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Ella salvó a la industria del juguete mexicano

La labor que realiza María Teresa Kasuga a favor de la industria le ha permitido posicionar a México como el tercer mayor productor de juguetes a nivel mundial. Conoce cómo salvo este sector.
Ella salvó a la industria del juguete mexicano
Crédito: Xóchitl Austria
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La tendencia mundial está virando hacia el proteccionismo. Líderes mundiales aseguran que el libre comercio ha fracasado y lo acusan de la desaparición de miles de empleos locales, sin considerar el papel de la tecnología en la automatización de varios procesos.

Lo cierto es que desde México, la apertura económica que se dio a raíz del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) benefició a unos sectores como el automotriz, pero también dejó desprotegido a otros como el sector textil y juguetero.

Alguien que sí vivió de cerca el cierre de empresas y la pérdida de empleos cuando en 1994 en México entró en vigor el TLCAN, y el país se abrió al comercio proveniente de China, fue María Teresa Kasuga, quien en ese momento era vicepresidenta de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra) y vio que en gremios como el juguetero pasaron de ser 365 a 65 empresas.  La razón: “no éramos competitivos”.

María Teresa hija de migrantes japoneses y la menor de seis hermanos –hermana de Carlos Kasuga, presidente de Yakult-  vivió en EU una temporada a finales de los 80 y descubrió que pocas de las cosas que se vendían allá eran hechas en México. Cuando regresó se hizo cargo de la fábrica de juguetes inflables que heredó de su padre y se propuso crear una empresa exportadora.

¿Cómo iba a hacerlo? Empezó a acudir a las juntas de la Canacintra donde predominaban los hombres, y empezó a participar  y proponer hasta ganarse un lugar como secretaria de la sección 43 de Canacintra (sector juguetes), después vicepresidenta y presidenta donde sus opiniones eran tomadas en cuenta.

Después vino la apertura comercial y tuvo que luchar contra la entrada indiscriminada de los juguetes chinos de mala calidad. “México no tenía laboratorios de análisis de control de calidad para comprobar cuáles eran adecuados para los niños mexicanos, y nos volvimos el basurero de la industria juguetera para los EU. Todo lo que no podía entrar allá venía para acá”, explica Kasuga.

Así vio morir varias empresas mexicanas que poco podían hacer ante la competencia desleal.

“Hubo mucho dumping, había juguetes como las bicicletas que costaban dos dólares. Tuvimos que recopilar facturas y demostrar el daño enorme que se le estaba haciendo a la industria mexicana. Y finalmente, logramos lo que nadie se imaginó: impuestos compensatorios”, cuenta.

En 1994, la entonces Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) impuso una cuota compensatoria de hasta 351% de impuestos a las importaciones provenientes de China. “Yo pensaba que me iban a matar los importadores cuando me vieran en la calle”, confiesa Kusaga; pero, “la lucha valió la pena”.

Las cuotas compensatorias ayudaron a que las empresas que quedaban se reinventaran y siguieran adelante, mientras otras como Mattel, Hasbro, Lego y Fisher Price vieron en México un país geopolíticamente interesante para establecer sus fábricas y generar empleos. Esto ha dado como resultado que México se convierta en el tercer país productor de juguetes, después de China y Brasil.

 

La batalla contra China

Cuando María Teresa se volvió madre de dos hijos decidió dejar su trabajo en el sector público y dedicarse al sector privado para tener mayor control sobre su tiempo y se dedicó a levantar la empresa Kay Internacional cuya fábrica de juguetes inflables se encuentra en Santo Toribio Xicohtzinco, Tlaxcala, donde trabajan 50 personas, y tiene una oficina de comercio internacional en la Ciudad de México, donde laboran 10 personas.

Pero no todo fue fácil. Su mayor reto vino cuando el dueño de la empresa china más grande de juguetes inflables Intex, líder en el mundo, la citó en China y le ofreció darle a Kay Internacional la autorización de vender su marca en México, pero con la condición de que cerrara su fábrica.

“El dueño de Intex me hizo una oferta que también le había hecho a España, Francia y Alemania. Todos le dijeron que sí. Yo le dije que no. Ahí entra la ética personal y no iba a matar mi negocio y dejar en la calle a los trabajadores”, explica Kasuga, quien en esa ocasión tuvo que regresar a México con las manos vacías.

En esa reunión donde estaban empresarios del sector de juguetes inflables de diferentes partes del mundo, recuerda la empresaria, trató de impresionar a su competencia y gracias a su conocimiento de diferentes idiomas se puso a platicar con los empresarios en japonés, alemán, inglés y español. Además conoció a la esposa del empresario chino, quien era japonesa y con quien había estudiado en la misma universidad.

Tres meses después, María Teresa recibió nuevamente una llamada del dueño de Intex. ¿El empresario había cambiando de opinión? Sí. Nuevamente se reunieron y acordó con su competencia china ser su representante en México y mantener su fábrica.  Esta alianza le ha permitido ir a las Ferias Internacionales de Juguetes en Hong Kong y ver cómo México es un país que fabrica globos, canicas y pelotas y lo hace muy bien.

“En las ferias (internacionales) he podido comprobar que juguetes de diferentes empresas están hechos con manos mexicanas y están bien hechos. Esto nos debe dar orgullo.”

La empresaria de origen japonés ofrece tres consejos a los empresarios que quieren sobrevivir en tiempo difíciles:

1. Fabricar cosas que nadie construya.

2. Fomentar el compromiso de los colaboradores.

3. Puntualidad, honestidad y compromiso en el trabajo.

 

Texto publicado originalmente para Alto Nivel

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