Emprendedores

Micaela Miguel, lazos de sangre y negocios

Delirio, el proyecto que comparte con su madre, es el ejemplo perfecto de que cualquier negocio merece una segunda oportunidad.
Micaela Miguel, lazos de sangre y negocios
Crédito: Depositphotos.com
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Muchas personas buscan controlar todas las variables antes de emprender: sentirse con la experiencia suficiente, tener una idea que les asegure el éxito, contar con la aprobación de un sinfín de personas… Pero Micaela Miguel fue en sentido contrario. En lugar de tener todo bajo control y analizar cada jugada, decidió seguir su corazonada y lanzarse al ruedo. Y, a decir verdad, le funcionó bastante bien.

Con sólo 27 años, Micaela –hija de la reconocida chef y empresaria Mónica Patiño– está al frente de un negocio de comida gourmet que ha tenido una gran acogida entre los capitalinos, y que promete crecer todavía más.

Delirio, el restaurante-tienda que comparte con su madre, es el ejemplo perfecto de que cualquier proyecto merece una segunda oportunidad, y de que los tropiezos no deberían desalentarnos y apartarnos del camino.

Aceptar el reto

Hace nueve años, Mónica Patiño abrió en la colonia Roma una tienda donde vendía productos gourmet. Aunque tuvo un buen impulso inicial, varios factores provocaron que no lograra consolidarse en el gusto de los habitantes de la zona –los precios eran elevados, no había un lugar para que los clientes se sentaran a degustar los productos, entre otras cosas–. A los dos años, la tienda cerró.

Un año después, Mónica le propuso a su hija tomar las riendas del negocio para resurgirlo de las cenizas. Pero Micaela tenía otros planes: viajar a Londres para estudiar Retail Management. Le atraía la idea de ser chef y dueña de su propia pastelería –de hecho, elaboraba galletas y pasteles para la tienda de su mamá–, pero quería construir su propio camino.

“Mientras estaba allá, comía mucho afuera. Buscaba cosas ricas, pero no podía costear restaurantes caros. Trabajé en varios restaurantes y en tiendas de comida, y fui absorbiendo ideas para abrir mi propio negocio al regresar”, explica.

Cuando volvió de su viaje, decidió que aceptaría el reto, pero con una condición: cambiar el concepto. Mónica le dio la libertad completa de hacerlo. Su idea estuvo fuertemente inspirada por su estancia en Europa: una tienda donde se ofrecieran productos de buena calidad a un precio accesible, y un espacio donde los clientes pudieran disfrutar lo comprado. Es decir: una experiencia completa.

Así, Delirio se convirtió en una moderna tienda “de barrio” donde se podría comer algo rico y rápido. 

Resurgir de las cenizas

Cuando Delirio reabrió sus puertas Micaela tenía tan sólo 22 años. “No sabía bien a qué me estaba metiendo. Aventarme me permitió aprender de todo”, explica. Fue cajera, cafetera, barista, cocinera, mesera y gerente. Poco a poco y sobre el camino fue conformando un equipo, organizando procesos y puliendo detalles.

“Emprender tan joven tiene sus partes buenas y malas. Es una oportunidad porque no tienes miedo, aprendes sobre la marcha y te avientas a hacer cosas que más grande pensarías dos veces”, detalla. Pero también tiene sus desventajas: algunas veces, puede resultar difícil ser tomado en serio. “Es algo que te debes ganar con el tiempo”.

Antes de abrir, el local pasó por un proceso de remodelación de seis meses para convertirlo en tienda-restaurante. Micaela decidió conservar intacta la decoración, pero incorporó una cocina para preparar cosas al momento.

El éxito de Delirio fue notable desde su inauguración. Por esa fecha, la colonia Roma comenzaba a experimentar un gran auge. “Incluso antes de que abriéramos, la gente se acercaba a preguntar. Había mucha expectativa”, comenta. Tres años después de abrir las puertas de Delirio se inauguró Abarrotes Delirio, una tienda productos para llevar, café y tortas callejeras.

Uno de los grandes aciertos de Micaela, y posiblemente la clave para consolidarse en el mercado, fue que siempre mantuvo una comunicación abierta con los clientes. “Estaban abiertos a que cometiéramos errores. De pronto me decían: ‘esto está muy bien’, o ‘a este platillo le cambiaría algo’”. Hoy día, gracias a que aprendió a escuchar las sugerencias de su mercado, Delirio ha cumplido 5 años de funcionamiento… y tiene un proyecto de expansión por delante.

Lazos de sangre y negocios

Algunos dicen que la familia y los negocios no deberían mezclarse, pero ésta es otra regla que Micaela se ha dispuesto romper. Ella se encarga de la parte operativa del negocio, toma el control de las decisiones del día a día. Sin embargo, ya que la marca lleva el nombre de su madre, consulta cualquier decisión estratégica con ella. Mónica es la mente creativa, la creadora de tendencias. Micaela coordina, organiza y se encarga de que las ideas se lleven a cabo.

“Ser socias es divertido, pero a veces difícil. Como tenemos mucha confianza, a veces somos muy directas con lo que nos decimos y las cosas fácilmente se vuelven personales”, explica. Por tal razón, han tenido que establecer ciertas reglas, como no decidir cosas importantes sin consultar a la otra.

“Mi madre siempre me ha enseñado que la gente es lo más importante. Sí, tenemos que cuidar el lugar y la calidad de los alimentos; pero, al final, lo más importante es atender bien a las personas y quererlas. Es una cuestión de dar y recibir”.

El reto: encontrar un balance

Aunque tiene muchos planes por delante, Micaela se considera ya una mujer exitosa… y no precisamente por el volumen de ventas de su negocio. “Para mí ser exitosa significa ser feliz, disfrutar mi trabajo y lograr que la gente lo reconozca. Es la satisfacción de aportar algo a la comunidad y tener tiempo para mí misma”, añade.

Hace cinco años, mientras estudiaba en Londres, no se imaginaba al frente de un negocio victorioso. Ahora es un poquito más ambiciosa: en cinco años, se imagina creciendo aún más, abriendo sucursales y aportando un granito de arena en los temas que le preocupan. “Quiero concientizar a la gente sobre temas de salud y alimentación, tener algún proyecto al respecto. Hacer algo similar a lo que hace el chef y activista Jamie Oliver, cuya fundación promueve la educación alimentaria”, finaliza.


Delirio se encuentra en Av. Monterrey 116, esquina Álvaro Obregón, colonia Roma.

Abarrotes Delirio se encuentra en Colima 114, colonia Roma.