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Fuck Up Nights: Terapias de fracasos

En estos eventos, personajes de diferentes sectores comparten sus historias de proyectos fallidos con el fin de eliminar el miedo.
Fuck Up Nights: Terapias de fracasos
Crédito: Depositphotos.com
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El fracaso apesta. Por más que intenten convencernos de lo contrario, los que alguna vez hemos fracasado (y creo que en realidad somos todos) sabemos que su sabor no es dulce. Pocas cosas se sienten peor que descubrir que un proyecto o una idea que trabajaste por meses resultó una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo. ¿Y qué decir del ego? Nada lastima más nuestra autoconfianza que no alcanzar las metas que con tanta ilusión nos habíamos planteado. No hay duda, fracasar es para muchos una pesadilla que se vuelve muy real.

Pero, tranquilo, hay una buena noticia: No eres el único que ha fracasado. No, no es que me alegre de ver que los demás también son humanos y cometen errores …  pero sí de entender que es un proceso natural, prácticamente obligatorio en la vida, tanto en lo personal como en lo profesional, en especial en el mundo de los negocios.

Ejemplos en la historia de grandes ‘fracasados’ hay varios: Walt Disney cayó en la bancarrota, Steve Jobs fue despedido de la empresa que cofundó, The Beatles fueron rechazados en varias disqueras, Richard Branson tuvo que abandonar el negocio que lo hizo famoso (Virgin Records) y Vincent Van Gogh no vendió una sola pintura en vida.

Sin embargo, en el entorno actual, el fracaso es visto como una enseñanza; y más que eso, como un escalón más que hay que subir para llegar al éxito. De hecho, “meter la pata” es casi un mantra para el emprendedor de hoy. Los empresarios exitosos saben que si no se toman riesgos no hay grandes recompensas; y que estos riesgos muchas veces tienen como destino final el fracaso.

Pero aunque la mentalidad ‘Silicon Valley’ -completamente abierta a la experimentación constante y, por tanto, al error- esté permeando al ámbito de las startups y emprendedores mexicanos, la realidad es la misma: a nadie le gusta fracasar, y muy pocos aceptan abiertamente que han sido víctimas de ello. Es un acto de valentía el decir: “Mi nombre es ‘tal’, y he fracasado”.

¿Pero qué pasaría si se creara un foro donde todos platicaran sus fracasos, los compartieran con la audiencia y éstos funcionaran como aprendizaje para otras personas? Esta idea fue la que inspiró a un grupo de amigos a crear Fuck Up Nights, eventos que tienen precisamente ese fin: quitar el tabú del fracaso y usarlo como una enseñanza.

Carlos Zimbrón, cofundador de Fuck Up Nights, dice que este concepto surgió cuando estaba reunido con un grupo de amigos “tomando mezcales” y surgió la discusión de por qué cuando alguien platica sus proyectos individuales sólo habla de los aspectos positivos y agradables de él, “pero siempre hay errores y fracasos, que finalmente son lo más valiosos para un emprendedor”, afirma, “de hecho, resultan refrescantes”. Y todos los habían tenido: ideas fallidas, pésimos socios, bolsillos vacíos y otros cuentos de terror.

Fue así como, en septiembre de 2012, lanzaron su primera convocatoria entre familiares, amigos y conocidos para escuchar a tres exponentes de distintos ámbitos que hablaron de sus fracasos. Ésa fue la primera Fuck Up Night, con cerca de 35 asistentes. Actualmente, se ha realizado en repetidas ocasiones en el Distrito Federal y en más de 10 ciudades, incluso fuera de México, como en Estados Unidos, India y España. “El fracaso es universal”, dice Zimbrón quien señala que ellos explican a los interesados cómo organizarlo en su país. 

Dentro de los ponentes ha habido todo tipo de profesiones e historias, desde empresarios y médicos, hasta magos, dueños de sex shops, estilistas, bailarines y políticos, incluyendo al Presidente del instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), Enrique Jacob, y el reconocido diseñador Álvaro Rego, director del Museo Mexicano del Diseño quien reconoce que anteriormente padecía adicción al trabajo. “Son personas exitosas que en algún momento han fracasado”, agrega el cofundador.

Las Fuck Up Nights son gratuitas y se llevan a cabo mensualmente (generalmente el segundo jueves de mes) y cada día reúnen a más participantes, llegando a cerca de los 300. El ambiente es relajado, “como entre amigos”, donde los asistentes toman cerveza, platican y se divierten. Es como una especie de reunión de alcohólicos anónimos (pero el participante es un fracasado rehabilitado, nada anónimo) que sirve de inspiración y aprendizaje, pero también como una forma de hacer networking y de reafirmar que lo importante no es cuántas veces caes, sino cuántas te levantas.