguo empleo. Pero también llegará el día en el que, al mirar hacia atrás, puedas apreciar el camino recorrido. El dolor, el esfuerzo y las noches sin sueño habrán tenido su razón de ser, aunque eso no lo entenderás hasta poder descubrir qué hay al final de ese sendero amarillo.

EL ENCUENTRO CON EL MAGO. EL ENCUENTRO CONTIGO MISMO

Tras sortear retos y peligros, Dorothy y sus amigos logran llegar a la Ciudad Esmeralda. La tierra prometida, llena de respuestas, llena de verdad. Ahí conocen al gran Mago de Oz, quien les dice que para poder concederles sus deseos (un cerebro, un corazón, valentía y un pasaje de regreso a Kansas) deben de traerle una prueba de que han derrotado a la Bruja Mala del Oeste.

Tras una ardua batalla, Dorothy y sus amigos vuelven ante el mago con la escoba de la bruja como muestra irrefutable de su victoria, solo para descubrir su gran secreto: él no es más que un ser humano. Un inventor que llegó a Oz de manera accidental y que ahí forjó su propio destino. El mago les entrega objetos materiales como recompensa: un diploma para el Espantapájaros, un dije en forma de corazón para el Hombre de Hojalata y una medalla al valor para el León. A Dorothy le ofrece llevarla de regreso a casa en un globo aerostático. El mago no tiene nada más que ofrecerles y tras un torpe accidente termina viajando solo en el globo, condenando a Dorothy a quedarse por siempre en la tierra de Oz.

El esfuerzo ha sido en vano.

De nada ha servido derrotar a la bruja ni recorrer el camino amarillo. La desesperación se apodera de la niña y cuando todo parece perdido aparece ante ella Glinda, la Bruja Buena del Sur, con una revelación: el poder para volver a casa ha estado todo el tiempo en los pies de Dorothy. Basta con que golpeé un par de veces sus zapatillas rojas para regresar a Kansas. En realidad, la pequeña siempre ha sido dueña de su destino, aunque la única manera en que podía descubrirlo era recorriendo el camino amarillo.

A todo emprendedor le sucede lo mismo. Tenemos que realizar un difícil recorrido que nos ayudará a desarrollar cerebro, corazón y valentía. Somos como Dorothy y su convicción por recorrer ese camino de cualquier color, de cualquier tipo. Y solo al llegar al final podremos entender que la verdad siempre ha estado dentro de nosotros mismos

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