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Fraude

Elizabeth Holmes, Theranos y el mito de la emprendedora glamorosa

La cruda verdad sobre la flexibilidad empresarial y la búsqueda de la fama y la fortuna.
Elizabeth Holmes, Theranos y el mito de la emprendedora glamorosa
Crédito: Bloomberg | Getty Images
Guest Writer
Entrepreneur; Founder and CEO, JotForm
8 min read
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Parece que últimamente todo el mundo está hablando de Theranos. La difunta compañía de tecnología de la salud fue diseccionada en un libro escrito por John Carreyrou, en un podcast de ABC News, en un episodio de Nightline, y en un documental de HBO. También se está filmando una película en la que Jennifer Lawrence interpretará a Elizabeth Holmes, la enigmática fundadora de Theranos que actualmente enfrenta una demanda por fraude que la hará pasar 20 años en la cárcel.

La historia de Theranos es fascinante y estresante a partes iguales. Cuando la empresa llegó a su máximo y fue valuada en $9 mil millones de dólares, Holmes se convirtió en una celebridad del mundo emprendedor. Salió en portadas de revistas y en las listas de las mujeres más ricas del mundo. Era indiscutiblemente famosa. El crecimiento y caída de la empresa son un cuento complejo, pero si dejamos los detalles de lado, hay un tema que queda claro: nuestra cultura está obsesionada con Silicon Valley.

A principios de siglo, fundadores como Mark Zuckerberg y Jeff Bezos salieron de detrás de sus computadoras y pasaron a estar en los reflectores. De repente, el emprendimiento era cool y vivir como empleado era mal visto. Hubo un discurso emergente, sobre todo entre los millennials, en el que trabajar para una empresa, en lugar de trabajar para ti mismo, significaba ser básico y sin motivación.

Millones de personas sueñan con crear el próximo Facebook, Trello o Airbnb, y se imaginan fortuna, fama, libertad y exposición pública. Sin embargo, lograr vender tu empresa por miles de millones de dólares es la excepción, no la regla. Es algo que le pasa a un selecto grupo de emprendedores como Flipkart, Glassdoor o Marketo. Por eso es momento de hablar del costo real del emprendimiento y del daño que mantras como “haz ruido hasta que los haters te pidan que los contrates” puede hacernos.

El atractivo de soñar con una startup brillante

Ser emprendedor no es un objetivo mal enfocado, ni de cerca. Yo empecé mi empresa, JotForm, hace 13 años después de trabajar para una agencia de medios en Nueva York. Actualmente le damos servicio a 4.4 millones de usuarios y tengo más de 130 empleados. No me arrepiento del camino que elegí, pero es una opción más entre muchas.

Igual que la idea de entrar a una gran empresa o de tener una carrera estable como empleado no es un mal sueño. Y definitivamente no significa que no tengas imaginación o motivación. Mi amiga Sarah ha trabajado en una empresa de tecnología por más de 10 años. Empezó como vendedora junior y ha ido escalando hasta tener un puesto directivo.

Sarah tiene un muy buen sueldo, disfruta trabajar con su equipo, cree en la misión de la empresa, y tiene las tardes libres, así como los fines de semana y vacaciones pagadas, además de tiempo para disfrutar de su deporte favorito, el ciclismo. Sarah viaja y gana bonos increíbles. Mientras tanto, sus colegas emprendedores pasan todo su tiempo “libre” trabajando. Ella respeta su sueños emprendedores, pero ama su trabajo y su vida.

El emprendimiento no siempre es la clave de la felicidad

Claramente, no todos tienen una experiencia como la de Sarah siendo empleados. Trabajar de 9 a 6 suele ser agotador, y mucha gente trabaja de más y gana muy poco. Una diferencia clave entre empleados y emprendedores es el énfasis puesto en el destino final. Los fundadores suelen estar tan obsesionados con un objetivo final que experimentan lo que los psicólogos llaman “ilusión de enfoque”, un prejuicio cognitivo que sobre enfatiza los efectos de un evento en el futuro.

Esta ilusión también podría ser llamada “Seré feliz cuando…” Esto puede llevarnos a buscar grandes cambios, como mudarnos a una nueva ciudad, empezar un negocio, o incluso conocer al indicado. Pero como dice Amie M. Gordon en Psichology Today, “debemos tener cuidado con las decisiones que alteran nuestra vida. Seguro que podrías conseguir una casa más grande en otra ciudad, pero si eso significa que vas a pasar más horas en el tráfico, ¿vale la pena? ¿Vas a ser realmente feliz si te mudas de estado, cuando esto implica dejar a tu familia?”

Cuando crees que un cambio o un logro transformará tu vida en un cuento de hadas, esa es la ilusión de enfoque. Se relaciona de cerca con el concepto del “síndrome post-maratón”. Este es un estado mental bien documentado de tristeza, depresión y desmotivación que aparece tras haber logrado un gran objetivo, como correr un maratón. Y hago énfasis en ambos prejuicios cognitivos porque son reacciones humanas naturales. En algún momento, todos hemos imaginado una vida más feliz y brillante que está a la vuelta de la esquina.

Hablando con honestidad del mito de la fama y la fortuna de las startups

Los emprendedores están particularmente predispuestos al pensamiento de “Seré feliz cuando…”. Todos se cuentan historias complejas sobre lo que implicará dirigir su propia empresa… Hasta que les toca vivir la realidad de un fundador. Muchos se dicen que serán felices cuando logren los objetivos míticos del emprendimiento, como riqueza, flexibilidad y fama.

Basándome en mi propia experiencia, estos “premios” rara vez se logran en el mundo emprendedor. Empecemos con la flexibilidad. Los fundadores suelen ser responsables de administrar, contratar, conseguir fondos, hacer estrategias, y de estar preocupados todo el tiempo. Puede ser que no tengan que checar su entrada y salida, pero muchos trabajan todo el tiempo. Hasta ahí llegó su flexibilidad.

Luego está la fortuna. Por cada historia de éxito modesto en el mundo emprendedor, hay cientos de historias de fracasos que no llegan a las noticias (y algunas que sí, como Theranos). Los gurús de los negocios suelen disfrazar el fracaso de glamour con citas como “si no estás fracasando no estás innovando”, pero la realidad es que el agotamiento es todo menos poético. Endeudarte hasta las cejas puede tener efectos devastadores a largo plazo. Y en el mundo de las startups diría que la acumulación de riqueza es la excepción, no la regla.

Según un estudio de Career Explorer, el emprendedor promedio en Estados Unidos gana unos $5 dólares la hora cuando va empezando. Los emprendedores ya establecidos ganan $62 dólares. El primer escenario te pondría por debajo del salario mínimo y el segundo, aunque te da suficiente dinero, no es una vida de lujos y aviones privados.

Y luego está el sueño de la fama. Los emprendedores como Elon Musk y Arianna Huffington tienen nombres importantes, pero la mayoría de los fundadores permanecen en la sombra, y honestamente, no es un mal lugar para estar. Trabajar tranquilamente por una pasión en armonía, la experiencia de sentirte alineado, en control, y bueno en tu trabajo, puede darte más libertad para arriesgarte y poner las reglas. Por ejemplo, yo elijo pasar unas cuantas semanas al año con mi familia recolectando uvas.

Elige tu propia aventura

Iniciar un negocio no es para todos. El hecho de que sea algo admirable o que tus amigos hablen sin control sobre el estilo de vida emprendedor no quiere decir que no haya otras formas de buscar una carrera satisfactoria y lucrativa.

Si lo que quieres es flexibilidad, busca trabajar para una empresa remota. Si lo que quieres es fortuna, puedes ganar mucho dinero en bienes raíces, haciendo inversiones y en muchos otros campos laborales. No hay nada malo con tener estos objetivos, pero como nos demostraron Theranos y Holmes, el emprendimiento no es la forma más fácil de lograrlos, ni de mantenerlos.

Antes de arrancar un negocio (o de entrar a una empresa, en todo caso) es importante que sepas lo que realmente te hará feliz. Si el emprendiendo sigue siendo la elección correcta, hazlo. Sé realista con lo que te hará sentir satisfecho, y luego búscalo con la mente clara y una determinación férrea.

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