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El valor de un buen mentor

Encuentra personas en tu vida que te motiven a ser mejor, guíen, den su retroalimentación y aporten herramientas para triunfar.
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A lo largo de nuestra vida tenemos varios mentores; personas a quienes admiramos y que nos guían por el buen camino. Desde tus padres, abuelos y hermanos, hasta tus maestros, colegas de trabajo y socios. Todos pueden serlo en algún momento. En cada etapa de nuestro desarrollo elegimos mentores, y si lo hacemos bien, muchos de ellos pueden mantenerse durante años para vernos crecer (siguiendo o no sus recomendaciones).

Particularmente en el mundo de los negocios, los mentores son uno de los grandes activos de los grandes emprendedores. Estas personas no sólo pueden entregarte valiosos consejos basados en su experiencia -que comúnmente excede por años luz a la tuya-, sino también brindarte retroalimentación sincera, aliento en las situaciones difíciles e, incluso, las conexiones que necesitas para colocarte en el mapa de tu industria.

Escoger a un buen mentor no ocurre de la noche a la mañana. Tampoco es algo que debe forzarse o surgir de la casualidad. Se trata de crear relaciones sólidas, cimentadas en el respeto y la confianza mutua. Y es que tu mentor también debe admirar tu capacidad, habilidad y talento; de otra manera poco conseguirás del tiempo que pases a su lado.

En mi caso, he tenido la fortuna de descubrir a varios mentores valiosos, y aunque no soy emprendedora sé lo importante que es contar con esta figura en mi vida. Desde que inicié la universidad, hallé en mi maestro de Periodismo a mi mayor mentor. Sergio Rodríguez Blanco no sólo era profesor, también en ese entonces, y con sólo 26 años, ya tenía una maestría y trabajaba en reconocidas publicaciones. Actualmente -siete años después- Sergio es doctor, crítico de arte, becario del FONCA y obtuvo el Premio de Bellas Artes de Literatura 2009 'Luis Cardoza y Aragón' por su magnífico ensayo “Alegorías Capilares. Pelo humano sobre papel en la obra de Gabriel de la Mora”. Y continúa enseñando a estudiantes necios (como yo).

Creo que sobra decir que el periodista de origen español, y mexicano por convicción, es una persona a la que admiro enormemente. Sergio tiene una mente brillante, un sentido del humor ácido y temas de conversación interminables. Pero lo mejor es que, primero como maestro-estudiante y luego como colegas, somos amigos que pueden platicar por horas y más si estamos acompañados por un buen café.

Sergio siempre me ha contagiado su pasión por el periodismo y la perfección literaria, de la cual es fiel ejemplo. De hecho, en mi espacio de trabajo aún conservo una postal que hace referencia al libro “Sostiene Pereira”, del autor italiano Antonio Tabucchi. La obra que trata sobre un nostálgico escritor que abandona la escritura de esquelas para dirigir un periódico cultural fue el primer texto que nos pidió leer en su clase. Hoy esa postal me inspira y recuerda mi vocación por la profesión, pero también a la tarea prima que le entregué (un breve análisis de la novela) de la cual me dijo: “escribes bien, pero debes usar más puntos”.

Sergio siempre creyó en mí y en mis habilidades (lo que viniendo de alguien a quien admiro significa aún más), pero nunca dudó en decirme cuando algo no estaba bien o se podía mejorar. A la fecha me sigue apoyando, dándome contactos, ideas, consejos y palabras de aliento. Aunque ya no hablamos tanto como antes, cuando tengo una duda o un problema no dudo a quién acudir. Sé que en él sigo teniendo a un mentor, a un guía y a un amigo. Si no tienes a alguien así cerca de ti -que te motive a ser mejor y te dé herramientas para lograrlo- empieza ahora mismo tu búsqueda; si lo tienes, llámale para conversar y ponerse al día. Nunca olvides rellenar esa taza de café.