El video viral de Tony Hawk que muestra que emprender es como lanzarse al vacío en una patineta

Un tierno video que circula en redes sociales muestra a Tony Hawk, amo y señor del skate, ayudándole a su hija a lanzarse al vacío por primera vez en una patineta. En el paternal acto hay una enorme lección sobre cómo vencer al miedo.
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A veces, cuando despierta, siente miedo.

Una extraña angustia trepa por la cama, entre las sábanas para alojarse en algún lugar de su corazón. En una fracción de segundos, tal vez antes de ser totalmente consciente, repasa los pendientes que lo amenazarán durante el día: las cosas que no salieron bien, las llamadas que tiene que hacer, la agobiante realidad de ese proyecto que lo persigue con fechas de entrega que lucen imposibles de cumplir.

A veces, cuando despierta, duda. De sí mismo y de su capacidad. De las decisiones que ha tomado y del lejano puerto hasta donde éstas lo podrían llevar. Duda de poder encontrar el camino de regreso en caso de extraviarse, porque sabe que absolutamente todos, un buen día nos podríamos extraviar. O fracasar.

A veces, cuando despierta, preferiría quedarse quieto ante el vacío lleno de incógnitas que nublan al nuevo día. Le sucede sobre todo los lunes, cuando la incertidumbre de la semana que empieza parece insoportable.

Justo uno de esos días le llega un video por casualidad: una pequeña de unos diez años está parada al borde de una rampa de skate con todo y su patineta. Viste una playera holgada, pantalones de mezclilla, un casco en tonos de morado y rosa, y un par de rodilleras que lucen demasiado grandes en su frágil cuerpo. Ella no se mueve, solo observa al vacío que se extiende ante sus ojos, temerosa. Frente a ella, al final de la rampa, un hombre delgado vestido de negro la observa y la alienta.

—No te inclines hacia mí, síguete derecho. Esa es la clave.

Él no es un hombre cualquiera. Se trata de Tony Hawk, quizás el más grande skater que haya pisado jamás la faz de la Tierra. La niña es su pequeña hija Kadence Klover Hawk quien intenta lanzarse por primera vez al vacío en una patineta. Y aunque tenga al mejor maestro que alguien pudiera imaginar, dar el paso requiere de valor, de determinación.

Kadence asume la posición para lanzarse, pero después duda y regresa ambos pies a la plataforma. El miedo la domina. La niña le hace una seña a su padre para que se coloque justo enfrente de ella, buscando aferrarse algo que le pueda dar seguridad. Tony Hawk no solo la obedece, sino que se acerca a la rampa para tomar su mano. Luego se aleja de nuevo y durante 25 largos segundos, solo observa.

Ese es el momento en el que ella realmente debe de vencer al miedo. Igual que cualquiera de nosotros. Es el instante en el que estamos parados ante el vacío, preparados para dar el brinco hacia lo desconocido, cuando más podemos dudar de nosotros mismos. La voz de la razón nos susurra que lo que estamos por hacer es irracional y peligroso. Que nuestra idea no tiene sentido. Que si seguimos adelante nos caeremos, nos quebraremos y después no podremos levantarnos. Esos 25 segundos de duda en la vida de Kadence son los que nos mueven una vez que ella, determinada, cambia el peso al pie que descansa en la patineta y se lanza al vacío. Al ver la acción, Tony Hawk se quita y deja que ella siga sola e independiente el pequeño trayecto que marcará su vida.

La niña no se cae. Una vez que ha iniciado el movimiento avanza solita y la inercia se encarga de hacer todo lo demás. Su padre grita y aplaude, quizás más emocionado que el día que logró hacer el 900 (un arriesgado giro aéreo de 2 ½ revoluciones) por primera vez en la historia del skate en la edición de los X Games de 1999 tras diez intentos fallidos.

En ese pequeño gran paso de Kadence hay una lección para cada uno de nosotros. Porque, aunque hayamos pasado por situaciones similares cientos de veces, cada vez que estamos ante un proyecto desconocido, un reto que luce mayúsculo o un problema que aparentemente no tiene solución, volvemos a sentir miedo, nos congelamos y no saltamos. Pero la hazaña que observamos en el video nos recuerda que la única manera de saber qué hay al final de un nuevo día, de un complejo proyecto o de esa idea de emprendimiento en la que nadie más cree, es armarnos de valor y como la pequeña Kadence Klover Hawk, equipados con casco y rodilleras, simplemente lanzarnos al vacío.

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