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5 hábitos que destruyen tu liderazgo

Estas actitudes te separan de tus colaboradores y minan tu capacidad de dirección. Te decimos cómo identificarlas.
5 hábitos que destruyen tu liderazgo
Crédito: Depositphotos.com

No importa si eres un emprendedor, supervisor o director de un equipo dentro de tu empresa, tus habilidades de liderazgo determinarán tu éxito o fracaso profesional. Como líder, puedes marcar un curso de acción para que alcanzar una meta e inspirar a un equipo a trabajar duro para alcanzar un objetivo, pero si fallas, puedes afectar la dirección de todos tus subordinados.

Es muy común que los malos hábitos afecten el liderazgo. Caemos víctimas de la rutina y dejamos de ser excepcionales. Estos son las peores actitudes que afectan tu capacidad de dirigir.

1. Te aíslas
Hay muchas maneras de alejarte de los demás cuando eres líder, y ninguna de ellas es buena. Puedes apartarte físicamente al elegir una oficina separada de tu equipo; mentalmente al trabajar en proyectos diferentes y emocionalmente al mostrarte inaccesible.

En cualquier caso, aislarte provoca dos clases de daños: primero, crea resentimiento. Cuando te alejas de los demás se genera una actitud “nosotros contra ellos” que te muestra como un miembro separado de un equipo. Segundo, te aleja del trabajo que realmente se está haciendo, lo que limita tu capacidad de dirección

2. Poner una dirección fija
Tener un plan de acción es muy bueno, de hecho, es lo que hacen los buenos líderes. Pero tener una dirección demasiado rígida puede minar tu credibilidad y capacidad de liderazgo. Muchas veces, los directores se enredan en la idea de que son los únicos responsables de los resultados de un proyecto, y, en un esfuerzo por tener algo de control, crean estrategias estrictas para que sus equipos las ejecuten.

Poner en marcha un plan sin consultar con tus colaboradores puede hacerte perder ideas clave que podrían ayudarte a encontrar mejores soluciones. También generas resentimiento y desmotivación en tus subordinados, lo que da origen a menos productividad y malas ideas. De manera similar, si tienes un plan demasiado rígido, pierdes capacidad de adaptación cuando las circunstancias lo requieran. La flexibilidad siempre es buena en un mercado cambiante.

3. Enfocarte solo en el día a día
Hay dos maneras en que los líderes se enfocan demasiado en la rutina diaria: la primera es de forma personal y la segunda como supervisor. En el primer caso, si pasas demasiado tiempo preocupándote por pendientes pequeños, nunca tendrás espacio para pensar en los problemas que hay que enfrentar como grupo. Como resultado, nunca podrás reflexionar, cambiar o siquiera poner una dirección para lograr nuevas iniciativas. Delega algunas responsabilidades si de verdad te empiezas a sentir superado.

Como supervisor, enfocarte demasiado en las actividades de tus colegas también es problemático. Te hace ser un micromanager y eso puede irritar y perturbar los ritmos de trabajo de tus empleados. Encuentra personas en las que puedas confiar para tener en tu equipo y realmente dejaras trabajar.

4. Inventar excusas
Ojo: no es lo mismo que encontrar el problema de origen, de hecho, descubrir la causa de un problema y eliminarla es algo que como líder debes hacer. Por el contrario, inventar excusas es una forma barata y floja de resolver una situación ya que le atribuyes el resultado de un evento a un factor incontrolable y así, remueves la necesidad de investigar más a profundidad.

5. Trabajar demasiado duro
Muchos líderes cargan a sus equipos sobre sus hombros trabajando largas horas sin descanso. Aunque este tipo de acciones puede ayudarte ante fechas límite de entrega, eventualmente destruye tus habilidades para dirigir.

La falta de sueño reduce tu capacidad de concentración y hasta tu salud. Trabajar sin descanso te quita la oportunidad de liberarte del estrés y te hace más irritable y menos productivo. Tómate tu tiempo y tú y tu equipo serán más felices.

Si empiezas a mostrar alguno de estos malos hábitos, trabaja para eliminarlos lo antes posible. Cambia de dirección y dale fuerza a las actitudes contrarias a estas malas actitudes que te hacen un buen líder. Tus colaboradores seguirán tu ejemplo y serán más eficientes y productivos por derecho propio.