La nochebuena, la flor de los guerreros aztecas que México dio al mundo

Conocida como Cuetlaxóchitl en náhuatl, la planta típica de la Navidad es famosa gracias a un embajador de Estados Unidos, país donde está patentada.
La nochebuena, la flor de los guerreros aztecas que México dio al mundo
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Son varias las leyendas que rodean el origen de una de las flores más típicas de las fiestas de Navidad, la más antigua asegura que los guerreros aztecas las recibían como ofrenda en caso de morir en batalla, aunque una variante de la crónica apunta que la Cuetlaxóchitl, como se le conocía entonces a la flor de nochebuena, se entregaba a los soldados de la época prehispánica en señal de victoria.

No existe certeza histórica sobre cuál de estas dos versiones es la verdadera, lo que sí sabemos es que los antiguos mexicas no solo utilizaban la flor de manera ornamental o en rituales bélicos, pues la Cuetlaxóchitl también tenía una función netamente utilitaria: servía para teñir telas o cuero.

De hecho, el vocablo náhuatl Cuetlaxóchitl significa flor de cuero, aunque no precisamente por el uso que se le daba para pigmentar la piel de animales, sino porque sus hojas -en forma de estrella- son tan resistentes como el mencionado material.

Sobre la etimología, los historiadores tampoco se han puesto de acuerdo, hay quien afirma que en realidad Cuetlaxóchitl significa flor que se marchita. Lo cierto es que independientemente de su nombre, o de los usos que le daban los antiguos aztecas, la flor de nochebuena es una de las aportaciones que México ha hecho al mundo, junto con el cacao y el jitomate entre otros.

Una flor para evangelizar

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Tras la derrota de la cultura mexica a manos de los españoles y el inicio de la evangelización, los primeros religiosos aprovecharon que el florecimiento de la Cuetlaxóchitl se daba en el último mes del año, coincidiendo con la tradición cristiana del nacimiento de Jesús. 

Así, los frailes empezaron a utilizarla como parte del proceso de evangelización, pidiendo a los indígenas que la cosecharan, para luego llevarla a la iglesia como ornato del pesebre. 

En esa época el color rojo de la flor no era considerado típico de la Navidad, pues esa identificación cromática surgió hasta mediados del siglo XX, a partir de los afiches y anuncios comerciales de una importante empresa refresquera de origen estadounidense. En realidad, para los religiosos españoles la Cuetlaxóchitl fue solo un instrumento a través del cual conseguían que los indígenas se acercaran a la iglesia, en el entendido de que esto servía para que abandonaran su antigua religión politeísta.

Mil nombres y usos medicinales

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La nochebuena es un arbusto de entre uno y tres metros de altura, al que científicamente se le denomina Euphorbia pulcherrima. Sus flores rojas, naranjas, verdes, amarillas o de color crema en realidad son las brácteas que protegen a la verdadera flor que se encuentra al centro de su cuerpo, donde finaliza el tallo, de acuerdo con el Atlas de las plantas de la medicina tradicional mexicana de la UNAM.

Es la planta ornamental más cultivada en México, y la segunda en importancia en las cosechas de este tipo en Estados Unidos, solo después de la orquídea. Dejó de ser silvestre a partir del uso medicinal que le daban los antiguos pobladores del centro y sureste mexicano.

En el territorio que hoy ocupan la Ciudad de México, y los estados de Puebla y Morelos, se utilizaba para aumentar la secreción de leche en las mujeres tras el parto, la preparaban en té o en cataplasma que se untaba en la espalda de la madre que amamantaba. 

En Puebla, el cocimiento de sus flores también servía para controlar hemorragias vaginales, e incluso llegó a tener usos anticonceptivos, según la etnobotánica del Atlas de las plantas ya mencionado. A su vez, en el Estado de México y Michoacán el látex que se extrae de la planta se aplica para eliminar verrugas y mezquinos, así como fuegos en la boca y llagas.

También alivia infecciones cutáneas y heridas, disminuye la inflamación por picadura de insectos, en tanto que sus hojas asadas con limón eliminan golpes y moretones. Así mismo, se conoce su uso para tratar enfermedades respiratorias, la parotiditis (paperas), afecciones del corazón y hasta la rabia.

Es lógico que una planta tan antigua y con tantas propiedades reciba distintos nombres, entre estos destacan: En México, Custicpascua Xóchitl (flor amarilla de pascua), Pascuaxóchitl (flor de pascua), flor de nochebuena, y palo de flor de nochebuena. 

En Argentina se le llama estrella federal, pastora, pascuero o flor de pascua; en Venezuela recibe el nombre de papagayo, mientras que en Nicaragua le dicen flor pastora. En algunas zonas de la Unión Americana se le denomina Christmas star (estrella de navidad).

En el resto del mundo se le conoce como Poinsetia (poinsettia en inglés), en honor al hombre que la introdujo en Estados Unidos en el siglo XIX: Joel Roberts Poinsett, un médico, botánico y militar, considerado el primer embajador de ese país en México, y que en 1828 se llevó varios ejemplares de la flor, propiciando con ello su internacionalización. 

Una flor con patente

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A principios del siglo XX, en 1909 específicamente, el emigrante alemán Albert Ecke inició el cultivo masivo de nochebuenas en la población de Encinitas, en el estado de California. 

Con el correr de los años, Ecke realizó diversas variaciones sobre las poinsetias, logrando que estas no solo fueran rojas o amarillas, de hecho la planta que se comercializa en Estados Unidos posee una amplia gama de colores y distintas formas en su follaje, gracias a los experimentos de Albert Ecke, quien patentó cada una de estas modificaciones.

De acuerdo con la Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos, la familia Ecke posee unas 500 patentes de igual número de variaciones hechas a la planta. De hecho, durante 103 años, el rancho de los Ecke en Encinitas, California, ostentó el monopolio mundial de la producción de flores de nochebuena.

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